
Odontología especial para pacientes especiales
La realiza un equipo multidisciplinario, porque la mayoría sufre también trastornos mentales, lo que dificulta la tarea
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Julia Maidana tiene 26 años y sufre de síndrome de Williams, una enfermedad genética que presenta retardo mental, intensa ciclotimia y -extraño síntoma- una atracción irresistible por la música. "Cuando la doctora termine de atenderme me voy a un baile de mi escuela, porque ahora estoy más linda..., dice sonriente. ¡Estoy recontenta de estar acá!"
Acá es la Clínica de Atención a Personas con Discapacidad que funciona en la Asociación Odontológica Argentina y cuya labor es poco conocida. "Los pacientes llegan derivados por otros profesionales, pediatras, neurólogos, que sí conocen nuestra tarea -explica la doctora Ana María Bianchi, odontóloga y jefa del servicio-. Y también los mismos pacientes, en las escuelas a las que concurren, se pasan el dato unos a otros", agrega la doctora Nilda Nóbile, odontopediatra e integrante del equipo. En todo el país no pasan de treinta los profesionales que se dedican a esta importante tarea y, como especialidad académica, la atención a discapacitados está reconocida únicamente en Mendoza.
La mayoría de los pacientes que concurren a la clínica de la AOA presenta patologías graves, especialmente discapacidades motoras y/o retrasos mentales asociados con trastornos como autismo, psicosis, etc. En cuanto a la técnica empleada, la única diferencia son unos tacos de goma que colocan en la boca de aquellos pacientes que tienen movimientos de mordida involuntarios y pueden lastimarse o lastimar, como sucede con los paralíticos cerebrales.
Pero el rasgo diferencial radica en el estilo de atención y de abordaje. Según los integrantes del equipo, la mayor dificultad por sortear, y que es tal vez el motivo por el que estos pacientes no puedan ser atendidos en otros lados, "pasa por los sentimientos del profesional. Manejar esas emociones muy fuertes es todo un trabajo", asegura Bianchi.
De ese trabajo se encargan los dos psicólogos que integran el equipo, que además de estar presentes durante las tres horas de atención, conversar con pacientes y familiares, se reúnen después con los odontólogos para hacer la necesaria catarsis.
Mitos e integración
Los prejuicios han sido la causa de que en muchos pacientes afectados por patologías deformantes o psiquiátricas gravísimas que requerían atención urgente y compleja los dientes fueran la preocupación menor. "Total, igual los va a perder", se creía. Muchas veces ni se los llevaba al dentista, para evitarles una inútil "tortura más".
Pero los problemas odontológicos no son inherentes a la patología. "Es un mito que rodea la discapacidad -explica Bianchi-. La boca se deteriora por ciertos hábitos y conductas." Por ejemplo, a los chicos con patologías motoras puede resultarles complicado tragar o masticar cosas duras. Otras veces depende de la postura. "Un chico poco estimulado, que está siempre en una posición laxa, con la mandíbula baja, tendrá deformidad en la oclusión, maxilares atrofiados, que no son consecuencia del síndrome, sino de la postura -asegura-. Pero como hay tantas cosas que resolver, esto va quedando relegado. Y cuando llegan acá, a los quince años, no saben morder y tienen los dientes encimados."
Otra de las dificultades en la atención es el tema del abordaje. "Tienen cuarenta años, pero parecen de diez. ¿Debemos tratarlos como chicos o como adultos? -se pregunta Laura Ramos, una de las psicólogas-. Y también está el tema de la sexualidad, que en un discapacitado es muy particular", reconoce.
Los papás o cuidadores de los pacientes son un pilar fundamental en el éxito del tratamiento y su participación se torna imprescindible en el manejo de la dieta y la higiene. "Frecuentemente, cuando un chiquito no come se le da cualquier cosa -dice Bianchi-. Pero la condescendencia puede causarle otros sufrimientos mayores."
Ciertas teorías en el campo de la rehabilitación pueden causar estragos en la boca. "Por ejemplo, la del estímulo respuesta -explica la licenciada Ramos-: hacés tal ejercicio bien y te doy un chocolate." El cuadro se complica con la falta de higiene bucal, porque no saben cómo hacerlo o porque el paciente se opone. "A veces -ilustra la doctora Nóbile-, los papás les cepillan la boca y las encías sangran: creen que los están lastimando, se asustan y no los cepillan más."
Con el fin de ayudar a los padres a establecer pautas de higiene en la casa, de acuerdo con la patología de que se trate, los profesionales facilitan recursos, como el uso del cepillo eléctrico, engrosar el mango del cepillo con el mango de la bicicleta, cinta adhesiva o plastilina, para mejorar el agarre. Y también entrenan a los papás, porque muchos pacientes no pueden cepillarse solos. Pero por supuesto que lo primordial es lograr que tanto los padres como los pacientes establezcan un vínculo de confianza con el profesional. Esto hace que, a veces, una sesión pueda transcurrir sin que se efectúe nada concreto , ya que, como explica la doctora Nóbile, "no hay recetas para lograr un buen vínculo".
Además, muchos de estos pacientes portan recuerdos traumáticos de su contacto con el odontólogo. "Cuando son chiquitos se los atiende por la fuerza porque es fácil sostenerlos. A partir de la adolescencia es imposible y dejan de atenderse o llegan a nosotros -cuenta Nóbile-. Y entonces tenemos que partir desde una historia negativa y revertirla. Están asustados y los padres también."
Es indudable que no sólo los pacientes son especiales aquí: los profesionales también lo son. "Lo que más me impacta es el amor que hay -dice la doctora Nóbile-. Al principio es muy difícil llegar, pero una vez que lo lograste, el ida y vuelta es increíble."
Innovaciones terapéuticas
"¡Qué bien lo hacemos!", fue la sensación que trajo desde Madrid la doctora Bianchi, después de haber participado en el XV Congreso Internacional de la Atención de la Discapacidad. El equipo argentino había presentado una investigación acerca de cómo disminuir la enfermedad periodontal, que en estos pacientes es altísima, entre otras cosas porque "la persona que cuida a estos pacientes tiene un millón de cosas que hacer -explica la doctora Zamora-, y es inútil insistir en el cepillado cuatro veces por día". El equipo decidió implementar el uso de un gel sobre la base de fluorexidina , que no se había utilizado antes en discapacidad. El gel se puede poner con el dedo en unos segundos, queda pegado sobre los dientes y actúa durante más tiempo. La estrategia dio resultado.
"Incluso en el ámbito de la salud se nota que somos latinos -comenta Bianchi con entusiasmo-: nos preocupan los sentimientos del otro." El 90% de los odontólogos mundiales especialistas en discapacidad que participaron en el congreso trabajan con anestesia general. "Todos se referían a la técnica; nosotros, además del resultado concreto -afirma-, tenemos como objetivo que una persona no necesite anestesia general para ser atendida."
El domicilio de la Asociación Odontológica Argentina está en Junín 959 y su teléfono es el (011) 4961-6062. El servicio atiende todos los viernes, de 14 a 17.
En la guardia
- Los especialistas del equipo de la Clínica de Discapacidad de la Asociación Odontológica Argentina sienten legítimo orgullo por los resultados de su trabajo. Al respecto, la doctora Nóbile relató que una de sus pacientes tuvo que recurrir inesperadamente a una guardia por un dolor agudo: "La mamá estaba feliz y agradecida, porque su hija se dejó atender sin problema por un odontólogo a quien nunca antes había visto", relató.
Técnica sin temores
Para los odontólogos que trabajan en el servicio para pacientes especiales de la Asociación Odontológica Argentina es tan importante tratar sus dientes como realizar todas sus prácticas sin atemorizarlos y respetando su dignidad y necesidades.
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