
Pintura y escultura, entre átomos
El Centro Atómico Constituyentes exhibe 300 obras de autores argentinos.
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Muchas de las más significativas obras de los artistas de nuestro "aquí y ahora" no se exponen en el Museo de Bellas Artes, sino en los austeros corredores del Centro Atómico Constituyentes (CAC), un edificio de rara belleza pegado a la avenida General Paz donde alrededor de 800 científicos trabajan en temas relacionados con la investigación nuclear y biomédica. El arte y la ciencia se entrelazan allí silenciosa y mágicamente.
Un hombre perseverante
Se trata de la exposición permanente y pública reunida por un "connaisseur" de arte e investigador, el doctor Alberto Maroto, experto en química de reactores nucleares de la Comisión Nacional de Energía Atómica.
Desde muy chico, junto a su padre, Maroto frecuentó en sus ateliers a artistas plásticos de los ´50, ´60 y ´70 que hoy son leyenda, como Carpani, Campanella, Badii, Presas, Cogorno o Dowek. Fue amigo de casi todos ellos. Ahora, forman parte de la muestra junto a los de la generación de los ´90.
La vida empujó a Maroto muy lejos del arte. Durante décadas fue uno de los hombres clave del Programa Nuclear. A principios de los ´90 decidió que al edificio del Centro Atómico Constituyentes -una obra arquitectónica notable- le faltaba algo: arte argentino.
Lo remedió con dos cosas que a él le sobran: contactos y obstinación. No fue con otro capital que con el puñado de físicos y químicos capitaneados por Jorge Sábato (con quien trabajó), el hombre que impulsó hace 50 años en este país agropecuario la idea de construir un proyecto de alta tecnología, como el nuclear, que luego sería el más importante de todo el Tercer Mundo, después del de la India.
El lugar de los popes
En algunos casos no fue bien recibido, pero su capacidad de volver sobre el tema y la belleza del edificio convencieron a muchos notables: valía la pena exponer una obra en ese lugar.
Trabajando sábados y domingos, Maroto visitó uno por uno a todos sus amigos y conocidos del mundo de la plástica y les pidió obras para el Centro Atómico Constituyentes.
Los popes se fueron sumando hasta que, de pronto, los corredores del edificio se llenaron de decenas y luego centenares de obras. Hoy, aunque el edificio es enorme, las paredes vacías son cada vez más escasas.
Arte y ciencia
La muestra y el lugar componen una exposición viva. Se puede estar mirando un Campanella perfecto, mientras, a metros, en un laboratorio atestado de libros, jaulas de cobayos y aparatos un puñado de investigadores jóvenes y viejos prepara los protocolos de una experiencia revolucionaria en la lucha contra el peor cáncer de cerebro, el glioblastoma multiforme. Y eso sucede mientras en otro laboratorio un grupo de físicos puros prepara un experimento para interceptar "el viento galáctico" en una caverna bajo los Andes, y descubrir así de qué está hecha la "materia oscura" que constituye el 90 por ciento de la masa del universo.
Así es: en el Centro Atómico Constituyentes, dedicado a la ciencia, se puede ver arte fundamental, mientras alrededor suceden cosas igualmente fundamentales. El resultado es un panorama de la mejor pintura y escultura de nuestro país.
En la exposición se respiran esas viejas verdades del Renacimiento, se palpa la certeza de que arte y ciencia pueden ser lo mismo: investigación sobre la vida. Se entiende por qué, intuitivamente, todo buen científico es un poco artista... y viceversa.
La muestra se puede visitar en General Paz y avenida de los Constituyentes, localidad de San Martín, a metros de la ciudad de Buenos Aires.
Las puertas están abiertas al público de lunes a viernes entre las 9.30 y las a 17.30 horas.
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