
Plantas que saben cuándo crecer
Rodolfo Sánchez, de la UBA, descubrió mecanismos lumínicos que influyen en su desarrollo
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Cómo afecta a las plantas, en términos de crecimiento y desarrollo, la presencia cercana de congéneres y cómo hacen los vegetales para percibir la presencia de sus vecinos. Las respuestas a estas preguntas dilucidadas por el doctor Rodolfo Sánchez, especialista en ecofisiología vegetal, son en gran medida las que lo han hecho merecedor del Premio Fundación Bunge y Born 2002, que recibirá hoy en el Museo Nacional de Arte Decorativo.
Los estudios realizados por este ingeniero agrónomo de 63 años, profesor titular de Fisiología Vegetal de la Facultad de Agronomía de la UBA y director del Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas con la Agricultura, han modificado profundamente la forma de interpretar cómo las plantas responden a la luz y qué significado tienen esas respuestas para su crecimiento.
Y aunque el doctor Sánchez ha desarrollado sus investigaciones en busca de conocimiento básico, no caben dudas de que sus teorías tendrán implicancias para la ciencia aplicada. "Creo que las plantas autolimitan su rendimiento, son más conservadoras de lo que deberían -comentó a LA NACION este investigador-. Si uno lograra modificar sus sistemas de control, podría lograr una mayor producción."
Plantas "con coronita"
En su primer trabajo de investigación -el que le permitió graduarse como ingeniero agrónomo-, Sánchez debió enfrentarse a la pregunta por los requerimientos de luz de las semillas a la hora de germinar. Desde entonces, la luz estaría presente en casi todos sus estudios.
"Me asombró descubrir que las semillas, enterradas a profundidades de entre 2 y 4 centímetros, respondían a determinadas relaciones entre distintas partes del espectro de la luz que se modifican con la presencia de otros vegetales en el entorno -recuerda Sánchez-. El rojo desactivaba los fitocromos , pigmentos que desencadenan cambios sustanciales, mientras que el rojo lejano (invisible para los humanos) lo activaba."
El siguiente paso fue ver cómo incidía una alteración en la relación rojo-rojo lejano en la producción de macollos (nuevas ramificaciones) de plantas forrajeras. Para dilucidarlo, Sánchez ideó un experimento bastante original: "Armamos unas coronitas con diodos emisores de luz roja para colocar en la base de las matas y las colocamos en un pastizal de El Salado".
¿Resultado? Las plantas con coronita, que recibían luz roja que activaba los fitocromos, desarrollaron más macollos.
"Por primera vez demostramos que modificando la calidad de la luz que llega a la base de las matas se podía modificar la producción de macollos y que ese mecanismo es una parte de la percepción de la densidad poblacional de las plantas -afirma Sánchez-. Esto fue importante porque hasta ese momento se pensaba que la única razón por la cual la densidad afectaba el desarrollo era por la disponibilidad de luz para la fotosíntesis o de nutrientes."
Pero para este investigador el hallazgo tuvo otras implicancias. "Nos empezamos a dar cuenta de que las plantas tienen mecanismos de regulación que las hacen administrar sus recursos de una forma muy conservadora -dice-. Creo que las plantas cultivadas, a pesar de la selección y el mejoramiento, aún están calibradas como si fueran plantas silvestres; no han asimilado que alguien las va a regar, las va a fertilizar y va a matar a los bichos que las atacan."
Transgénicos se necesitan
Trabajos de investigación posteriores realizados por Sánchez y sus colegas -"todos mis trabajos han sido realizados en colaboración con otros", aclara- con girasol le permitieron "demostrar que en algunos casos las respuestas de las plantas a los cambios en la luz producidos por sus vecinas pueden afectar el rendimiento, lo que abre la posibilidad de aumentar la productividad modificando la respuesta a la luz de las plantas que crecen en medios densos de cultivo".
La necesidad de modificar la respuesta a la luz y no la luz empleada en los cultivos es clara: "Cambiar la luz de 5000 hectáreas de trigo es imposible, lo que sí se puede hacer es cambiar las plantas", afirma el doctor Sánchez.
Para este ingeniero agrónomo, la respuesta está en los transgénicos, y en ese sentido se dirigen algunos de sus actuales trabajos de investigación.
Semillero
- Dos cosas, entre otras, vinculan a los ingenieros agrónomos Lorenzo Parodi y Alberto Soriano: ambos recibieron el Premio Fundación Bunge y Born de agronomía y fueron profesores de Rodolfo Sánchez. "Es una carga muy pesada recibir este premio que recibieron personalidades tan sobresalientes como Parodi y Soriano -dice, con humildad-, es una comparación en la que uno pierde."






