Polémica: los chicos podrán tomar Prozac
Es un antidepresivo conocido como la “droga de la felicidad”
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Hace muy pocos días, la Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) aprobó un conocido medicamento para tratar la depresión y otros males psíquicos en los niños. Se trata de la fluoxetina, que bajo el nombre de Prozac e indicada para adultos recorrió el mundo entero durante los años 90, rotulada como “la píldora de la felicidad”.
Precedida de esa fama, la fluoxetina adquiere ahora permiso formal para ingresar en el mundo del psiquismo infantil, donde –por lo visto– tampoco faltan las lágrimas.
“La cultura occidental propone atravesar rápidamente las emociones, a menudo restándoles importancia, y el patrón adictivo del psicofármaco asegura esa supuesta felicidad inmediata. Pero la felicidad no se logra mediante ninguna droga. Ni entre grandes, ni entre chicos”, afirma la doctora Mónica Oliver, secretaria a cargo del Comité de Salud Mental de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), médica especialista en psiquiatría infantil y psicoanalista de niños.
En realidad, para la doctora Oliver, al igual que para sus colegas, la utilización de la fluoxetina en casos de depresión infantil severa, trastorno obsesivo compulsivo (TOC), bulimia y otros problemas de salud mental entre los niños (ver infografía) no es, por cierto, una novedad.
"Se usa en nuestro país y en otros hace varios años, porque numerosos estudios demostraron su eficiencia terapéutica, su fácil administración y sus pocos efectos secundarios -añade la especialista-. Sin embargo, la administración de psicofármacos se realiza únicamente cuando el niño presenta una alteración severa con repercusión negativa en su vida cotidiana. Pero el psicofármaco sólo se usa para aliviar el sufrimiento sintomático y ayudar a que el niño se comunique y piense. De ninguna manera reemplaza un tratamiento psicoterapéutico que tiene que ser precedido de un diagnóstico diferencial muy cuidadoso y de un cuidadoso seguimiento."
Menores de 20
El doctor Héctor Basile, presidente de la Asociación Argentina de Psiquiatría Infanto-Juvenil (AAPI), indica que, según las definiciones del DSM IV, el Manual Diagnóstico y Estadístico de la Asociación Psiquiátrica Americana, y aplicado sobre la población argentina menor de 20 años (unos 15 millones), el trastorno depresivo mayor afecta entre el 1 y el 2% de esa franja etaria (de 150.000 a 300.000), en tanto los trastornos bipolares (depresión y manía), a una proporción que oscila entre el 0,24% y el 1,2% (36.000 a 180.000) y el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) a un porcentaje que va desde el 0,3% al 1,9%, entre 45.000 y 285.000 niños, púberes y adolescentes.
El psiquiatra aclara que la FDA aprueba la droga "en el caso de la depresión mayor, desde los 8 años, y TOC, a partir de los 7. En los últimos años se investiga el proceso de aparición y codificación del funcionamiento de los neurotransmisores, y se sabe que a partir de esas edades su maduración y desarrollo están bastante estabilizados. Por eso, la medicación no puede producir daños."
Tanto Basile como Oliver coincidieron en que un solo estudio señaló la disminución de crecimiento en peso y estatura de los chicos que consumían la droga, "pero ningún otro lo confirmó", afirmaron.
La fluoxetina, concretamente, es un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS), un neurotransmisor cuya falta se asocia con la depresión y otros trastornos. Lo que los ISRS logran es modificar la composición de cromosomas de las neuronas en aquellas partes no genéticas, sino conductoras del metabolismo celular.
El presidente de la entidad de psiquiatras infantojuveniles dice que desde mediados de la década del 80 -cuando el Prozac hizo su entrada en el mercado farmacológico-, los profesionales decidieron indicarlo a niños y jóvenes, porque si bien la FDA lo autorizó formalmente hace pocos días, antes no existía una contraindicación, sino la carencia de un aval que ahora sí existe.
"Hay que poner el acento en la psiquiatría preventiva -dice Basile-. Por eso puede justificarse perfectamente medicar a un niño con un severo cuadro depresivo y riesgo suicida o con un trastorno obsesivo que lo mantenga pendiente de contar baldosas o de ir a lavarse las manos decenas de veces, para evitar una infancia de muy mala calidad de vida o cuadros más graves en la adultez, que podrían haberse prevenido."
Síntomas y trastornos
Claro que el fármaco, tampoco para el doctor Basile, consiste en una píldora mágica. Ni mucho menos. "Un chico puede estar triste porque murió su mascota, o su abuelito, y podemos acompañar esa tristeza con juegos, terapias, grupos de actividades -explica-. Pero si persiste puede existir la necesidad de una tratamiento más profundo, acompañado de medicación para que el niño esté en mejores condiciones de aprovechar la psicoterapia. Si un paciente está tan deprimido que no puede dialogar, integrarse, jugar, si no llega a nada, no podemos intervenir terapéuticamente."
A la hora del diagnóstico, el doctor Basile recomienda estudiar atentamente un síntoma cardinal de la depresión infantil: la irritabilidad. "Ocurre -explica- que otro trastorno frecuente entre los chicos, la hiperactividad con déficit de atención, se manifiesta también con irritabilidad. Pero el gran problema es que se medica con una sustancia llamada ritalina, un derivado anfetamínico. Y si el niño depresivo es confundido con un hiperactivo y recibe ritalina, en realidad empeorará."
Para el doctor Juan Vasen, psicoanalista especialista en psiquiatría infantil y ex docente de Farmacología de la UBA, el problema que plantea la autorización formal de la FDA "no se vincula con posibles toxicidades, sino con considerar la tristeza, la falta de disfrute o el insomnio no como síntomas sino como cuadros y, por ende, receptores de una medicación específica y curativa, cuando en realidad la cuestión no es así".
El tiempo de tratamiento no tiene calendario fijo: depende de cada caso pero el paciente y su familia demandan un cercano seguimiento, "aunque el chico esté dado de alta farmacológicamente", añade Basile.
¿Quién debe recetar un psicofármaco? "Un psiquiatra infantil -coinciden- que, junto con los psicólogos y otros profesionales, puede hacer un diagnóstico diferencial de las patologías posibles de tratar con este tipo de drogas."
En los EE.UU. están alarmados
Entre 1987 y 1996, aumentó a más del doble el número de chicos y adolescentes en los Estados Unidos que recibió drogas psiquiátricas. La información, publicada ayer por The New York Times, afirma que los más populares son los estimulantes (como ritalina) y los antidepresivos (como fluoxetina).
Se señala que los nuevos conocimientos permitieron un mejor manejo de niños muy problemáticos, pero que hay pocas investigaciones acerca de si la medicación está o no sobreindicada. Este fenómeno se vincula con que los seguros de salud no pagan psicoterapias u otras alternativas no medicamentosas.
Respecto de la reciente autorización de la FDA, el artículo afirma que no se conocen todavía los efectos de ésta y otras drogas sobre el cerebro, administradas antes de la pubertad. El doctor James Leckman, profesor de la Escuela de Yale, comenta preocupado que en ausencia de otros estudios sobre animales, “estamos haciendo estos experimentos, más o menos, con nuestros chicos”.
En tanto, Julie M. Zito, de la Universidad de Maryland afirmó que el desafío consiste en “establecer cuándo son necesarias las drogas, cuáles son sus dosis, la duración en que deben administrarse y los riesgos”.



