Qué esperan los científicos del próximo gobierno

Andrea Gamarnik, Fernando Stefani, Raquel Chan, Jorge Aliaga, Lucila DUrso y Gabriel Rabinovich
Andrea Gamarnik, Fernando Stefani, Raquel Chan, Jorge Aliaga, Lucila DUrso y Gabriel Rabinovich
La mayoría coincide en que es urgente superar el retraso para tener un nivel competitivo, pero también en que es necesario acoplar el sistema con la actividad productiva y otros sectores
Nora Bär
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9 de diciembre de 2019  

En pocas horas, el nuevo ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, Roberto Salvarezza, deberá enfrentar un desafío complejo. "De cada 100 pesos que había para ciencia y tecnología en 2015, hoy quedan 70 -afirma Jorge Aliaga, exsubsecretario de Evaluación Institucional del Mincyt-, en los fondos de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, quedan 65, y para financiar el resto de los programas del Mincyt, solo 30". Esto explica que una de las demandas urgentes de los investigadores sea la actualización de subsidios y la recuperación de los salarios.

"Hay que recomponer sueldos de investigadores y personal de apoyo. Los de los becarios están en la línea de pobreza -destaca Gabriel Rabinovich, inmunólogo del Instituto de Biología y Medicina Experimental (Ibyme)-. Y es preciso actualizar los montos de los subsidios para hacer una ciencia de mayor impacto".

"Es imprescindible reconstruir los salarios, actualizar los presupuestos de funcionamiento de los institutos y los subsidios de investigación para que se reactiven los proyectos congelados", coincide Andrea Gamarnik, directora del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires, del Conicet y el Instituto Leloir.

"La primera tarea es comenzar a recomponer el sistema", agrega Fernando Goldbaum, investigador superior del Conicet también en la Fundación Instituto Leloir. Y afirma Daniel Salamone, investigador del Conicet y expresidente de la Sociedad Internacional de Tecnología Embrionaria: "Los subsidios deberían permitir comprar equipos".

Sin embargo, el diálogo con figuras destacadas de distintas disciplinas indica que el problema económico no es el único que los desvela. También advierten que es importante salvar errores cometidos en otras gestiones y aprovechar la restitución del Ministerio para avanzar en la integración de la ciencia con las otras esferas de la vida nacional.

"Espero que la ciencia recupere el lugar que había empezado a ganar en la sociedad -comenta Raquel Chan, investigadora del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral, en Santa Fe, que desarrolló semillas resistentes a la sequía-. No me refiero solo al respeto por nuestra labor, sino a la comprensión de que la ciencia es el motor del desarrollo. Si bien muchas de las cosas que hacemos parecen no ser claramente 'útiles', la mayoría lo son en una sociedad que requiere comprender tanto lo que se hace y se desarrolla, como lo que hacen en otros países".

Chan espera que se aumente el porcentaje del PBI destinado a ciencia y tecnología. "Ese dinero debería ser muy bien invertido. Es necesario que la definición de cuáles son los temas que el país quiere desarrollar se discuta con otros ministerios y con el sector privado", agrega. Esta visión exige introducir cambios en la arquitectura del sistema científico, opinan varios.

Cambios estructurales

"El Ministerio debería articular a todos los actores del sistema científico/tecnológico nacional, incluyendo el INTA, el INTI, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la Comisión Nacional de Actividades Espaciales -afirma Sebastián Uchitel, investigador del Conicet y especialista en ingeniería de software-. Para mí, el anterior ministerio se centró demasiado en el Conicet e intentó que este fuera el principal articulador con el sistema productivo. Pero estas actividades, cuando se conciertan con las demás organizaciones, se potencian. Y lo mismo ocurre con respecto a organismos y empresas como Fabricaciones Militares, el Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa (Citedef), la Empresa Argentina de Soluciones Satelitales (Arsat), Trenes Argentinos, Tandanor...".

La articulación público-privada es una de las preocupaciones que con más insistencia reaparecen. "Es imprescindible vincular fuertemente la recomposición y el crecimiento del sector de CyT con las demandas de la sociedad, que deben ser diagnosticadas con precisión -dice Goldbaum-. El desafío de corto y mediano plazo es el crecimiento sostenido con desarrollo y equidad, y para eso se necesita ciencia de calidad. El Ministerio debe crear estructuras de transferencia tecnológica vinculadas con el sector privado, del tipo de las sociedades Fraunhofer, imitando el modelo alemán de ciencia de calidad al servicio de la competitividad del sistema productivo".

En ese sentido, Inés Camilloni, miembro del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, también subraya que "hay que dejar de lado la falsa opción entre ciencia básica y aplicada. La ciencia es única y a veces deriva en aplicaciones". Y agrega que le preocupa que el esfuerzo pueda sostenerse en el tiempo. "Hay que establecer una política de Estado para que el sector se mantenga a salvo de los cambios circunstanciales de gobiernos de diferentes ideologías", agrega.

"Espero que se implemente un plan a corto plazo y otro a largo plazo -detalla Gamarnik-. En forma inmediata, es necesario el salvataje del sector para revertir la desintegración del sistema científico. El objetivo es frenar la fuga de profesionales altamente capacitados. Al mismo tiempo, espero que se diagrame un verdadero Plan Nacional de Ciencia y Tecnología, que debería trascender el gobierno de turno con leyes que garanticen su ejecución".

Salamone pide agilizar la importación de equipos y reactivos, y que la investigación y la extensión sean tan importantes en las universidades como la docencia.

"En los próximos 10 años -afirma el físico Fernando Stefani, vicedirector del Centro de Investigaciones de Bionanotecnología del Conicet-, las políticas de CyT deberían mantener investigación de excelencia y enfocarse en la producción. Debemos diseñar y encarar nuestro proyecto de desarrollo, que convoque a todos los actores del país, cada uno con su aporte fundamental para construir un futuro mejor. Es posible".

Y Aliaga puntualiza: "El sector tendrá que aceptar que las soluciones serán lentas. Habrá que atacar los problemas que ya había en 2015: articular el sistema para que los organismos trabajen de manera complementaria (repensar el funcionamiento del Conicet con las universidades nacionales), determinar los sectores productivos estratégicos y orientar los organismos con finalidad específica (CNEA, INTA, INTI...) hacia ellos, creando los nuevos que sean necesarios para cubrir temas vacantes e impulsar empresas públicas en áreas necesarias para el desarrollo de cada región, al estilo Invap, que impulsen la creación de pymes de base tecnológica con capacidad de sustituir importaciones y exportar".

Capital humano

Para Héctor Laiz, gerente de Metrología y Calidad del Instituto Nacional de Tecnología Industrial, "Es de esperar que en los primeros años no haya muchos recursos, lo que hace aún más necesario priorizar lo que genere impacto rápido en la industria, particularmente en la generación de empleo y de divisas. Por otro lado, es necesario un mayor cuidado de los investigadores, que en mi opinión, son buenos pero no muy numerosos. No sólo desde lo salarial, sino con otro tipo de apoyos e incentivos".

Y para Vicente Campenni, gerente general de Invap, "se requiere establecer planes de desarrollo a largo plazo y el uso inteligente del poder de compra del Estado para satisfacer sus necesidades en materia de proyectos tecnológicos estratégicos y productivos usando capacidades desarrolladas en el país".

Entre otras aspiraciones, los investigadores también mencionan: "Generar mecanismos que permitan atraer a los jóvenes investigadores y becarios, y nuevos instrumentos de evaluación que generen mayor equidad y justicia" (Rabinovich); "Retomar los programas de alta tecnología, como el proyecto Arsat, que permite exportar productos con altísimo valor agregado" (Alejandro Schinder, neurocientífico del Instituto Leloir), y "fortalecer los programas de cooperación internacional" (Eduardo Arzt, director del Instituto de Investigación en Biomedicina de Buenos Aires).

Lucila D'Urso, becaria posdoctoral e integrante de Jóvenes Científicos Precarizados, demanda recomposición salarial y reconocimiento de derechos laborales. "Tiene que haber una valoración de nuestro trabajo cotidiano, porque la situación no da para más y en estas condiciones es muy difícil que los jóvenes científicos continuemos haciendo ciencia en el país", asegura.

Victoria Flexer, investigadora independiente del Conicet y docente de la Universidad de Jujuy, que volvió a la Argentina tras 12 años en el exterior para investigar en la tecnología de las baterías de litio, considera que es fundamental trabajar en cuatro ejes principales: aumento de presupuesto; disminución de trabas administrativas y burocráticas; que se aceleren, y simplifiquen los trámites de patentamiento y convenios con empresas; que se discuta seriamente cómo fomentar el desarrollo científico y tecnológico en el interior profundo.

"Es fundamental eliminar trabas administrativas, con especial énfasis en los que estamos lejos de Buenos Aires -destaca-. Es absurdo y costoso que nos pidan en 2019 enviar constantemente documentación firmada, ¡a veces por tres investigadores de provincias distintas! Son trámites que se podrían hacer por el sistema online que se usa con clave y es personal. Se incentiva supuestamente la cooperación con el medio productivo, pero hacerlo en la práctica es una pesadilla. En 2018 tardaron casi seis meses en contestarnos desde el Conicet si una serie de resultados era patentable, o no. Él área de patentes está tan desprovista de personal que quienes quedaron están sobrecargados de trabajo. Faltan vinculadores tecnológicos. Le gestión saliente dijo que queríamos que hiciéramos transferencia, pero jamás nos ayudaron a hacerla".

Carolina Mera, decana de la Facultad de Ciencias Sociales, prefiere enfocar otro aspecto: "Como parte del sistema de educación pública, la ciencia y las universidades producen cultura ciudadana, imprescindible para fortalecer la democracia y sus principios -afirma-. Tenemos que estar atentos a lo que pasa en la región y fortalecer las instituciones y la cultura democrática. También, es primordial recuperar la relación de estos ámbitos con las instancias de gobierno nacional, provinciales y municipales para poder activar y potenciar la capacidad creativa para contribuir a resolver problemas urgentes como la pobreza, el hambre, la violencia, el cuidado del ambiente, temas de salud, para nombrar solo algunos. Finalmente, las políticas científicas deben promover programas que fortalezcan la perspectiva de género para contribuir a procesos de conocimientos más ricos y complejos, indispensables para sociedades más justas e igualitarias".

Y concluye Gamarnik: "Contamos con un capital invalorable de recursos humanos altamente capacitados. Veo en nuestro entorno investigadores jóvenes ansiosos por trabajar para un país más justo y equitativo. Estoy convencida de que estamos listos para este gran desafío".

Por: Nora Bär
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