
Quieren detectar la marea roja con fotos satelitales
Evitaría intoxicaciones por mariscos
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MAR DEL PLATA.- Ahora que fue identificada por primera vez en el Mar Argentino una toxina presente en moluscos y mariscos que produce amnesia en los seres humanos, los científicos del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (Inidep) intentan anticipar la situación de riesgo de las mareas rojas a partir de un sistema de monitoreo por imágenes satelitales.
El proyecto, elevado para su financiación, aspira a lograr una detección pronta de las mareas rojas que permita evitar daños irreparables en los consumidores de frutos del mar.
El antecedente más dramático en este sentido data de 1987, cuando en Canadá se intoxicaron 105 personas que habían consumido mejillones con una elevada presencia de la toxina amnésica ( ácido domoico ). Tres de ellas fallecieron. Desde ese momento hubo una incansable labor científica para evitar que los casos se repitieran.
Nora Montoya, investigadora del Inidep, subrayó que de avanzar el proyecto de monitoreo de las costas argentinas mediante imágenes satelitales estarán "dando un paso importantísimo a la hora de prevenir intoxicaciones que de acuerdo con el grado de presencia de la toxina en el molusco puede derivar en muertes".
Los cambios de color que se dan en la superficie marina cuando hay una excesiva presencia de fitoplancton son fácilmente detectables por un satélite. "Son organismos microscópicos que crecen mucho -explicó Montoya- y sus pigmentos los hacen evidentes; por eso el nombre de marea roja que se da a este fenómeno."
El Inidep es el único organismo del país equipado y en condiciones de trabajar con la detección de Pseudonitzschia australis , tal como se denomina científicamente la especie de fitoplancton que produce la toxina amnésica.
Gentileza japonesa
Detectar la presencia de la toxina requiere tener un estándar de la misma para efectuar la comparación. Ese estándar lo obtuvo el investigador José Ignacio Carreto, director de este proyecto, a modo de obsequio de parte de un colega japonés. "Esto no se compra en las químicas, sino que se cede de un grupo de investigación a otro", aclaró el profesional.
Hasta esa instancia, la única alternativa que tenían a mano los científicos locales y del resto del mundo era el bioensayo: se les inyectaba extracto de mejillón a ratones de laboratorio. Los resultados eran interesantes, pero las verdades por rescatar no eran absolutas: "Cuando se trabaja con ácido domoico, los niveles de toxicidad para un ratón son muy pequeños y no se corresponden con los humanos", explicó Carreto.
El Inidep tiene una ventaja con respecto a otros centros: tres buques de investigación. Las embarcaciones con sus respectivos científicos a bordo realizan campañas en distintas zonas del Mar Argentino que permiten mantener un control constante de lo que ocurre en nuestras aguas.
Pero los científicos advierten que el anuncio de la detección de la toxina en el Mar Argentino no debe causar alarma entre los consumidores de mariscos y moluscos, ya que este avance ha llevado a que los organismos de control de alimentos tengan en cuenta la existencia de este nuevo visitante en los análisis a los que son sometidos los frutos de mar.
Sin antecedentes
La presencia de la toxina paralizante se hace notar en el organismo humano en cuestión de minutos. La amnésica, en cambio, se toma casi 24 horas para provocar los primeros síntomas: náuseas, vómitos, diarrea. "En el inicio se confunde con una intoxicación común", indicó Montoya.
Pero a las 48 horas la toxina empieza a demostrar su capacidad de dañar irreversiblemente las neuronas. Así, aparecen dolores de cabeza, mareos, convulsiones, pérdida de memoria y, en los casos más graves, se llega a un estado de coma con riesgo de muerte. "La pérdida de memoria -dijo Montoya- puede ser temporal o permanente, según la cantidad de toxina ingerida."
No hay antecedentes en el país de intoxicaciones con toxina amnésica. Sí, en cambio, de la paralizante. Cuatro integrantes de una familia murieron en 1985 tras recoger y comer mejillones en playa Magaña, Puerto Madryn, mientras regía la marea roja. Y un turista francés falleció en el verano 91/92 cuando en Ushuaia se registraba el récord mundial de presencia de toxina: 127.000 microgramos cada 100 gramos de tejido del molusco. Con tal concentración, un solo mejillón provocaba la muerte. Montoya y Carreto señalan que en sus trabajos actuales estudian distintas hipótesis para develar qué condiciones son las que favorecen el desarrollo de esta toxina y las formas de controlarla.
Carreto tiene su propia teoría a partir de la cual ya trabajan otros científicos de todo el mundo. Se inclina por una incidencia climática: la mayor presencia de la especie se da en primavera. "Sobre todo en zonas con poco viento y mucha radiación solar", explica.






