
Resurgen los frescos eróticos de la legendaria ciudad de Pompeya
Son ocho y adornan los muros de baños termales adonde acudían hombres y mujeres
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POMPEYA, Italia.- Hace quince años Luciana Jacobelli, joven arqueóloga, descubrió al realizar excavaciones en las afueras de los muros de la ciudad una sorprendente serie de frescos eróticos en un baño termal.
Ella asegura que más increíbles que las pinturas explícitas era la condición en que se encontraba la estructura de más de 2000 años de antigüedad, que aún está decorada con mosaicos trabajados y un notable estuco en el techo y hasta una catarata interna. Alguna vez en el lugar se reunían hombres y mujeres que flotaban en bañaderas de agua fría y caliente desde donde miraban al cielo y al mar.
Sin embargo, los frescos fueron la mayor sorpresa. Se restauraron recientemente y serán expuestos al público por primera vez el 19 de enero.
Los ocho frescos que perduran, pintados en oro, verde y rojo con el tono de la sangre seca, muestran escenas de varios actos sexuales.
Aún hoy, después de años de investigación, la doctora Jacobelli y el profesor Pietro G. Guzzo, encargado de velar por las ruinas arqueológicas de Pompeya, no se ponen de acuerdo acerca de qué significaban los frescos para los usuarios de los baños.
Guzzo asegura que eran claros avisos sobre los servicios que se brindaban en el piso de arriba. Pero Jacobelli no está para nada de acuerdo y sostiene que eran más para divertir que para estimular.
La arqueóloga, más animada y sofocada a medida que se acercaba a las ruinas, comenta que "a pesar de que las excavaciones comenzaron en la década del 50, cuando empezamos los trabajos, en 1985, todo lo que se podía ver era el piso superior", es decir, el que estaba sobre los baños y agrega que "todo lo demás estaba cubierto de polvo". La científica señaló el lugar por donde entró a los baños la primera vez, arrastrándose a través del techo "como un ratón", después de cavar varias capas de roca y ceniza volcánica.
Un antiguo spa
Los visitantes que recorrerán el legendario escenario a partir de enero, sin embargo, entrarán al spa a través de lo que alguna vez fueron los vestuarios. Allí es donde están los frescos.
Como cada fresco está numerado y cada número corresponde a la figura del ropero que se halla debajo de él, la teoría de Jacobelli es que las pinturas podrían haber servido de ayuda memoria para los concurrentes, que así podrían recordar mejor en qué lugar habían dejado sus ropas.
"He pensado mucho sobre esto" afirma. Finalmente, su búsqueda la llevó hasta Eva Cantarella, de la Universidad de Milán, que escribió mucho sobre la sexualidad en la antigüedad. Los datos que pudieron reunir la convencieron de que las pinturas tenían por finalidad la diversión. Como lo romanos veían al sexo como un acto agresivo, muchas de las secuencias representadas podrían haber sido consideradas más cómicas que eróticas.
El último de los frescos, que muestra a un hombre con testículos monstruosamente agrandados, es el argumento irrebatible de Jacobelli: "Este hombre tiene una enfermedad y los romanos no eran conocidos por ser compasivos. Acostumbraban a reírse de la gente con defectos físicos", dice.
En el piso superior había habitaciones, pero ninguna evidencia de que el lugar fuera usado como prostíbulo.
"Existe la mentalidad de ver las imágenes eróticas como sinónimo de burdel, pero esa es una idea demasiado limitada", aseguró al desechar la interpretación del director Guzzo. También publicitamos autos con mujeres desnudas-agregó-, pero eso no significa que la mujer va con el auto."
El profesor Guzzo, en cambio, dice que si se dice que no fue un burdel, entonces habría que definir cuáles son las características de ese tipo de lugares. "La prostitución -agrega- puede suceder en cualquier lugar. No se necesita un cartel que lo anuncie y el plano del edificio no significa nada. Como estaba prohibido prostituir a los propios esclavos que trabajaban en los baños, es seguro que el propietario tratara de esconder su actividad."
Para el director es significativo que hubiera también frescos eróticos en el único burdel conocido de la antigüedad y que, casualmente, estaba en Pompeya. "Si el esquema de las iconografías es el mismo en el burdel y en los baños, entonces la función debe ser la misma" concluye.
Burdel o no, lo cierto es que los frescos y el resto de los antiguos baños no podían ser visitados por el público durante todos estos años por falta de dinero para la restauración.
Finalmente fue posible gracias a la financiación privada. Pero desde los años en que la arqueóloga vio por primera vez los baños se perdió mucho, como por ejemplo frescos de gladiadores que se borraron.
En una cosa tanto Jacobelli como Guzzo están de acuerdo y es que la atracción del spa de la antigüedad sólo comienza con el arte erótico. Más allá del vestuario estaba el frigidarium o pileta de agua fría, donde en un extremo los bañistas podían nadar bajo una catarata cubierta con mosaicos azules con la imagen del Dios de la guerra. Las paredes del lugar están cubiertas de frescos con caprichosas escenas del Nilo, llenas de criaturas marinas y cocodrilos que se reflejan en la pileta dando a los bañistas la ilusión de nadar entre peces fantásticos .
Además, hay habitaciones con calor, cada una de ellas un poco más caliente que la anterior, donde tres grandes ventanas habrían ofrecido una vista a la bahía de Nápoles, que está a una milla antes de que capas de rocas volcánicas se interpusieran. En la parte trasera hay una pileta externa muy moderna, rodeada de cipreses, cuya agua se calentaba con un horno muy novedoso, ubicado debajo, cuidado por esclavos.
"Este lugar es conocido por los frescos", dijo la doctora Jacobelli mirando desde el lugar en que se realizó la primera excavación, "pero es un hermoso monumento".






