
Revalorizan el uso de la morfina para el control del dolor
Bien indicada, no genera adicción
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Aún hoy persiste la reticencia a usar opioides -complejos naturales y sintéticos relacionados con la morfina- en pacientes con dolor por causas distintas de las del cáncer. Incluso en los casos en que son recetados, a veces los pacientes se resisten a tomarlos. Recientemente, una revisión del tema publicada en la revista médica The Lancet reabrió este debate dentro de la comunidad científica.
En tres estudios que incluyeron a 25 mil pacientes tratados con opioides que no tenían historial de consumo de drogas, sólo en siete casos se presentaron problemas de adicción como resultado del tratamiento.
"Al igual que la mayoría de los médicos, casi todos los pacientes están relativamente mal informados sobre la seguridad en el uso de los opiáceos contra el dolor y piensan que son drogas peligrosas -dijo la doctora Schneider, especialista en medicina de adicciones y manejo del dolor en Tucson, Arizona-. No entienden la diferencia entre dependencia física y adicción, y por eso tienen miedo de volverse adictos."
Para el doctor Henry McQuay, especialista en dolor de la Universidad de Oxford, Inglaterra, "los opioides son nuestros analgésicos más poderosos, pero la política, el prejuicio y nuestra continua ignorancia siguen obstaculizando su prescripción. Lo que sucede cuando se le suministra un opioide a alguien que tiene dolor es diferente de lo que acontece cuando se le da a quien no lo tiene. El uso médico de los opioides no genera drogadictos, y las restricciones a este uso médico dañan a los pacientes".
Los expertos calculan que cerca de la mitad de los pacientes con dolores relacionados con el cáncer y el 80% de quienes tienen dolor crónico por otra causa no son tratados debidamente como consecuencia de la desinformación. Estos pacientes sufren sin necesidad, al igual que sus seres queridos, aun cuando existen drogas seguras que podrían controlar ese sufrimiento.
La experiencia argentina
"De un tiempo a esta parte se ha revalorizado la morfina y sus derivados como drogas nobles para ser empleadas en el tratamiento paliativo de los dolores intensos", dijo la doctora Claudia Simeone, médica anestesióloga, jefa de la División Dolor del Hospital Militar Central.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) definió en la década del ochenta lo que se denomina escalera analgésica: la clasificación de los medicamentos empleados para combatir el dolor según su intensidad. Así, en el primer escalón se ubican las drogas antiinflamatorias comunes; en el segundo, los derivados morfínicos débiles asociados a los antiinflamatorios no esteroides, y en el tercero, los derivados morfínicos potentes asociados también a los antiinflamatorios.
"Esto significa que en un dolor crónico, especialmente por cáncer, uno debería ir cubriendo esa escalera en la medida en que el dolor progresa o no alivia. En cambio, en el dolor agudo, como lo es el postoperatorio, es exactamente al revés: es intenso al comienzo y disminuye con el paso del tiempo, de modo que debemos utilizar analgésicos potentes al inicio e ir bajando luego la intensidad de éstos. Por lo tanto, la utilización de los opiáceos puede ser prescripta tanto en dolor crónico como en agudo", afirma, categórica, la experta.
En los últimos diez años se ha aceptado el uso de la morfina y sus derivados en dolores crónicos intensos no oncológicos, puesto que existen muchas otras enfermedades capaces de ocasionar sufrimiento inhibitorio.
Resulta, entonces, que todo apunta a desmitificar la morfina y su potencial para generar adicción. En este sentido, la doctora Simeone explica que "en general un paciente que recibe el rótulo de adicto es un paciente mal medicado o submedicado".
"Es aquel paciente que padece dolor, pero al que el médico le administra morfina como si tuviera temor a sobrepasarse: le da, pero le da poquito. Entonces, este paciente tiene un efecto analgésico fugaz, y a las dos horas está reclamando por el analgésico porque, lógicamente, no quiere sufrir. Entonces, esa persona que reclama la droga es tildada de adicta cuando en realidad está mal medicada."
Proponen su uso pediátrico
Una comisión de expertos de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), el organismo que regula los productos medicinales en los Estados Unidos, ha recomendado que se realicen estudios para analizar la eficacia de los opiáceos, como la morfina, en el tratamiento del dolor infantil.
De esta forma se pretende superar la reticencia que persiste aún hoy entre los profesionales a la hora de prescribir este tipo de analgésicos dentro de la práctica pediátrica.
Esta recomendación se ha basado en el testimonio de numerosos expertos que denuncian que en muchas ocasiones el dolor infantil no es tratado.
Cada vez hay un mayor consenso acerca de que el dolor debe paliarse en todos los casos y, según los especialistas, los opiáceos son una opción legítima cuyo uso incluso podría extenderse a los niños.
Como todo medicamento, los opiáceos también tienen efectos secundarios (náuseas, vómitos, etcétera). Sin embargo, muchas veces éstos pueden ser prevenidos mediante la administración de otros medicamentos que eliminan estas molestias.






