
Ser popular en la secundaria tiene su lado negativo
Expone a una mayor presión social
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NUEVA YORK.- El culto a la popularidad que reina en la escuela secundaria puede parecer curioso, mirado desde una distancia segura, como, por ejemplo, desde la 20a. reunión. Para entonces, el orden social puede haberse dado vuelta como un reloj de arena: los adolescentes que eran socialmente invisibles han surgido como personalidades coloridas, seguros, transformados. Otros parecen preservados en el tiempo, como siempre, mientras que algunos ex príncipes y abejas reinas se ven opacados o simplemente ausentes.
Durante años, los investigadores prestaron mucha atención a esos adolescentes que se destacaban, rastreaban sus rasgos y conductas. Los estudios encontraron, y no es sorpresa para nadie, que el predominio social en la adolescencia a menudo implica una veta de agresividad y de egoísmo que no funciona fuera del ámbito de la escuela secundaria.
Sin embargo, los estudiantes secundarios saben en lo profundo de su ser que la popularidad es mucho más que una competencia superficial y temporaria, y en años recientes los psicólogos han confirmado esa intuición. Nuevos estudios sugieren que la popularidad de los adolescentes en la escuela, y cómo ellos la comprenden y explotan, ofrece claves sobre su desarrollo psicosocial.
"Cuando uno llega a la adolescencia, su mundo social se amplía -afirmó Kathleen Boykin McElhaney, psicóloga de la Universidad de Massachusetts-. Los chicos pueden tener ya un trabajo part time, pueden estar involucrados en grupos parroquiales o tener una pandilla en la escuela todo lo cual puede ampliar la percepción de lo que es la popularidad y lo que significa."
Los especialistas en ciencias sociales trazaron la topología de una escuela, al hacer que los estudiantes evaluaran a sus compañeros en varios rubros, incluida la simpatía. Por ejemplo, la pregunta "¿Con quién te gustaría más salir el sábado?" revela rápidamente una lista de aquellos que son considerados la mejor compañía. Esta es una forma de medir la popularidad que la diferencia de la prominencia, como la del jugador de fútbol destacado, e identifica a una clase con un talento de otro tipo.
"Entre un 15 y un 20% de los estudiantes secundarios entran en esta categoría -según Mitchell Prinstein, profesor de psicología de la Universidad de Carolina del Norte-. Y no es difícil encontrarlos: tienden a tener amigos más cercanos, a destacarse escolarmente y a llevarse bien con la mayoría, incluidos los padres, propios y de sus amigos."
Optimismo y aptitudes
En un estudio que abarca a 185 estudiantes de una escuela de Charlottesville, Virginia, un grupo de investigadores encabezados por Joseph Allen de la Universidad de Virginia llegaron a la conclusión de que este grupo se caracteriza por "un grado de apertura a la experiencia emocional fuerte" y por el optimismo respecto de sus relaciones pasadas y futuras.
"Son chicos con muchas aptitudes para lo social, que realmente saben manejar las complejidades de las diversas situaciones sociales", aseguró el doctor Allen.
Los informes sugieren que alrededor del 50% de los estudiantes pertenecen al grupo promedio, es decir, a los que tienen buenos amigos, pero que no gustan especialmente ni tampoco desagradan a sus compañeros. El 30-35% restante se divide entre los estudiantes de bajo estatus o "rechazados", que están al pie de la escala, y los ignorados, que no aparecen para nada en el radar.
Sin embargo, la mayoría de los jóvenes de cualquier escuela saben quiénes son sus compañeros populares y simpáticos, y pueden aprender por la observación en una situación social dinámica que, después de todo, dura varios años.
"Tenemos evidencia de que los chicos que pasan inadvertidos son los que tienen más posibilidades de progresar o de tener movilidad entre los grupos -afirmó el doctor Prinstein-. Ellos son los que sin una determinada reputación pueden mimetizarse con la decoración y esto les puede dar una especie de libertad."
No se puede decir lo mismo del grupo de los rechazados, los que están en el escalón más bajo de la escalera. En varios estudios, los investigadores juntaron a estudiantes de diferentes escuelas que representaban distintos niveles de la jerarquía social. En el lapso de pocas horas, los jóvenes asumieron su lugar habitual: los populares, arriba, y los socialmente difíciles, abajo de todo.
Salir del gueto de los raros es duro, aunque los chicos sepan lo que es la simpatía. Los chicos que se hallan fuera del club de los populares a veces lo compensan efectivamente engañándose a sí mismos.
Un estudio de un año de duración, con 164 estudiantes de entre 13 y 14 años publicado en mayo, mostró que la forma como los adolescentes evaluaban su propia popularidad, más allá de lo que consideraran sus compañeros, fue un fuerte pronóstico sobre su ajuste psicológico y escolar.
Un grupo de adolescentes poco adaptados puede crear su propia definición grupal de aceptación. "Lo que esto me dice es que debemos preguntarles a los mismos chicos dónde se ubican a sí mismos -dijo la doctora McElhaney, autora jefa del estudio-. Si sienten que encajan, sea donde sea que lo hagan, entonces allí irán."
Si no, el camino es mucho más duro, según afirmó la médica. La popularidad, incluso la que proviene de la simpatía, puede tener sus costos. En el estudio del doctor Allen se encontró que los estudiantes más hábiles en el manejo de las situaciones sociales tienen tres veces más posibilidades de beber a los 14 años que los que están fuera del grupo.
Ya a los 18 también es más factible que cometan actos de vandalismo, que fumen marihuana y que hurten en los negocios. Resumiendo, parecen ser más vulnerables a la presión y expectativas de los compañeros. Algunas de esas conductas pueden deberse sólo a la mayor cantidad de oportunidades y acceso. Uno no puede probar lo que hay en un buffet si no está invitado a la fiesta.






