Sin control, un alga exótica está invadiendo las costas

Daña las especies de fauna y flora nativas, y deteriora los sitios de buceo
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26 de octubre de 2000  

Los primeros ejemplares jóvenes de Undaria pinnatifida -nombre científico del wakame , alga originaria de Japón, sur de China y Corea- se detectaron cerca de la ciudad de Puerto Madryn el otoño de 1993. Actualmente, el alga amenaza con impedir el desarrollo de las especies locales y con destruir el turismo submarino. Los científicos del Centro Nacional Patagónico (Cenpat) y los funcionarios de la Dirección de Fauna y Flora Silvestre de Chubut están preocupados por su avance descontrolado.

"Este no es el primer antecedente que presenta la especie como invasora. Ya en 1971 investigadores franceses reportaron su presencia en las costas del Mediterráneo, donde fue introducida accidentalmente con las semillas de ostras importadas de Japón para los cultivos desarrollados en esa zona", explica la licenciada María Luz Piriz, investigadora del Conicet, a cargo del Laboratorio de Algas Marinas Bentónicas del Cenpat, en Puerto Madryn.

También fue detectada en Galicia, Asturias, en el sur de Inglaterra, Holanda y Bélgica.

Según los científicos, en la Argentina el alga podría haber ingresado en aguas de lastre de barcos de carga provenientes de Japón o Corea, en su fase microscópica. "La prueba es que la dispersión de la especie muestra un foco en la zona portuaria", afirma Piriz.

Un bosque de sombras

Desde su primer registro en el país, el Laboratorio de Algas Marinas Bentónicas del Cenpat inició un proyecto de investigación con el objeto de analizar la capacidad de dispersión y el comportamiento reproductivo de las poblaciones de wakame con el fin de comparar los datos obtenidos con los de otros lugares.

También se pudieron establecer algunas pautas de comportamiento del alga: "Los ejemplares macroscópicos comienzan a detectarse con mayor frecuencia a partir del otoño -explica Graciela Casas, del mismo laboratorio-, continúan su desarrollo durante el invierno y en el período primavera-verano alcanzan la madurez reproductiva. A lo largo del verano, se deterioran, son fácilmente arrancados del fondo y aparecen en grandes cantidades sobre las playas de Puerto Madryn".

El desarrollo de estas grandes plantas ha cambiado significativamente el paisaje submarino. Los ejemplares, que superan el metro de altura, crecen en algunos puntos de Golfo Nuevo formando densos matorrales, por lo que sus amplias láminas producen un efecto de sombreado sobre el fondo marino.

" Undaria pinnatifida es muy eficiente: no sólo se fija sobre el fondo natural sino que lo hace sobre boyas, sogas, redes, bloques de cemento y cascos de embarcaciones. Se han registrado ejemplares hasta en 22 metros de profundidad", cuenta la licenciada Casas.

Intereses bajo el agua

"En otros países, no dudaron en actuar rápidamente con programas de corte y control. Acá todavía no pudimos hacer nada. Pero el costo es alto. Los fondos submarinos del Golfo Nuevo se encuentran en peligro porque, al ser ajena a este medio, el alga no encuentra competidores que frenen su dispersión. Afecta a invertebrados, peces y algas autóctonas por ocupación física y por la sombra que genera. A algunas especies las beneficia, como caracoles y erizos, y se reproducen en detrimento de otras, como estrellas de mar o esponjas y cholgas. El tema preocupa también al turismo submarino. Muchos lugares de buceo se han arruinado", afirma Daniel Oscar Forcelli, técnico de la Dirección de Fauna y Flora Silvestre de la provincia.

Forcelli duda sobre la introducción accidental de la especie y contempla la posibilidad de un sabotaje debido a la proyección comercial del alga nipona, que en los países orientales se utiliza para la preparación de sopas o ensalada o como bocaditos salados."En algunos países se ha propuesto la cosecha con fines comerciales como alternativa de control, pero se corre el riesgo de provocar una mayor demanda y favorecer el crecimiento de la especie que en realidad se estaba procurando controlar", alerta María Luz Piriz.

Desde la Dirección de Flora y Fauna se propone un plan de control que incluye a unos doscientos buzos deportivos y profesionales que dos o tres veces al año cortarían las algas, haciendo trabajo de pinza; es decir, desde los extremos de la zona de invasión hacia adentro.

Para Piriz, "sea cual fuere la estrategia por seguir, las poblaciones que ya se han desarrollado en Golfo Nuevo son imposibles de erradicar".

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