Un estudio científico “comprobó” que Jesús resucitó luego de tres días muerto
Una investigación multidisciplinaria analiza evidencias históricas y forenses sobre la figura de Jesús de Nazareth; el informe concluye que la hipótesis de la resurrección es la explicación más coherente
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Un nuevo estudio académico puso bajo la lupa los fundamentos del cristianismo y utilizó un enfoque multidisciplinario que combina historiografía antigua, patología forense y probabilidad bayesiana para analizar la figura de Jesús de Nazareth. Según el trabajo, que despertó interés en ámbitos académicos y religiosos, la denominada “hipótesis de la resurrección” se posiciona como la explicación más coherente y probable para el surgimiento de esta fe tras la muerte del protagonista en el siglo I.
El análisis se aleja de las interpretaciones puramente teológicas para centrarse en lo que denomina “hechos mínimos”, datos aceptados por la vasta mayoría de los expertos independientemente de su postura ideológica. De acuerdo con un estudio publicado en el medio PhilPapers, el autor del informe, Pearl Bipin Pulickal, ingeniero del Instituto Nacional de Tecnología en Goa, India, sostiene que el relato de la resurrección no debe ser visto meramente como una leyenda.

La investigación incorpora el testimonio de historiadores seculares, como el romano Cornelio Tácito, quien en su libro Anales confirma la ejecución de “Christus” durante el reinado de Tiberio por orden de Poncio Pilato. Estos datos, según el documento, establecen una base histórica innegable sobre la existencia, el juicio y la crucifixión del personaje, lo que refuta las teorías que intentan reducir su figura a un mito sin raíces reales.
Uno de los puntos críticos abordados en el texto es la refutación de la “teoría del desmayo”, la cual sugiere que Jesús no murió realmente, sino que cayó en un estado catatónico y despertó posteriormente. Con la utilización de literatura médica, como un estudio publicado en el Journal of the American Medical Association (JAMA), el informe detalla el trauma extremo provocado por la flagelación y la crucifixión romana. El reporte indica que, tras sufrir laceraciones severas y un shock hipovolémico, la muerte era una certeza clínica.
Al respecto, el estudio cita al teólogo David Strauss para señalar que, si Jesús hubiera sobrevivido al suplicio de forma precaria, su estado físico no habría tenido la capacidad de inspirar a sus seguidores a proclamarlo como el “Príncipe de la Vida”, sino que habría generado piedad en lugar de adoración. La investigación también se apoya en el criterio de la “vergüenza”, utilizado por los historiadores para evaluar la veracidad de los textos antiguos. Se argumenta que si los apóstoles hubieran inventado la historia, no habrían asignado el hallazgo del sepulcro vacío a mujeres, dado que en el contexto cultural del siglo I su testimonio legal carecía de validez.
Este detalle, lejos de debilitar el relato, es presentado por los autores como una señal de autenticidad. Asimismo, el documento hace referencia a las conversiones repentinas de escépticos como Santiago, el hermano de Jesús, y Pablo de Tarso, como eventos que requieren una explicación robusta más allá de la mera alucinación colectiva, fenómeno que, según los expertos, no cuenta con respaldo en la literatura clínica.

Finalmente, el análisis emplea el cálculo bayesiano para concluir que, al descartar las explicaciones naturalistas —como el robo del cuerpo, el error de sepulcro o las alucinaciones—, la probabilidad estadística de la resurrección se eleva significativamente.
Descubrieron ADN que podría pertenecer a Jesús
Un estudio publicado en la revista BioRxiv reveló la presencia de material genético de al menos 40 personas en la Sábana Santa de Turín, el objeto que la tradición vincula con la sepultura de Jesús. El hallazgo, que incluye rastros de diversas especies animales y vegetales, complejiza la validación científica de este vestigio, tradicionalmente sometido a controversias respecto a su antigüedad.

La pieza, que muestra la figura de un hombre demacrado de aproximadamente 1,75 metros, fue datada en 1988 entre 1260 y 1390 d.C., lo que sugiere un origen medieval. Sin embargo, en 2024, el Instituto de Cristalografía del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas empleó rayos X para cuestionar esta cronología. El doctor Liberato De Caro, integrante del equipo investigador, señaló que las muestras suelen estar expuestas a contaminantes imposibles de eliminar totalmente, lo que mantiene abierta la posibilidad de una vinculación con la era cristiana.
Investigaciones previas, como la de Gianni Barcaccia en 2015, sugieren que el manto circuló desde la India hacia Oriente Medio. Pese a la persistencia del debate científico sobre su veracidad histórica, la Iglesia católica mantiene una postura cauta, donde evitan validar la reliquia como milagrosa mientras las pruebas genéticas continúan por revelar la compleja historia de manipulación del objeto.
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