Un estudio determinó cuáles son los países mejor preparados para el fin del mundo
Una investigación científica identificó los territorios con mejores condiciones para resistir diferentes escenarios de catástrofe global
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Una catástrofe de escala mundial podría afectar alimentos, energía, infraestructura y servicios básicos en distintos lugares del planeta. Sin embargo, algunas sociedades tendrían mejores condiciones para resistir y recuperarse frente a un escenario de este tipo.
Esa fue la pregunta que un grupo internacional de científicos intentó responder en una investigación publicada en la revista Global Challengers, liderada por Florian Ulrich Jehn. El equipo revisó publicaciones científicas sobre riesgos capaces de afectar simultáneamente a diferentes regiones.

El estudio analizó tres grandes escenarios: una reducción extrema de la luz solar por un invierno nuclear o volcánico o el impacto de un asteroide; una pérdida generalizada de infraestructura por fenómenos como ciberataques o tormentas geomagnéticas; y amenazas biológicas, incluidas pandemias.
Australia aparece como el país más resiliente
Australia fue el único territorio identificado como resiliente frente a los tres grupos de amenazas. Su ubicación en el hemisferio sur, el aislamiento geográfico, su gran extensión territorial, la diversidad climática y la producción de alimentos fueron considerados factores favorables.

También cuenta con una industria desarrollada y reservas de recursos naturales. Los investigadores destacaron particularmente a Tasmania por sus condiciones agrícolas y su aislamiento.
Sin embargo, Australia tampoco sería completamente autosuficiente. El país depende de importaciones de combustible, medicamentos, fertilizantes y algunos componentes industriales. Su extensa costa también representa un riesgo ante un tsunami de gran magnitud.
Nueva Zelanda comparte varias de estas ventajas. Su producción agrícola, estabilidad institucional y sistema sanitario podrían favorecerla durante una crisis, especialmente frente a amenazas biológicas.
Su aislamiento, no obstante, también es una debilidad. El país depende de productos importados y podría tener dificultades para recibir ayuda si las redes internacionales de transporte dejaran de funcionar. Además, enfrenta riesgos naturales como terremotos, volcanes y tsunamis.
Japón, Suiza y Argentina también destacan
Japón sobresale por su capacidad industrial y tecnológica. Su sistema sanitario, los mecanismos de alerta y la experiencia en respuesta a emergencias son otras de sus fortalezas. El principal problema sería su dependencia del comercio exterior, ya que necesita importar energía, materias primas y parte de sus alimentos, mientras que su elevada actividad sísmica y volcánica representa otra amenaza.
Suiza, por su parte, cuenta con instituciones estables, administración descentralizada, un sistema sanitario sólido y una importante generación de energía hidroeléctrica. Estas condiciones podrían ayudarle a mantener servicios esenciales durante una crisis.

Su ubicación en el centro de Europa y la dependencia del comercio exterior, sin embargo, serían factores de vulnerabilidad ante un conflicto de gran escala o una interrupción prolongada de suministros.
Argentina también aparece entre los países con mejores condiciones debido a su amplio territorio, diversidad climática y capacidad para producir alimentos. Su producción de granos, oleaginosas y carne podría ser una ventaja ante una crisis de abastecimiento mundial.
A pesar de ello, el país depende del exterior para algunos medicamentos, equipos y componentes tecnológicos. La inestabilidad económica y política y las diferencias en infraestructura también representan desafíos.

Ningún país estaría completamente a salvo
La investigación deja claro que no existe un territorio preparado para enfrentar por sí solo cualquier catástrofe global. El aislamiento puede ser una ventaja frente a una pandemia, pero dificultar la llegada de ayuda. Una industria fuerte puede sostener la producción, aunque necesita energía, materias primas y tecnología.
Por eso, más que encontrar un lugar completamente seguro, la resiliencia dependería de la capacidad de una sociedad para producir alimentos y energía, mantener sus servicios esenciales, proteger su infraestructura y responder de manera coordinada.
Incluso los países mejor posicionados seguirían dependiendo de sistemas internacionales como el transporte, los medicamentos, los semiconductores y las comunicaciones. Un colapso generalizado podría poner a prueba a cualquier nación.
Por María Paula Lozano Moreno
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