
Un joven aficionado argentino descubrió estrellas variables
Una de ellas, al cambiar de brillo, causó errores de navegación en la sonda Galileo
1 minuto de lectura'
Recientemente, la NASA anunció que una supuesta falla en un instrumento de navegación por estrellas de la sonda Galileo no era tal. Lo que ocurría, en realidad, era que la estrella usada como referencia para el monitoreo de posición de la nave variaba en su brillo, tal como sostenía desde hacía tiempo Sebastián Otero, un astrónomo aficionado y autodidacto argentino de 27 años.
Sebastián observa el cielo desde antes de los 10 años. "Al cabo de unos años, empecé a notar, a simple vista, que las estrellas tenían diferente tamaño o brillo. Nunca dejé de mirar el cielo y aprendí más y más al leer. En el año 1996, cuando pude comprarme mi telescopio, lo que era un entretenimiento se volvió un estilo de vida", dice Otero.
No todas las estrellas poseen el mismo brillo y eso es detectable a simple vista. Existen catálogos que las clasifican según su magnitud o luminosidad aparente. Pero las estrellas no sólo difieren entre sí. Una misma estrella puede presentar variaciones en su propio brillo y cambiar su intensidad en forma periódica. Son las estrellas variables.
Las diferencias en el brillo de las estrellas y su clasificación fascinaron a Sebastián Otero, quien comenzó a comparar las magnitudes que figuraban en los libros con lo que veía. Ya en 1994, a los 20 años, había logrado graficar con un método propio las variaciones en el brillo de una estrella. Pronto supo que lo que veían sus ojos no siempre coincidía con lo que decían los libros.
Tres años más tarde comenzó a tomar forma el Catálogo de Magnitudes Aparentes (CMA), un ordenamiento según el brillo de las casi 2000 estrellas visibles a simple vista desde el cielo de Buenos Aires.
"La idea del CMA fue corregir los errores de los catálogos", explica.
Sorpresas en el cielo
Entre estas estrellas que Sebastián Otero había sospechado como mal catalogadas había una, delta Velorum, que le llamó la atención. Se la conocía como un sistema múltiple: integrada en realidad por cinco estrellas que, desde la Tierra, a 75 años luz, se ven como una sola. Pero la magnitud que aparecía en el Sky Catalogue no parecía ser real, ni aun sumando las de todas las componentes del sistema.
"En julio de 1997 comencé a observarla para estimar su magnitud auténtica -recuerda el astrónomo-. Tuve tanta suerte que la noche en que la miré lucía igual que una estrella de luminosidad mucho más débil de lo que figura delta Velorum en catálogo. No hubo momento en toda esa noche en que su brillo me pareciese mayor. A la noche siguiente, la estrella había vuelto a su brillo habitual.No hubo momento en toda esa noche en que su brillo me pareciese mayor. A la noche siguiente, la estrella había vuelto a su brillo habitual. ¡Era casi imposible que una estrella tan brillante fuese variable y nadie lo hubiese notado! "
Desde ese día, la estrella se convirtió en la destinataria de la minuciosa observación de Otero. Recién 200 días después brilló nuevamente con un luminosidad inferior a la habitual. "Delta Velorum era probablemente una variable de estrella eclipsante no descubierta antes -dice Otero-. El problema era que para poder presentar semejante hallazgo al mundo había que tener más datos y confirmar que no fuera un error de observación." Durante dos años intentó descifrar el período de variación. Pero no tuvo éxito.
Su carrera como observador de estrellas variables se fue afianzando. En 1998, tras perfeccionar los métodos utilizados, comenzó a enviar reportes de sus observaciones a la Asociación Americana de Observadores de Estrellas Variables (Aavso). Otero también se sumó a la Red Mundial de Observadores de Estrellas Variables (Vsnet), que agrupa a los aficionados y profesionales más conocidos del mundo, y colaboró con la Sección de Estrellas Variables de la Asociación Astronómica Británica (BAA-VSS) y la Asociación Francesa de Observadores de Estrellas Variables (Afoev).
En tanto, el cielo le daría más sorpresas. En junio de 2000, a través de su telescopio notó algo extraño al comparar dos estrellas, beta y delta Scorpii. Delta parecía tener más brillo que el debido según el catálogo. Otero envió su observación a Vsnet con el alerta de que podría tratarse de una nueva estrella variable. A través del foro electrónico de la Liga Iberoamericana de Astronomía (foro-Liada) obtuvo la colaboración de un aficionado-profesional que confirmaría su descubrimiento. Las observaciones fueron positivas: delta Scorpii también variaba su brillo.
Confirmadas las sospechas, en colaboración con el astrónomo aficionado sudafricano Brian Fraser pudieron construir el primer gráfico de la variación del brillo de la estrella.
Una ayudita para la NASA
La noticia se difundió rápidamente a través de Vsnet y de la Unión Astronómica Internacional (IAU). El plafón internacional que se había ganado con su nuevo descubrimiento animó a Sebastián a retomar en octubre sus esfuerzos por confirmar la variabilidad de delta Velorum.
Otero volvió a solicitar la ayuda del sudafricano Brian Fraser. "El 8 de octubre de 2000 le envié un mail para invitarlo a participar de una campaña de observación -recuerda-. Para mi sorpresa, Fraser me informó que un observador de Sudáfrica, Danie Overbeek, también le había pedido que observara esa estrella."
Sucedía que Paul Fieseler -ingeniero de la misión Galileo, que la NASA envió a Júpiter- había informado que la estrella delta Velorum, utilizada por la sonda para ubicarse en su viaje, había desaparecido de sus sensores durante varias horas del 19 de junio de 2000.
"Cuando me contacté con Fieseler, de la NASA, comenzó la campaña internacional. Le confirmé que se trataba de una variable eclipsante, y él me mandó toda la información obtenida por Galileo", dice.
Con esos datos, Sebastián pudo por fin encontrar el período en que varía la estrella. Pero independientemente, el astrónomo profesional inglés Chris Lloyd llegó a identificar el mismo período.
Otero y Lloyd utilizaron la información de la Galileo, así como observaciones del propio Otero, para calcular el ritmo según el cual disminuía el brillo. Ambos predijeron las dos siguientes reducciones, a intervalos de 45 días. Varios aficionados de América del Sur, Africa y Australia observaron a delta Velorum y confirmaron las predicciones.
"Las estrellas variables son comunes, pero fue una sorpresa que una tan brillante pudiera ser variable sin que nadie lo reportase antes", dice Fieseler en un artículo publicado en la página web de la NASA. Allí se lo menciona como coautor del reporte junto con "el astrónomo aficionado Sebastián Otero de Buenos Aires y el astrónomo Christopher Lloyd, del Rutherford Appleton Laboratory, en Inglaterra".
La información brindada por Sebastián despejó la incógnita que se le planteaba al ingeniero de la NASA. "El instrumento de navegación de Galileo sabe cómo reconocer a delta Velorum y su brillo usual, pero cuando su brillo se debilita, el punto de luz no encaja en el criterio programado", dijo Fieseler.
"Dos factores pueden explicar por qué nadie había notado la variabilidad de la estrella antes de Otero -cita el artículo publicado por la NASA-. La variación en el brillo es lo suficientemente pequeña como para que sea difícil de captar por el ojo, y los cambios suceden sólo durante unas pocas horas." Era necesario que apareciera un observador atento, minucioso y paciente, como Sebastián Otero.
Actualmente, Otero coordina la Sección de Estrellas Variables de la Liada junto a Sergio Domínguez y Jaime García. "En el hemisferio sur estamos llenos de estrellas interesantes para investigar, descartar, confirmar, y descubrir", concluye, con la vista fija en el cielo, apoyado sobre su telescopio.






