
Un tema complejo que no admite maniqueísmos
Por Pedro Cahn Para La Nación
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En la controversia sobre los fármacos para el sida hay que evitar caer en una visión maniquea.
El tema es complejo. Por un lado, están los laboratorios productores de medicamentos originales que invierten en investigación y desarrollo, y que defienden su derecho de patente. Por otro, los laboratorios nacionales que producen o importan drogas, y disputan su porción del mercado. El gobierno, por su parte, procura optimizar la alocación de recursos.Y, finalmente, estamos los médicos que recetamos, y los pacientes que sufren en carne propia el flagelo de la enfermedad.
La posición de los laboratorios es perfectamente atendible, pero al mismo tiempo es cierto que la política de precios en esta tema no resulta de sumar los costos más los beneficios esperados, sino de fijar el máximo precio tolerado por el mercado.
En la Argentina, el tema se complica aún más por el problema de la ley de patentes. Además, a diferencia de lo que ocurre en Brasil, la legislación local tiene serios baches en lo que hace a los genéricos.
Nuestros vecinos exigen que los genéricos pasen por las mismas pruebas que la droga original. En la medida en que no se hagan las pruebas de biodisponibilidad y bioequivalencia, la calidad de la medicación está en duda. No necesariamente es mala, pero tampoco se tiene la seguridad de que sea buena.
Los acuerdos comerciales de la Organización Mundial de Comercio estipulan que ante situaciones de emergencia sanitaria pueden obtenerse medicamentos por vía de recursos alternativos, como la importación paralela o la patente compulsiva. Puede llegar a suceder que un gobierno disponga permitir a un laboratorio nacional que produzca la droga reconociéndole las regalías al poseedor de la patente original.
Jeffrey Sachs, director del Departamento de Economía de la Universidad de Harvard, criticó duramente a los gobiernos de los países ricos que están invirtiendo menos de tres dólares por habitante y por año como ayuda para los países africanos asistiendo impasibles a una catástrofe sin precedente en ese continente.






