
Una cirugía que devuelve la visión
La técnica de implante de anillos intracorneales posterga las consecuencias del "queratocono"
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"Doctor, no aguanto los lentes de contacto todo el día... Uno se me cae y el otro se corre." Con esta consulta, casi en tono de queja, muchos pacientes deambulan por los consultorios de los oftalmólogos en busca de una solución a lo que creen es sólo miopía o astigmatismo.
Sin embargo, la intolerancia al uso de lentes de contacto es el primer síntoma del queratocono , una deformación genética y progresiva de la estructura de la córnea, en forma de cono, que altera la visión y afecta a una de cada mil personas de entre 18 y 35 años.
Hasta 2002, la única solución disponible para esos pacientes en la Argentina era el trasplante de córnea. Con la aprobación de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat), un grupo de oftalmólogos introdujo el implante de anillos intracorneales , un nuevo procedimiento quirúrgico que compensa la falta de visión por queratocono .
Esta nueva técnica, que consiste en colocar en la córnea uno o más segmentos semicirculares para corregir su superficie, podría evitar el injerto en un 70%de los pacientes.
"La experiencia científica mundial con los anillos no supera los ocho años, pero hasta ahora se ha observado que la evolución del queratocono se detiene -explicó el doctor Roberto Albertazzi, pionero de esta técnica en nuestro país-. En general, son pacientes jóvenes con una expectativa de vida muy larga, pero es preferible que se queden con su córnea y no con una prestada."
Durante el Congreso Argentino de Oftalmología realizado en Rosario en septiembre último, Albertazzi presentó los resultados del primer estudio local. De 67 pacientes a los que este profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad del Salvador les implantó los anillos desde febrero de 2000, sólo tres necesitaron un trasplante de córnea. Los demás mejoraron la visión y toleran tanto los anteojos como los lentes de contacto.
Para mantener los estándares científicos internacionales que rigen desde hace diez años en la aplicación de este procedimiento, Albertazzi y un grupo de oftalmólogos de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Mendoza y Río Negro formaron a principios de este año la red Keratop. Entre ellos actualizan la técnica, realizan interconsultas a modo de control de calidad del procedimiento utilizado en cada paciente y, en especial, responden las consultas de pacientes vía Internet ( www.geocities.com/redkeratop o redkeratop@yahoo.com.ar).
Con la iniciativa propia de los científicos argentinos, Albertazzi mejoró el método que se usa en el mundo. Creó un sistema para poder colocar segmentos asimétricos de diferente espesor según el valor de la miopía o el astigmatismo del paciente para lograr mayor confort y aumentar la agudeza visual.
En las personas con queratocono , ni la miopía ni el astigmatismo son un vicio de refracción generado, como en las personas "normales", por el agrandamiento del ojo. "En ellos, todo depende de la deformación corneal -señaló la doctora Cosentino, jefa del Servicio de Córnea del Hospital de Clínicas e integrante de Keratop-. Todos tienen astigmatismo, pero no necesariamente son miopes."
El queratocono y el implante de los anillos se estudia según la curvatura y el espesor de la córnea, y también el grado de astigmatismo y miopía. Para el doctor Gustavo Galperín, jefe del Servicio de Córnea del hospital Lagleize y miembro de Keratop, "el secreto del éxito de esta técnica es que los anillos estén bien indicados". Esto ocurre, según el especialista, en los pacientes con el diagnóstico adecuado tras una topografía corneal, que aún tengan la córnea transparente y que no toleren los lentes de contacto.
"Los anillos emparejan la superficie del ojo para permitir una visión más clara -agregó Cosentino-. No significa que se cura la patología, sino que se puede postergar la indicación del trasplante y mantener la calidad de vida sin necesidad de una córnea trasplantada."
Ese es el caso de Analía Viegas, una docente de la Escuela de Enfermería de la Cruz Roja Argentina y comerciante, de 32 años. Con diagnóstico de queratocono en los dos ojos, el trastorno sólo le permitía ver bultos, imágenes opacas y sin forma. "A mis hijos los distinguía vagamente, por la ropa -dijo-. Creía que tenía miopía y astigmatismo, pero en un año mi visión se redujo del 60 al 20 por ciento."
Cuando le indicaron el trasplante de córnea porque ya no toleraba los lentes de contacto, "el mundo se me vino abajo... Enseguida pensé en mis hijos y todo se me oscureció, pero también quería ver -recordó-. Sabía que la operación era riesgosa, pero me animé". Ahora, según afirmó, ve bien; usa anteojos con poco aumento en un ojo y sólo de descanso en el otro. "Uno se da cuenta del valor de la vista cuando le falta", aseguró a dos años de la cirugía.
Claudia Rodríguez, una psicopedagoga de 27 años que también se sometió a la cirugía, recordó que "en un solo ojo veía todo muy nublado y con un humito negro que se movía". Sin ocultar su alegría, aseguró que a los 15 días del implante "estaba de vacaciones y metida en el mar".
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