
Una plaga que resultó productiva
Un experimento de la UBA mostró cómo aprovechar la madera del vinal y recuperar tierras de pastoreo
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¿Es posible recuperar tierras invadidas por una maleza que amenaza dos millones de hectáreas? ¿Esta plaga puede dar réditos? ¿Usar esta especie permitiría dar un paso hacia el manejo sustentable de bosques? La respuesta en todos los casos es sí, tal como lo muestra el Proyecto Vinal, dirigido por el Grupo de Estudios sobre Ecología Regional (Geser), de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires.
"El desafío consistió no sólo en recuperar para el pastoreo tierras invadidas por un árbol que se había transformado en plaga, el vinal, y aprovechar la madera de esta planta en parquets, muebles o carbón, sino lograr la restauración ecológica del paisaje original de sabana", describe el director de Geser, Jorge Adámoli, acompañado por los biólogos Elizabeth Astrada y Carlos Blasco en esta iniciativa puesta en práctica por campesinos de la localidad formoseña de Ibarreta.
Allí, como en un millón de hectáreas de Formosa, esta especie nativa avanzó a partir de la década del 30 con prisa y sin pausa sobre campos sobrepastoreados, hasta tal punto que en 1941 fue declarada plaga nacional. Corte, quema, inundación y herbicidas fueron algunos de los intentos para erradicarla, pero uno tras otro fracasaron porque no solucionaron el problema del rebrote.
"Es una estrategia común en las plagas que cuando se reinstalan lo hacen con más fuerza que antes", explica. Resistente y sin control, esta leñosa conocida científicamente como Prosopis ruscifolia ocupa todos los espacios, desplegando ramas a su paso. Si en ambientes no perturbados crece en forma de árbol, como especie colonizadora cambia sus hábitos, comportándose como un arbusto. En esta transformación muestra una faceta más que prolífica. Puede poblar parcelas con 1500 ejemplares por hectárea, prácticamente un impenetrable, con un elemento aún más disuasivo: espinas de hasta 30 centímetros de largo, "algo así como un puñal".
Con estas características, no era raro que el vinal fuera sinónimo de dificultad. "Si bien había estudios que mostraban la calidad de la madera, similar a la del algarrobo, fueron virtualmente ignorados porque prevalecía la visión de que esta especie era un problema -indica el informe-. El Geser propuso un cambio de óptica."
Al correr el árbol que no dejaba ver el bosque, la mirada se centró en las virtudes de la planta, ya que sus troncos pueden convertirse en excelentes tablas y carbón; además, no hay que plantarla y resulta por demás resistente. En otras palabras, define Adámoli, "es la estrategia del yudoca: usar la fuerza del adversario. Como es tan eficiente para colonizar y tan persistente una vez que se instaló -dado que la madera es de buena calidad-, nos preguntamos qué necesita el vinal para crecer mejor".
La respuesta se encontró en el raleo: disminuir de 1200 a 250 ejemplares por hectárea. No sólo eliminaron los especímenes enfermos, tortuosos o añosos, sino que podaron gran parte de las ramas de los vinales dejados en pie para concentrar el crecimiento en un fuste o tronco principal de mayor valor forestal.
Maleza de buena madera
Al liberarlos de la competencia, los árboles seleccionados captaron mejor la energía y nutrientes para crecer como lo demostraron los trabajos realizados desde 1993, cuando el Geser comenzó este experimento financiado por el Conicet y por Ubacyt en la Estación Experimental del INTA de Bartolomé de las Casas, dependiente de El Colorado.
De aquel vinalar impenetrable se abrieron camino los mejores ejemplares, y entre ellos volvieron los pastizales de cara al sol al cabo de dos años. "El raleo permitió recuperar la fisonomía de sabana original de la zona central de Formosa, que había sido transformada en arbustales tras la invasión del vinal ocurrida hace décadas. Esto es un importante aspecto de restauración ecológica", subraya el estudio. En aquellas tierras degradadas, reaparecieron los pastizales, y junto con ellos, la posibilidad de alimentar al ganado.
Esta vuelta a la productividad perdida no conlleva gastos extras porque los costos de limpieza son absorbidos por la venta de la madera. De madera noble, semidura, más clara que la del algarrobo y de un peculiar perfume, esta especie nativa encuentra destinos aptos en pisos, como lo muestran los diseños realizados por la Cooperativa de Trabajo de El Pucú, de la ciudad de Formosa.
Los troncos que no van a los aserraderos por su escaso diámetro pueden convertirse en postes o rodrigones muy demandados para las vides mendocinas. Y aun el desecho es convertido en carbón en hornos transportables trasladados de campo a campo. Estos equipos junto con siete motosierras fueron otorgados a los productores, así como la capacitación. Actualmente el grupo está constituido por 31 familias. Cada una de ellas destina tres hectáreas de su campo para este experimento.
No fue fácil cambiar la concepción del vinal entre los pobladores. "La idea más arraigada entre la gente es la eliminación. Nuestro proyecto apunta a mantener la especie en niveles controlables combinándola con otras plantaciones que permitan una economía de desarrollo sustentable", puntualiza Astrada. Ya se han plantado miles de algarrobos, ejemplares de mamón y cítricos "con resultados muy positivos porque crecen más protegidos", añade sin ocultar su entusiasmo. También está en estudio el valor nutricional de las vainas para alimento de animales. La idea es lograr aprovechar los bosques con criterios sustentables", concluye Adámoli.






