
Várices, la consecuencia de caminar erguido
Tres especialistas consultados por LA NACION LINE coincidieron en señalar a la posición bípeda como una causa principal de la dilatación de las venas; tratamientos y recomendaciones para evitar o retrasar su aparición
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La enfermedad varicosa es una patología muy distribuida en la población. De hecho, se considera que cerca de la mitad de los mortales tiene algún tipo de várice, desde las pequeñas arañitas hasta esas venas entre verdes y azuladas que sobresalen en las pantorrillas.
En este campo también llevan la delantera las mujeres, que tienen 20 veces más probabilidades de tenerlas que los varones.
Las causas son variadas, aunque la mayoría de los especialistas consultados por LA NACION LINE señalaron como un factor preponderante a un hecho que distingue al ser humano del resto de las especies: la posición bípeda.
Sí. Al parecer, el salto evolutivo de bajar de los árboles y comenzar a caminar erguido es una de las razones por la que algunas mujeres deben alargar sus polleras o resignarse a los pantalones en verano, con tal de tapar las protuberancias de sus piernas.
“La mayoría de los otros seres vivos se desplazan en posición horizontal para repartir la presión de la sangre en forma normal en todo el cuerpo. El ser humano es el primer ser viviente que adopta la posición bípeda, entonces aumenta la presión de la sangre en los miembros inferiores. Las venas no estaban preparadas para tal hecho y por lo tanto se dilatan”, sostuvo Osvaldo Andoniades, presidente de la Sociedad Argentina de Flebología.
A pesar de que las extremidades inferiores son el blanco más común, también pueden aparecer en los brazos, testículos, abdomen, estómago, esófago, etc.
Además de la posición, existen otros factores vinculados con el origen de las várices. Uno de ellos es la propia morfología del sistema vascular. “Las venas poseen válvulas en su interior, que fraccionan la columna de sangre produciendo una disminución de la presión para evitar la dilatación. Algunas personas tienen válvulas cada cinco centímetros, que estarían dentro de los parámetros normales; otras cada diez; otras cada treinta, y otras no tienen. Cuánto menos válvulas se tenga mayor es la probabilidad de sufrir de várices”, explicó el especialista.
Las hormonas femeninas, sobre todo la progesterona, son otras de las causas de la dilatación de las venas. Por eso, durante el embarazo, cuando se produce un enorme aumento de esta hormona, se tiene mucho más probabilidades de desarrollarlas.
Además, ciertos hábitos hacen más rápida su evolución. El sobrepeso, la falta de actividad física, la exposición a fuentes de calor y la permanencia durante mucho tiempo de pie o sentado son algunos, según expresaron Sergio Ferreira Fernández y Oscar Gural Romero, especialistas del Hospital de Clínicas.
Consejos de abuela
Existen muchos mitos alrededor de la aparición y el tratamiento de las várices. Las recomendaciones de la abuela van desde evitar los baños termales hasta suspender la cera depilatoria. Sin embargo, Alejandro Fabini, cirujano del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires, desterró algunos malos entendidos: actividades como cruzar las piernas, correr, hacer aeróbicos, tomar sol o ducharse con agua caliente pueden realizarse sin vestigios de culpa, pues llevarlas a cabo no hará aparecer ni arañitas ni várices.
En este sentido, recomendó evitar el sobrepeso, realizar caminatas diarias y colocarse en posición horizontal con las piernas levantadas para que descansen.
A aquellas personas que permanecen durante mucho tiempo de pie se les aconseja la utilización de una media elástica, con una determinada comprensión, que llega hasta la rodilla o hasta el muslo y evita la sensación de pesadez, los edemas y la aparición de várices y celulitis. Se adquieren en las casa de ortopedia o farmacias y se sugiere la consulta a un médico para que se indique el grado de comprensión según el caso.
Arañitas y troncales
Los tratamientos dependen del tipo várices. Para las arañitas se aconseja el procedimiento esclerosante, que se realiza con la inyección de sustancias que irritan las paredes de la vena y hacen que colapse, o con láser.
Para las troncales, esos cordones verdosos y protuberantes, se indica la microcirugía, que consiste en sacar las venas con pequeñas incisiones que no dejan cicatrices ni marcas y se realiza en forma ambulatoria. “Antes, en las venas principales o en trayectos largos se hacía una cirugía que implicaba una incisión en la ingle, otra en el tobillo y se sacaba toda la vena. Eso dejaba muchos hematomas. Hoy, con el láser endovascular, se realiza una punción al nivel del tobillo y se elimina por completo la vena sin dejar marcas”, comentó Fabiani.
Actualmente, señaló Fabini, también existen varios medicamentos muy útiles para prevenir y tratar esta patología, siempre que estén indicados por especialistas.
Constanza Longarte
clongarte@lanacion.com.ar





