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Identidad de género

La historia de Facha, el chico trans que inspiró una nueva ley porteña

María Ayuso
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23 de enero de 2020  • 18:48

"Mamá, voy a cagar a palos a la cigüeña", le dijo Mauro a Bárbara Magarelli, su mamá. Estaban en su casa de La Boca y, en ese entonces, Mauro tenía ocho años y otro nombre: uno de mujer, el que le habían puesto cuando nació. "¿Qué te hizo la cigüeña?", le preguntó Bárbara. La respuesta de su hijo le llegó como una revelación: "¿No ves? Se equivocó: me trajo nena y soy varón".

Mauro -a quien todos llaman Facha- nació en 2004 y el 29 de octubre de 2014, en el Registro Civil N°1 de la ciudad de Buenos Aires, hizo la rectificación de su partida de nacimiento, cambiando su género y su nombre. Menos de 12 horas después, se convirtió en el primer varón trans de la Ciudad en tener su nuevo DNI, acorde a su identidad.

La historia de Mauro

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Por una reciente ley porteña (la N.º 6272), cada 29 de octubre y en honor a Facha se conmemorará el "Día de la Promoción de los Derechos de las Infancias y Adolescencias Trans". La norma -que se difundió en el boletín oficial la semana pasada- indica que el Poder Ejecutivo debe realizar todos los años, en esa semana de octubre, actividades y campañas de difusión y visibilización que promuevan la plena integración y el pleno goce de los derechos de los chicos y las chicas trans.

Mamá, voy a cagar a palos a la cigüeña. Se equivocó: me trajo nena y soy varón
Mauro, a los 8 años

Además, establece que las campañas de concientización deben involucrar, entre otras actividades, capacitaciones a personas que se desempeñan en los ámbitos de la educación, la salud, el deporte, el arte y otras áreas. Por otro lado, el Ejecutivo deberá publicar anualmente un informe sobre las políticas estatales destinadas a la promoción de los derechos de las infancias y adolescencias trans.

Mauro, en el local que su familia tiene en La Boca
Mauro, en el local que su familia tiene en La Boca Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo

" Sentí orgullo y felicidad. Felicidad porque más chicos y chicas puedan sentirse reconocidos y encuentren un lugar donde hablar, que tengan contención y ayuda para poder vivir como son, que sean escuchados y acompañados por personas formadas", dice Mauro, que hoy tiene 15 años, está en el secundario y trabajaba haciendo delivery de sándwiches en la panadería familiar.

Sortear obstáculos

Bárbara todavía recuerda el abrazo y el silencio que le siguieron a la frase de su hijo sobre la cigüeña. Después vino el desconcierto, acompañado de una única certeza: no iba a soltarle la mano. En Internet, conoció a la mamá de un nene trans en Japón, con la que rápidamente conectaron, sorteando las 12 horas de diferencia y los más de 18.000 kilómetros de distancia. Al día de hoy siguen hablando por Whatsapp.

También se acuerda de la tarde en que encontró a su hijo abrazado a la bacha del baño. " Yo no salgo más a la calle disfrazado de nena", le aseguró. Sin tener la menor idea de qué iba a hacer, porque plata para comprar ropa nueva no había, la madre se paró en la vereda, donde se encontró con su vecina. Al ratito, sonó el timbre de su casa: ahí estaba la mujer, con la ropa que su hijo adolescente ya no usaba. Bárbara tuvo que darle vuelta el ruedo del pantalón y Facha salió a la calle orgulloso, sacando pecho.

Me costó. Lo mejor que pude haber hecho fue cambiar el chip acá adentro
Guillermo, papá de Mauro

No se olvida tampoco de las piedras en el camino: desde el primer profesional de la salud al que consultó para entender qué le estaba pasando a su hijo y que le echó la culpa a ella por trabajar todo el día (además, la mandó a comprar muñecas, a las que Facha les sacaba la cabeza y usaba como pelotas de fútbol); hasta lo que implicó para la familia adoptar el nuevo nombre, el autopercibido. No fue fácil. "Cuando me salió con eso, como yo soy un cuadrado y pensaba que en el mundo había solo hombres y mujeres, le dije: 'No vengas con cosas raras, vos naciste así y vas a morir así'", cuenta Guillermo, su papá. "Me costó, y lo mejor que pude haber hecho fue cambiar el chip acá adentro", agrega señalándose la cabeza.

Cuando Facha hizo su transición, la primera que lo llamó Mauro fue Lucía, su abuela materna. "Era una inmigrante italiana que apenas sabía leer y escribir. Dijo: 'El que no lo respete, ahí tiene la puerta'", detalla Bárbara. "Imaginate que sobre la ley de matrimonio igualitario o sobre la identidad de género solo escuchaba por la televisión. Pero ella lloraba y decía que lo único que quería era que su nieto fuera feliz, que estaba orgullosa de él", sigue la madre. Lucía falleció tiempo después, a los 86. Mauro, su mamá y sus hermanas -Ailén, de 24 años y Laila, de 26- se tatuaron su nombre en muñeca.

Bárbara, Ailén y Mauro, con el tatuaje que se hicieron en honor a Lucía, la abuela materna que fue la primera en llamar a su nieto con su nombre autopercibido
Bárbara, Ailén y Mauro, con el tatuaje que se hicieron en honor a Lucía, la abuela materna que fue la primera en llamar a su nieto con su nombre autopercibido Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo

Al igual que Lucía, y la vecina que donó la ropa, hubo otras personas clave, como el equipo de profesionales del Hospital de Niños Pedro de Elizalde, que acompañó a Facha desde el comienzo y lo sigue haciendo hasta el día de hoy. También estuvo Andrea, la directora de la escuela que reunió a sus compañeros y les dijo: "A partir de ahora, lo tienen que llamar Mauro". Los chicos y las chicas se miraron: "¡Ustedes no lo sabían, nosotros lo supimos desde siempre!", respondieron.

El orgullo de mamá

Bárbara está orgullosa de su hijo. "Es muy valiente. Con ocho años, patear el tablero, la heteronorma y no importarle nada. Yo siempre le digo: 'Con la inconsciencia de la niñez decidiste patear el tablero'", sostiene la madre, que hoy es presidenta de Facha ONG, la organización que creó con su familia, y de la Red Latinoamericana de Niñez y Adolescencia Trans (NAT), una agrupación internacional.

Mauro es muy valiente. Estoy orgullosa de él. Yo siempre le digo: con la inconsciencia de la niñez decidiste patear el tablero
Bárbara Magarelli

Si bien sostiene que nuestro país tiene leyes de avanzada -como la de identidad de género, sancionada en 2012-, Bárbara subraya que hay un largo camino por recorrer para seguir restituyéndoles derechos a las niñas, niños y adolescentes trans. Más capacitaciones para docentes y profesionales que tratan con niñez en general, es para ella indispensable. Por eso, considera que la nueva ley porteña es un paso importante. Cuenta que la impulsaron cuando ella era coordinadora de la Secretaría de Infancias y Adolescencias Trans y sus Familias de la Federación Argentina LGBT, junto a la referente y exlegisladora María Rachid y la abogada Flavia Massenzio.

Para Lautaro Cruz, presidente de Trans Argentinxs, una organización que nació en 2017 con el foco puesto en las infancias y adolescencias y que también forma parte de la Federación Argentina LGBT, "es muy importante visibilizar a las infancias trans porque las políticas públicas en general piensan en los adultos, como si uno, entre comillas, 'se hiciera trans' de grande. Pero lo vemos son familias que se acercan con sus hijes desde los tres años", sostiene. Para él, lo que busca la nueva ley porteña es "concientizar y sensibilizar", sobre todo en las escuelas.

Hoy, desde Facha ONG y Trans Argentinxs acompañan a familias de todo el país. ¿Qué es lo primero que van a buscar los padres y las madres que consultan por primera vez? "Pares. Sentir que no están solos, que hay otras personas que pasan por lo mismo. Y después, cuando empezamos a compartir vivencias, historias, se empiezan a plantear otras cosas: la educación, los médicos, qué obras sociales y prepagas tienen personal capacitado. Pero lo primero es encontrar compinches. Y los niños y las niñas también encuentran pares -asegura Bárbara- Después, las familias se relajan y siguen con su vida. Algunas continúan con el activismo y otras no, y está perfecto".

Que las familias puedan aceptar la identidad de sus hijos e hijas y acompañarlos en su transición, es el paso fundamental. Bárbara les dice a los padres y las madres que ella los entiende, que también lo vivió. La revelación que tuvo como mamá, fue clave: "Mauro siempre estuvo ahí. Nunca fue esa nena que pensábamos".

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