
Armando Chaguaceda: “Rusia no necesita una gran inversión para espiar en la Argentina”
Del The Americans criollo a la infiltración en medios locales, ¿por qué Rusia pone tanto foco en espiar en nuestro país? Milei vs. Kirchnerismo, ¿mayor o menor riesgo de espionaje? El especialista hizo su análisis

“La Argentina es un actor importante para la disputa del siglo XXI por el control de recursos y de ruta, además de la influencia en América Latina”, dice. “Rusia lanza operaciones de desinformación en Argentina porque es un país central en la formación de opinión en América Latina”, afirma. “La Rusia de Putin heredó un aparato de inteligencia inventado durante más de un siglo por las etapas tardías del imperio ruso y después por el Estado soviético. Era un aparato muy sofisticado, con una enorme red de influencia”, explica. “Al Estado pobre que es Rusia no le cuesta tanto hacer estas operaciones, sobre todo en el Sur Global. Y sobre todo en América Latina porque es parte del llamado “patio trasero” de Estados Unidos”, agrega. “La operación en medios argentinos tiene que verse en conjunto con las operaciones similares que se han desarrollado con los presupuestos de canales más establecidos como Russia Today, Sputnik en América Latina, una presencia grande, incluidos periodistas argentinos que son parte de eso”, alerta. “No es tanta plata, pero por ese dinero genera una influencia potencialmente apreciable”, asegura. “El antiimperialismo en América Latina siempre ha sido en buena medida antiamericanismo porque no se ha padecido la invasión de una autocracia”, analiza y sigue: “Ha servido para que Rusia y otros países como Cuba como actor regional, o Irán o China proyecten que son un aliado amable económico o político para el Sur Global y sobre todo, para América Latina”, advierte.
“La Rusia de Putin heredó un aparato de inteligencia inventado durante más de un siglo por las etapas tardías del imperio ruso y después por el Estado soviético. Era un aparato muy sofisticado, con una enorme red de influencia”
“Entre Estados Unidos y Rusia o China hay una disputa axiológica, y también pragmática. En cambio, los países del Golfo Pérsico son países notablemente enriquecidos, pero su política exterior no amenaza el predominio de Estados Unidos”, diferencia. “Entre un emir o una figura enriquecida en esos países y la oligarquía norteamericana o rusa hay traducibilidad. Tienen negocios conjuntos, comparten estilos y modos de vida”, plantea. “En el caso de Qatar se puede ver la presencia de vínculos y de dinero entre esa élite y parte del actual establishment americano bajo una lógica oligárquica, cleptocrática. Los qataríes quieren influir y ganar dinero, pero dependen armamentísticamente de Estados Unidos. No proponen un rediseño del Golfo Pérsico ni de Occidente ni del Sur Global. No están planteando un desafío geopolítico”, profundiza. “Que China espía en América Latina con tecnología de comunicaciones no es un riesgo; es una realidad. Hay datos que lo confirman”, concluye.

El politólogo e historiador cubano mexicano Armando Chaguaceda estuvo en La Repregunta. Chaguaceda es investigador principal del think tank Gobiernos y Análisis Político AC (GAPAC). Se especializa en el estudio de los procesos de autocratización en Cuba y Venezuela, la Rusia post soviética y sus lazos geopolíticos con América Latina. Chaguaceda es historiador por la Universidad de la Habana y Doctor en Historia y Estudios Regionales por la Universidad Veracruzana. Es coautor de El poder de Rusia en Latinoamérica y acaba de publicar Scaling authoritarian influence. Russia, Cuba and the dynamics of authoritarian influence in Latin America.
Del The Americans criollo a la infiltración en medios argentinos, ¿por qué Rusia pone tanto foco en espiar en la Argentina? ¿Cómo se mueve el espionaje ruso en América Latina? Rusia y China y el espionaje en el “patio trasero” de Estados Unidos: ¿nueva Guerra Fría? Trump y el vínculo contradictorio con Rusia. Trump versus las autocracias: ¿contra todas o contra algunas? El caso Qatar: autocracias imperialistas vs autocracias petroleras. Milei vs Kirchnerismo, ¿mayor o menor riesgo de espionaje ruso? “Anti imperialismo” y la coartada de China y Rusia en el Sur Global. Chaguaceda hizo su análisis.
Aquí, la entrevista completa.
¿Espionaje ruso en Argentina? Del The Americans criollo a la filtración en medios argentinos
-De The Americans, esa serie consagratoria del modelo de espionaje ruso, que crea una familia de la nada, a los topos implantados en la Argentina, un matrimonio que crea y cría una familia de dos hijos en Buenos Aires. Y en 2024, según conocimos la semana pasada, se dio el caso de medios argentinos infiltrados por una operación de inteligencia rusa. ¿Por qué? ¿Por qué Rusia pone el foco en la Argentina?
-Más que infiltrados es aprovechar la desinformación. Podemos decir “infiltrar” en un sentido amplio, pero no es muy difícil en estos tiempos utilizar el dinero o la influencia para difundir desinformación en el montón de canales que ofrece el mundo digital. ¿Por qué Argentina? Por varias cosas. Primero, la Argentina es un país central en la formación de opinión en América Latina. Tiene una altísima concentración de intelectuales y académicos de primer nivel. Además, es un país donde hay una comunidad rusa y ucraniana fuerte. Lo sabemos bien. Quienes hemos estado visitando frecuentemente Buenos Aires sabemos que hay una presencia importante, la comunidad de rusos y ucranianos más grande de América Latina, de variopintas opiniones. Y además, en el contexto actual, desde hace unos años, es un país realineado con Estados Unidos a través del gobierno de Javier Milei. La figura de Javier Milei mostró apoyo claro a Ucrania, a Zelenski, a la resistencia a la invasión rusa. Por la calidad de la vida intelectual y la opinión pública y por el realineamiento por Estados Unidos es importante la presencia rusa.

-Ahora, vayamos al caso del The Americans argentino, los topos instalados en Buenos Aires: un matrimonio que durante diez años formó una familia con dos hijos que sólo hablan castellano y que no saben que sus padres son espías rusos y que, finalmente, en 2024, son detenidos en Eslovenia y llegan a Rusia como parte de un intercambio. Dos espías recibidos casi con un homenaje, con Putin que lo recibe con un “hola” en castellano. ¿Por qué? En ese caso es una operación de logística, de inversión y también de sofisticación, de inteligencia sostenido durante una década. No es fruto de la improvisación. ¿Es solamente por el contexto de este peso fuerte de la Argentina en la conversación en América Latina? ¿O hay otro tipo de intereses estratégicos en juego, por ejemplo, energéticos, geopolíticos? Porque parece ser demasiada inversión en inteligencia para un objetivo exclusivamente simbólico.
-No es sólo simbólico. Como tú has mencionado, la Argentina es un país con una enorme cantidad de commodities, de recursos naturales, con ubicación estratégica en la Antártida. La Argentina es un actor importante para la disputa del siglo XXI por el control de recursos, de rutas, etcétera y además, de nuevo, por la influencia en América Latina. Pero diría que no es una inversión tan grande. La Rusia de Putin heredó un aparato de inteligencia inventado durante más de un siglo por las etapas tardías del imperio ruso y después por el Estado soviético. Era un aparato muy sofisticado, con una enorme red de influencia. En el modelo soviético, los aparatos de inteligencia y diplomacia se imbrican. Es decir, es muy difícil saber siempre qué primer oficial de una embajada no es un activo del FSB, antes KGB, o viceversa. Hay una solapamiento entre la oficina que hace asuntos diplomáticos, consulares, comerciales y el aparato de inteligencia. Eso está estudiado. Recomiendo, entre otros, los libros de Andrei Soldatov e Irina Breogan: La nueva nobleza. Describe esta evolución del aparato del espionaje. Entonces, por un lado hay un Estado que tiene una presencia global, que se resiste a no ser una superpotencia global aunque en términos demográficos, incluso militares, salvando el arma nuclear, y económicos ha retrocedido mucho. El Estado ruso no es comparable a otros Estados, mucho menos a Estados Unidos o a China. Pero tiene un aparato, tiene armas nucleares, tiene influencia y tiene una expertise muy grande en el manejo de las operaciones de desinformación y de espionaje. Por eso, a ese Estado pobre no le cuesta tanto hacer estas operaciones, sobre todo en el Sur Global. Y sobre todo en América Latina porque es parte del llamado “patio trasero” de Estados Unidos. Recuerda que Rusia ha sido muy sensible a las operaciones en lo que llama el “near abroad”, es decir, su espacio cercano. Es una forma de hacer lo que Vladimir Rouvinski ha llamado “reciprocidad simbólica”, que no es sólo simbólica. Es decir, tú apoyas un gobierno enemigo mío en mi perímetro; yo desarrollo operaciones en tu perímetro.
“Entre Estados Unidos y Rusia o China hay una disputa axiológica, y también pragmática. En cambio, los países del Golfo Pérsico son países notablemente enriquecidos, pero su política exterior no amenaza el predominio de Estados Unidos”
Operaciones rusas en medios locales. ¿Poca plata y poco impacto o todo lo contrario?
-Del otro lado, se dio el caso de infiltración en medios argentinos que los servicio de inteligencia argentinos habían denunciado en 2025 y ahora, un consorcio de periodismo independiente, con un periodista argentino, Santiago O’Donnell, enfocado en la pata argentina: muestra que hubo medios argentinos que publicaron noticias falsas, la mayoría de ellas de autores falsos también. Según la documentación encontrada en el Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia, Rusia habría invertido en esa operación unos 280 mil dólares. Muchas de esas noticias, que no lograron instalarse como tema en la opinión pública, eran en contra del gobierno de Milei. ¿Por qué invertir aunque sea una suma que no parece demasiado? No parece un monto importante para una operación de inteligencia. ¿Por qué le ponen tanto foco a introducir ese tipo de grajeas informativas falsas cuando no tienen peso en la opinión pública?
-Primero, habría que ver la dinámica política argentina cuánto peso tienen o no tienen. Y sí, es poco dinero. Segundo, tiene que verse en conjunto con las operaciones similares que se han desarrollado con los presupuestos de canales más establecidos, como Russia Today (RT), Sputnik, etcétera, en América Latina, una presencia grande, incluidos periodistas argentinos que son parte de eso. No es tanta plata, pero por ese dinero genera una influencia potencialmente apreciable. Así como en la opinión pública argentina hay sectores muy solidarios con la causa ucraniana, también en la academia, donde hay difusión del discurso ruso. O sea, hay académicos, intelectuales, organizaciones, universidades que siguen celebrando la idea de la invasión ucraniana como un acto de defensa de Rusia ante la expansión de la OTAN. No es mucha plata, es cónsono con una política, con una estrategia general de difusión y de desinformación a través de canales oficiales, oficiosos y clandestinos. Y es eficaz en términos de instaurar una opinión pública. No quiere decir que la opinión pública argentina vaya a discutir esto como el tema principal, pero se infiltra con otros temas de la política nacional, como las críticas a la política económica del gobierno de Milei y las críticas a los lineamientos de política exterior, las críticas al gasto social. Algo de eso puede quedar o pegar.
-Es decir, suma al ruido: nunca resta, y sí es una forma de sumar algo más.
-Y con poca inversión. Para un país petrolero, para un país grande, eso es nada.
¿Qué busca Rusia en América Latina? ¿Nueva Guerra Fría y nuevos incentivos?
-Usted plantea que hay un cambio de escenario global y una especie de dinámica de tensión entre la democracia liberal capitalista que empieza a mostrar problemas, puntos débiles, deudas pendientes, y autocracias que se han consolidado y han logrado, gracias a esa globalización empujada por la democracia liberal, llegar a otros confines que antes no alcanzaban. ¿Este marco revitaliza una especie de Guerra Fría con otro formato y ahora Rusia encuentra nuevos incentivos para acentuar su presencia en América Latina?
-Sé que hemos usado y abusado de la metáfora de la Guerra Fría. Yo mismo lo he hecho en alguna medida para mostrar que la confrontación no se trata sólo de una confrontación geopolítica sino que también hay ideación, mapas ideacionales, ideas por detrás. Algo hay de eso porque hay disputa sobre el mundo, no sólo sobre los recursos, sino también sobre el sentido del mundo, pero hay también algo muy parecido a lo que pasaba en los inicios de la Primera Guerra Mundial: tenemos dos grandes potencias, una establecida y una en ascenso, Estados Unidos y China, y potencias medias o menores o cercanas realineándose, como Irán o Rusia. Es un escenario mucho más fluido. Si tengo que detectar un patrón ideológico detrás de esto, es la idea de lo iliberal. Y aquí hay un problema para la política externa de Estados Unidos. En algunas interpretaciones, la actual administración ha intentado reeditar el alineamiento con China en la época de Nixon contra la Unión Soviética, que aquí sería un alineamiento con Rusia contra China. En otras interpretaciones, por afinidades iliberales del liderazgo ruso, que es más antiliberal, y de parte del liderazgo norteamericano. Pero aquí hay un problema: ¿por qué Estados Unidos corteja a Rusia? Lo vemos en la ayuda a Ucrania, lo vemos en las presiones de Ucrania para ceder el Donbass. Y, sin embargo, Rusia sigue haciendo operaciones de influencia y de espionaje en el traspatio de Estados Unidos. Esto es una presión para los aliados internos de Rusia en la cúpula norteamericana, una presión que apunta a una pregunta: a dónde conduce todo esto.

Trump y el “patio trasero”. ¿Qué chances tiene Rusia en América Latina?
-América Latina es concebida históricamente como el “patio trasero” de Estados Unidos. Pero Donald Trump le puso un foco muy destacado a su vínculo con algunos países, por ejemplo con Javier Milei, o a su voluntad de cambiar regímenes cuestionados históricamente como el de Venezuela y ahora el de Cuba. ¿Ese cambio de estrategia de Estados Unidos o esa acentuación de una presencia clara, inclusive militar, extrayendo un presidente de la región y juzgándolo en la justicia norteamericana, cambia los incentivos no sólo para Rusia, sino también, por ejemplo, para China, que siempre se manejó con una lógica del soft power?
-Sí, esto va a empezar a cambiar cosas si se concreta: Trump tiene un reto electoral en noviembre. Hay una diferencia fundamental: con Estados Unidos, estamos ante una democracia erosionada por una administración iliberal, pero no es una autocracia donde Estado, gobierno, caudillo, partidos son la misma cosa como en China y en menor medida, en Rusia. Hay una diferencia de régimen importante a la hora de la comparabilidad. Pero efectivamente con la doctrina de seguridad nacional, la estrategia de seguridad nacional, hay un intento por relanzar un perímetro en América Latina que excluiría a Rusia y a China. Eso manda señales ambiguas. Por un lado, con Rusia hay una especie de entendimiento respecto de Ucrania: te quedas con aquello y no te metas acá. Pero bueno, no depende sólo de los rusos y norteamericanos; depende de la voluntad de Ucrania y de Europa, y está resistiendo. Y por otro lado, en América Latina, lo que pasaría es la salida de Rusia como socio económico en la economía gasífera, hidrocarburos y los contratos militares. Y algo que al Estado ruso le importa tanto o más que al chino, porque China juega al leverage económico, que es el prestigio y la presencia geopolítica: un viaje de bombarderos Tu-160, una escala, unos barcos, unos contratos de armas. Rusia sabe que no puede competir económicamente ni con Estados Unidos ni con China; tiene que utilizar estos elementos de poder que están entre poder duro y poder blando para demostrar prestigio y fuerza. La estrategia de Trump en América Latina efectivamente los sacaría de la región si se logra desarrollar con coherencia en lo que queda de la administración Trump y por los sucesores.
“Que China espía en América Latina con tecnología de comunicaciones no es un riesgo; es una realidad. Hay datos que lo confirman”
“Anti imperialismo yanqui”. ¿La coartada para la estrategia de Rusia y China?
-Es interesante: Rusia es el más pobre de estas potencias que juegan sus fichas en el tablero de América Latina y por eso tiene que recurrir a estrategias simbólicas. Hay una América Latina que ve con muy malos ojos lo que considera el “imperialismo yanqui”, Estados Unidos. ¿Por eso Rusia intenta simbólicamente captar esas voces de influencia que están de su lado?
-Claro, siempre el anti imperialismo en América Latina ha sido en buena medida antiamericanismo porque no se ha padecido la invasión de una autocracia, y qué bueno que así sea. Se ha padecido que un régimen democrático como Estados Unidos apoye a gobiernos autoritarios. Lo sabemos en Sudamérica, por ejemplo: en la Guerra Fría, con la dictadura argentina, parte del establishment norteamericano, el más vinculado a los sectores de espionaje y de seguridad, apoyaban a los regímenes militares en medio de la Operación Cóndor, pero también parte del Departamento de Estado y de la sociedad civil y de la élite lo denunciaba. Representa una diferencia cualitativa, pero sin ninguna duda ha habido una huella de una especie de imperialismo más agresivo a finales del siglo XIX y principio del XX, con el corolario Roosevelt y menos agresivo después con “el buen vecino”, y luego un poco reactivado con la guerra fría, pero variable. Y esto ha servido para que Rusia y otros países como Cuba, como actor regional, o Irán o China proyecten que son un aliado amable económico o político para el Sur Global y sobre todo, para América Latina. El problema es que son aliados complicados: proyectan un modelo de sociedad distinto al modelo de sociedad que históricamente se ha mantenido en América Latina. América Latina fue constitucional, republicana y más o menos liberal y democrática desde su independencia hasta la fecha, con períodos de dictaduras. No somos un continente de autocracias; somos un continente de repúblicas antes que lo fuera Europa. Eso introduce una variable distinta incluso entre las personas que son críticas al statu quo. Cualquier grupo o movimiento intelectual de izquierda estimado en América Latina considera normal trancar una calle, hacer un manifiesto en una universidad normal, cuestionar al gobierno de turno o al aliado internacional. Eso no es normal en Rusia o en China. Y lo último en este punto: América Latina tiene un problema, que no ha sido incapaz de tener una voz colectiva. Carlos Malamud y distintos autores lo han planteado: la falta de una voz colectiva para la gestión de los problemas colectivos de la región. Ante eso se creó un vacío que es aprovechado por otros actores, por Estados Unidos, por ejemplo.

China vs. EEUU. ¿Qué ventaja competitiva tiene China en América Latina?
-China, que cada vez tiene mayor poderío militar… por supuesto Estados Unidos lidera en esos términos en el mundo, pero China se le está acercando con un desarrollo cada vez más sofisticado, por ejemplo, de la inteligencia artificial. Por otro lado, China es la segunda potencia económica. ¿Qué pone en juego China en América Latina? Rusia es pobre, entre comillas, entonces pone capital simbólico: con poca plata, intenta hacer algo. ¿Qué pone en juego China para influir en América Latina?
-China pone en juego construcción de infraestructuras, créditos, compra de commodities. Es el principal socio comercial de Colombia para abajo en América Latina. Estados Unidos sigue siendo la primera potencia del mundo, pero no ha tenido la voluntad y/o la capacidad para sustituir eso. Además es dudoso cómo lo puede hacer: Estados Unidos tiene un problema con la base industrial, en cambio la base industrial china ha crecido más de lo que la base industrial norteamericana ha revertido su desindustrialización. En China, se plantean algunos escenarios para dentro de dos años, cuando la producción de aviones de combate igualaría la cantidad de la Fuerza Aérea norteamericana, los marines y la Navy, y en dos años más, más lo superaría. Estamos hablando de un reto sistémico que ni siquiera la Unión Soviética planteó alguna vez. Pero en América Latina los chinos parecerían ser prudentes, aunque no sé hasta cuándo: cómo reaccionarán a la eventual salida de ciertos mercados y alianzas. Pero en tanto las alianzas de China con países de América Latina no son una alianza militar sino que es la economía la que manda, Estados Unidos puede hacer poco. Evan Ellis, el académico norteamericano, hizo un estudio sobre los límites de la posibilidad de recuperación norteamericana de la región, sobre todo sobre la necesidad de una coherencia en su estrategia, y de cómo China iba a reaccionar. No vamos a ver un desplazamiento total de China sino más bien una recuperación del control en ciertas áreas como Caribe, Centroamérica, que sería el perímetro de Estados Unidos.
-Cuando Donald Trump decidió tomar el toro por las astas en Venezuela, ninguna de las autocracias socias de Venezuela tuvo una intervención destacada, ni Rusia ni Irán ni China.
-No, y ahí hay un problema tremendo: las democracias liberales que planifican, que tienen una postura que a ti y a mí nos parecería más coherente en términos de relación entre medios y fines y valores, más sostenibles, tienen el problema de planificación. En cambio, las autocracias son decisivas, centralizadas y opacas. En ese sentido, hay un punto a favor de la administración Trump, más allá de lo que pensemos del personaje y de sus estilos e ideas: Trump actúa de una manera decisiva en un momento en que, por lo menos en Latinoamérica, se le había dado demasiado espacio no ya a los enemigos de Estados Unidos sino incluso a los enemigos de la sociedad abierta que es el modelo de la democracia en América Latina. Ahora bien, más allá de decisiones, más allá del momento del loco, eso requiere decisiones planificadas y sostenibles. ¿Hasta qué punto eso es sostenible? No sé. ¿Por qué se tuvo que llegar una acción militar de este tipo para destrabar la puerta de un país como Venezuela, donde había un reclamo mayoritario de un cambio político al que América Latina fue sorda? Lula susurró algo, pero fue sordo; Sheimbaum apoyó al statu quo del madurismo; Petro, bueno… Petro un día decía tres cosas distintas. Hay un fracaso de América Latina y de la CELAC y de todos los espacios, incluso la OEA, para actuar en la defensa de la seguridad democrática, no solo la seguridad nacional, que es aprovechada por oportunista, por los otros actores.
Trump y las autocracias. ¿Contra todas o contra algunas? ¿Autocracias imperialistas vs oligárquicas?
-En Estados Unidos también hay algo paradójico. Por un lado, Trump decide ponerle un límite a ese avance opaco y a esa influencia de las autocracias en América Latina. Pero por otro lado hay muchísima investigación publicada sobre la presencia de Qatar en Estados Unidos, cientos de millones de dólares puestos por Qatar y la Fundación Qatar en universidades, en think tanks. Inclusive en regalos para Trump, como el Boeing que le regaló el gobierno de Qatar a Trump, que lo aceptó muy feliz para usarlo en sus viajes presidenciales. Entonces no es sólo China, no es sólo Rusia, no es solo Irán y su presencia en América Latina; también las autocracias del Golfo Pérsico petrolero están llegando a América. A esas autocracias Trump no parece ponerles un freno. ¿Cómo se interpreta eso en este contexto?
-Hay una diferencia axiológica. En los otros casos de Rusia o China hay una disputa que se puede explicar axiológicamente, y también pragmáticamente: son challengers, retadores geopolíticos. En estos casos los países del Golfo Pérsico son países notablemente enriquecidos, pero su política exterior no amenaza o no parecería amenazar el predominio de Estados Unidos. Y hay un tema de traducibilidad: entre un emiratí o un emir o una figura enriquecida en esos países y la oligarquía norteamericana o rusa, hay traducibilidad. Tienen negocios conjuntos, comparten estilos y modos de vida. En este tema no hay solamente una disputa entre democracia y autocracia: si fuera así, sería muy pobre nuestra visión del mundo. Aquí hay formas intermedias, con una oligarquía, como un grupo de poder, que está en todos estos países. En algunos casos, está sometida a un partido único. En otros casos, es el modelo de poder, en otros casos el modelo es monárquico. En los casos de Qatar o Emiratos se puede ver la presencia de vínculos y de dinero entre esa élite y parte del actual establishment americano bajo una lógica oligárquica, cleptocrática, que no cuestiona que hay otro desafío entre regímenes mucho más grande que comparten una postura activa de transformación. Los qataríes quieren influir, quieren ganar dinero, quieren tener diplomacia pública y los emiratíes también, pero dependen armamentísticamente de Estados Unidos. No proponen un rediseño del Golfo Pérsico ni de Occidente ni del Sur Global. Para nosotros es problemática con la democracia, sin duda, porque en esos países no hay plenos derechos para las mujeres, para la ciudadanía, pero no están planteando un desafío geopolítico.

-No hay una voluntad civilizatoria, de expansión civilizatoria por parte de esos países. Sí la hay en el caso de Irán o eventualmente de Rusia sobre Europa o de China.
-Si, los países del Golfo Pérsico quieren influir, tener dinero, tener juegos en las cuotas de poder, en la ronda petrolera, pero no plantean un rediseño ni confuciano, ni islamista, ni gran ruso del mundo. Hay una cosa distinta.
China en la Argentina. ¿Telecomunicaciones y espionaje?
-Dos últimas preguntas. En la Argentina, se debate la presencia china en una base observatorio y hay dudas de si hay operaciones de espionaje como plataforma para operaciones de inteligencia global. ¿El factor espionaje es una herramienta de los chinos en América Latina? En Estados Unidos, hubo polémica por esa suerte de globo que estuvo sobrevolando varias regiones: se habló de la posibilidad de que fuera un globo espía chino. ¿Qué riesgo hay de que China espíe a través de esa tecnología o a través de las tecnologías de telecomunicaciones como algún tipo de celular?
-No es un riesgo; es una realidad por dos razones. Primero, porque las grandes empresas tecnológicas chinas, Huawei entre otras, tienen un ensamble con el sistema político del Partido Comunista. Eso es un dato. Y segundo, porque no hay gran potencia que no aspire a una hegemonía global como China, más allá del lenguaje pomposo, barroco y literario con que lo disfrace, que no tenga detrás una relación de poder directo. Si no, serían simplemente empresas transnacionales, no países, que querrían ganar dinero. Lo mejor para ver una casa es ver el bosque. No es solo la estación que puedan poner Neuquén o en zona del país, las que tengan o las que puedan poner. En Cuba está la estación Lourdes: fue construida por los soviéticos en los ‘70 para hacer radio inteligencia sobre Estados Unidos. Ahí se captaba hasta el 75 por ciento de las señales del territorio continental norteamericano. En esos años, con esa tecnología, era procesada por ahí toda esa información, más allá de que se pudiera decodificar o no. Hoy se plantea y hay un estudio de Ryan Berg, del Center for Strategic and International Studies (CSIS) y otros colegas, que afirma que China ha tomado ese espacio, lo ha modernizado, usufructúa esa información y le paga dinero a Cuba por eso. Es normal que toda gran potencia, más allá de que nos guste o no, tiene un interés no sólo en influir económicamente sino también en influir culturalmente, en tener poder duro, leverage. Poder duro va desde la inteligencia hasta la fuerza armada. Por eso no es una sospecha; es una realidad.
Milei vs. kirchnerismo. Los riesgos del espionaje internacional en Argentina
-La última cuestión: la Argentina, con un gobierno como el de Javier Milei comparado con los gobiernos de signo kirchnerista, ¿en qué momento está más permeable a una infiltración de estas autocracias?
-Ahora hay menos posibilidades. Menos en el sentido de que tienes una dirección del aparato institucional del Estado, seguridad pública, Bullrich y otras personas que conocen lo que tienen enfrente. Hay una voluntad política distinta, más allá de que el leverage y la presencia económica China es insustituible. Pero hay una voluntad política de darse cuenta, de no jugar en la misma cancha. En los gobiernos anteriores no sólo no había voluntad política sino que había una alianza tácita. Había un vínculo deseable a partir de esta idea del Sur Global con China, con el eje bolivariano. La influencia económica, que es importante, no desaparece, pero creo que hay un relativo margen de maniobra para que desde el Estado se ponga un alto a la connivencia y a los vínculos con estas autocracias con las cuales se puede y se debe tener relaciones económicas: son las reglas del mundo. Pero hay que tener en cuenta que sus intereses y, sobre todo, su modelo de sociedad no es el modelo de sociedad en el que hemos vivido la mayoría de los latinoamericanos la mayor parte del tiempo. Cuando no hemos vivido allí, sobre todo con dictaduras militares, lo hemos denunciado y condenado apelando justamente a la democracia liberal. Eso es algo que tendríamos que tener en cuenta.








