El amor no está en el aire: está en la cabeza
En El cerebro enamorado, el biólogo madrileño Miguel Pita desmenuza el costado científico del lazo amoroso: del flechazo a la ruptura, las hormonas y los circuitos cerebrales mandan
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Los efectos son inequívocos: modifica el estado de ánimo, altera los niveles de energía, desconcentra y confunde, revuelve las tripas… ¿El alcohol? No. Es algo parecido: el amor romántico. “Una especie de borrachera maravillosa, imprevisible, descontrolada e incomprensible”, define el biólogo madrileño Miguel Pita en El cerebro enamorado, su nuevo libro recién publicado acá. Con un tono muy didáctico, describe el amor con un prisma teórico y cuenta qué pasa adentro de nuestra cabeza desde el flechazo hasta la separación: si es cierto que el enamoramiento es un rasgo exclusivo de los humanos, la ciencia nos hace entender que es algo irracional.

Sin razón aparente, Iñigo y Raquel, dos personajes imaginados por Pita para ejemplificar el proceso del enamoramiento, se conocen en una fiesta en casa de una amiga común y en sus respectivos cerebros se desata una catarata de reacciones. Ellos son las versiones literarias del Microtus, el ratón de laboratorio que los científicos estudian para conocernos a nosotros. Al haber match entre ambos, como se dice ahora, un microscopio poderosísimo nos mostraría la activación inmediata de las hormonas (la testosterona y los estrógenos) y cómo el cerebro de cada uno se convierte en un Lollapalooza de moléculas: “Es la famosa dopamina, junto con la oxitocina, que, como no podía ser de otra manera, desempeña un papel determinante en estas etapas tempranas del amor”, explica Pita. En el flechazo, todo es promesa y expectativa: ante el estímulo amoroso, la liberación de dopamina provoca un placer anticipado porque el cerebro imagina situaciones del futuro que se anuncian como gozosas.
“Una especie de borrachera maravillosa, imprevisible, descontrolada e incomprensible”, define el biólogo madrileño Miguel Pita
El amor no está en el aire: está en la cabeza. Leo y aprendo que durante las relaciones sexuales se produce “la gran tormenta simultánea de dopamina, oxitocina y otras moléculas implicadas” y que después, cuando se establece la pareja formal, si es que ocurre, la dopamina baja pero es reemplazada por otros compuestos que conducen a la estabilidad y la fidelidad. Los neurotransmisores hacen más por el amor romántico que cualquier canción de Marco Antonio Solís: en El cerebro enamorado, los entes minúsculos que circulan por las autopistas cerebrales promueven el amor y el sexo y, con el acto en cuestión, aseguran la continuidad de la especie (Pita no explica qué pasa en el enamoramiento entre personas del mismo género: ofrece únicamente ejemplos heterosexuales). La persona enamorada solo puede pensar en el sujeto de su afecto: la presencia del otro provoca un estado de “enajenación amorosa” con la que se pierde, al menos por un rato, el control de las emociones. Según el biólogo, “enamorarse consiste en algo parecido (más complejo y sano, pero parecido) a convertir a otro individuo en una droga a la que engancharse”.
En el flechazo, todo es promesa y expectativa: ante el estímulo amoroso, la liberación de dopamina provoca un placer anticipado
“No hay nada más difícil que vivir sin ti…”, se dirán Iñigo y Raquel hasta que no se lo digan más. El culebrón de El cerebro enamorado termina con la separación de nuestra pareja: si “(casi) ningún cuerpo podría aguantar el desquiciado estado fisiológico y neurológico del enamoramiento agudo durante décadas”, como dice el biólogo, ellos deciden no pasar al amor maduro sino seguir sus caminos por separado. Y acá también se activan las moléculas y los neurotransmisores, aunque en otro sentido: por más corazón que le pongamos, somos nuestro cerebro.
ABC
A.
La ciencia estudia el enamoramiento en distintas etapas: la euforia previa al noviazgo y los encuentros presenciales, donde se liberan dopamina y oxitocina.
B.
En las relaciones sexuales, la liberación de las moléculas alcanza su punto álgido; en la constitución de la pareja formal, la dopamina se reduce.
C.
El libro El cerebro enamorado de Miguel Pita, doctor en Genética y Biología Celular, narra el “viaje biológico” que se produce durante el amor.
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