
Precariedad laboral, abuso de autoridad y una realidad muy distinta a la de Downton Abbey
Lo que hay entre los de arriba y los de abajo: el sótano o el altillo, los dos espacios que conservaban en las mansiones inglesas
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“¡Oh, Señor, mantennos en nuestro lugar!”. Cada mañana, los sirvientes de una mansión inglesa pedían en sus oraciones matutinas que Dios los conservara allí donde pertenecían: el sótano o el altillo. Tenían claro cuál era su sitio así como todo lo que no podían hacer: “No sonreirán por las anécdotas que cuenten en su presencia, ni demostrarán en modo alguno que escuchan las conversaciones familiares, ni las charlas en la mesa ni con los visitantes, ni intervendrán en ellas”, y mil prohibiciones más, como acredita Nunca delante de los criados, el libro que el periodista inglés Frank Victor Dawes escribió hace cincuenta años y que se reedita ahora: mientras se filma la tercera película de Downton Abbey, una disección del servicio doméstico en el Reino Unido, el país que inventó a las sirvientas.
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