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Hace veinte años fue noticia en la televisión norteamericana un turista chino en Nueva York que había filmado a su hijo pequeño corriendo en remera con temperaturas bajo cero. De nada sirvió que el padre explicara que era su rutina habitual para templar el espíritu de su hijo. Irremediablemente, su cabeza rodó por los paneles televisivos. Hace ya mucho que la autoridad –docente, médica, policial, judicial– está jaqueada.



