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El último domingo del año, un balance de lo que no hice: en 2024 no fui a la Bombonera ni al Colón, no aprendí a hablar en italiano, no invertí en criptomonedas. Tampoco saqué entradas para ir al festival donde el rock vive, ni conocí ese pueblito con la pulpería del que hablan todos, ni empecé a leer En busca del tiempo perdido. Fue un buen año.



