
A 100 años de la caída del principal caudillo blanco del Uruguay
Honran la memoria de Aparicio Saravia
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MONTEVIDEO.- Perdido en medio del campo, en medio de la nada, un pequeño museo que pocas personas visitan conserva lo que para una buena parte de los uruguayos es, en estos días, uno de los tesoros más preciados: el poncho blanco que lucía hace 100 años el caudillo Aparicio Saravia.
Muchos dicen que fue justamente ese poncho el que lo convirtió en un objetivo fácil y, entonces, una bala lo dejó tendido en el piso, en medio de la batalla. Ahí se acabó su revolución y nueve días más tarde -un 10 de septiembre como el de ayer, pero en 1904- también se acabaría su vida. A partir de entonces, quedó como el símbolo más fuerte de uno de los dos partidos políticos tradicionales de Uruguay: el Partido Nacional, más conocido como Blanco.
Ayer fue feriado en Uruguay, aunque la ley lo dispuso sólo por esta ocasión. Puede llamar la atención que la conmemoración que con tanto entusiasmo han hecho los blancos, se hiciera coincidir con la fecha de su muerte y no la de su nacimiento, pero éste es un año electoral y el Partido Nacional entendió que con esto se daba una inyección de fuerza y producía un contagio de emociones. Eso le daba impulso en la carrera a los comicios, luego de que la última elección nacional (1999) marcara la derrota más dura de la historia para esa colectividad política.
A menos de dos meses de las elecciones, los blancos son los que amenazan con complicar el acceso de la izquierda al gobierno. Las principales encuestas dan 46%, para el Frente Amplio, y 32-33%, para los blancos.
Los festejos se iniciaron el 1º de este mes, cuando la dirigencia del partido Blanco se trasladó a Masoller, una localidad en el norte del país donde, en 1904, se produjo la batalla en la que Saravia fue herido de bala. La fórmula presidencial integrada por Jorge Larrañaga y Sergio Abreu llegó a caballo al lugar, lo que también hicieron muchos dirigentes nacionalistas.
El homenaje (con una especie de recreación de la batalla) tuvo el característico desorden de un partido político marcado por los enfrentamientos internos y las divisiones, lo que durante décadas fue aprovechado por el Partido Colorado para mantenerse en el gobierno. Justamente, la llamada revolución de 1904 fue un levantamiento contra el gobierno de José Batlle y Ordóñez, la figura política más importante de la historia uruguaya, que fue elegido con algunos votos de senadores blancos disidentes de la orientación mayoritaria. Fue el ejército del gobierno de Batlle el que dio muerte a Saravia y el que terminó marcando el destino social, político y económico de Uruguay, luego del fin de aquel levantamiento.
Hijo de padre brasileño y cuarto de trece hermanos, desde adolescente se volcó a la lucha partidaria, que, por entonces, no se limitaba a la competencia de votos, sino a terribles batallas de a caballo. Precisamente, su levantamiento contra el gobierno fue con la bandera de libertades electorales para su partido, bajo el argumento de que el gobierno del Partido Colorado mantenía condiciones que impedían una alternancia en el poder e incluso el control de las minorías en el Parlamento.
Ayer, se hicieron homenajes en el cementerio donde están sus restos (en el interior) y frente a su monumento en Montevideo, que curiosamente se encuentra a pocos metros de la residencia presidencial, en la que vive el actual jefe del Estado, Jorge Batlle, sobrino nieto de aquel hombre que gobernó Uruguay en dos períodos, pero que dejó una marca más allá de ese tiempo; además, fue quien puso fin a Saravia.
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