A 100 años de la recreación del regimiento que escolta al presidente

Lo restituyó Roca el 25 de mayo de 1903; desde entonces mantiene alto el ideal sanmartiniano
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25 de mayo de 2003  

Creados por el general José de San Martín en 1812, la historia de los Granaderos a Caballo es una sucesión de sacrificios y batallas, aunque los tiempos cambien y los enemigos sean diferentes.

Hoy -casualmente cuando la Revolución de Mayo cumple 193 años- también esta fuerza militar tiene motivos para estar de fiesta. Vestidos con la más lujosa gala escoltarán, custodiarán al presidente que hoy asume y festejarán los cien años desde el día en que -plumazo mediante del entonces presidente Julio Argentino Roca- fueron recreados como regimiento, tras un largo sueño de 77 años en que estuvieron inactivos, desde que Rivadavia decidió disolverlos, en 1826. Vamos por partes.

Año 1812. El país no era aún un país. Muchos querían independizarse de España, pero no eran pocos los que veían más conveniente mantener los lazos coloniales con Fernando VII, aunque con la posibilidad de elegir autoridades propias. En España, claro, no pensaban lo mismo y desde Chile y el Alto Perú los realistas -partidarios del rey- amenazaban con recuperar el terreno perdido los últimos dos años.

"Es cuando aparece en escena San Martín", explica a LA NACION Julio Luqui Lagleyze, un experto en historia militar del Instituto Sanmartiniano. "Se toma muy a pecho la tarea de terminar con la amenaza realista", agrega.

Cuerpo de elite

Lo primero que hace San Martín, ya un "joven veterano" de las guerras en Europa, es solicitar al Triunvirato la creación de un regimiento de granaderos a caballo y aplicar la nueva táctica francesa de caballería. "De alguna manera, quiere emular al ejército vencedor de la época, que es el de Napoleón -continúa Luqui Lagleyze-. De ellos toma los granaderos de caballería franceses, que eran el cuerpo de elite."

Según el historiador, la creación del Regimiento de Granaderos a Caballo, que finalmente el Triunvirato autoriza, representó todo un intento -exitoso- de modernización de una fuerza local que era poco más que una milicia armada, en no pocos casos, con sólo lanzas y boleadoras.

Es la época de gloria de los granaderos. Desde los cuarteles del Retiro -hoy la plaza San Martín- parten en 1813 para protagonizar innumerables batallas. La de San Lorenzo, a orillas del Paraná, fue la primera. Participaron en el sitio de Montevideo, en el Ejército del Norte y en una de las hazañas militares más fabulosas de todos los tiempos: el cruce de los Andes, que permitió la liberación de Chile y de Perú.

Eran épocas de cargas de caballería. Los pelos largos, desgreñados, al viento, la barba espesa, el sable en mano. Matar, morir o quedar amputado. "De lo que mis granaderos son capaces sólo yo sé; quien los iguale habrá, pero quien los exceda no", dijo el propio San Martín.

Pasados trece años, en 1826 ya no quedaban realistas en América del Sur y 120 granaderos regresan a Buenos Aires. Sólo siete, o quizá diez de ellos, habían partido desde Retiro en 1813.

No fueron recibidos como héroes, ni mucho menos. Y ya entonces los granaderos conocieron un nuevo enemigo: la apatía, el olvido. Hasta que el presidente Bernardino Rivadavia, que no tenía buena relación con San Martín, propinó el golpe más duro: decidió disolver el regimiento.

"Es difícil determinar con toda certeza por qué lo hizo", confiesa Luqui Lagleyze. ¿Fue una venganza? ¿Fue el temor a una fuerza de elite, que poco sabía de derrotas y que podría volverse eventualmente incontrolable? Quizás haya sido, simplemente, la propia inercia de un tiempo en que varias cosas se disolvieron en el Río de la Plata. Un tiempo que fue la antesala de las guerras civiles entre unitarios y federales.

Lo cierto es que los granaderos no volverían a montar sus caballos hasta el 25 de mayo de 1903, cuando el presidente Roca decidió resucitarlos, o "recrearlos", como prefieren decir en los cuarteles de la calle Luis María Campos al 500.

Desde entonces las batallas se hicieron menos sangrientas, pero no menos difíciles. "Hoy, entre nuestras tareas principales, somos los encargados de la escolta y la custodia del presidente -misión encomendada en 1907- y también formamos parte del ceremonial del Estado, además de las funciones propias de toda unidad militar", explica el teniente coronel Alejandro Alberto Sangiorgio.

Pero tanto él como el jefe del regimiento -el coronel Hernán Prieto Alemandi- y los colaboradores del área de relaciones institucionales -las licenciadas María Eugenia Delgado y Silvana Elizondo- saben que la tarea más difícil es otra. Es el mandato de difundir y mantener vivos los valores sanmartinianos.

Quizá por eso desde hace algunos meses comenzaron a "cargar" nuevamente. No ahora contra los enemigos realistas, sino contra la apatía de la gente. Si las puertas del histórico cuartel de Luis María Campos 554 estaban abiertas para el público, ahora ellos mismos invitan a colegios -los jueves- y curiosos -los sábados- a acercarse.

Como anfitriones, los granaderos hacen de guías y hasta bailan con chicos y maestras. Y les está yendo muy bien.

Un paseo por el cuartel se completa con una visita a los artesanos que fabrican los morriones (gorros) uno por uno, las caballerizas, el museo -que exhibe trajes, cuadros y documentos- y la visión del célebre sable corvo de San Martín.

Mitos y curiosidades que rodean al cuartel

El general San Martín compró su sable corvo en Londres, de segunda mano, en 1811. De origen árabe, había comprobado la efectividad de esta arma luchando contra los moros en Orán y era toda una rareza a su llegada al Río de la Plata.

Esa es una de las curiosidades que surgen al recorrer el Regimiento de Granaderos a Caballo, integrado hoy por 850 efectivos y 350 caballos. Otras singularidades son éstas:

  • Los granaderos de San Martín usaban aros en sus orejas, que eran imposibles de quitar. Era una manera de mostrar valor, pero también de evitar deserciones.
  • La palabra granadero comenzó a utilizarse para designar a los soldados del ejército francés encargados de arrojar las granadas, arma que luego cayó en desuso. Pero en el siglo XVIII y buena parte del XIX granadero fue sinónimo de cuerpo de elite.
  • La altura de los granaderos pasó a ser un mito. Según afirman en el regimiento, hoy no se utiliza como criterio de selección.
  • El cuerpo de granaderos cuenta desde hace algunos años con personal femenino; es decir, con granaderas.
  • Contrariamente a lo que suele pensarse, los ejércitos realistas no estaban integrados sólo por españoles. "Eran casi todos sudamericanos. Nunca tenían más de un 25% de componente europeo", dice Julio Luqui Lagleyze.
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