A los 87 años, murió el historiador italiano Carlo Ginzburg, un intelectual que enseñó a no dar la realidad por sabida
Hijo de los escritores Natalia y Leone Ginzburg, el reconocido autor de “El queso y los gusanos” había recibido en 2023 un Diploma Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires
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A los 87 años, murió ayer en la ciudad de Bolonia el historiador Carlo Ginzburg, célebre autor de El queso y los gusanos e Historia nocturna. Hijo de los escritores Natalia y Leone Ginzburg, había nacido el 15 de abril de 1939 en Turín. Era padre de dos hijas y estaba casado con la historiadora del arte Luisa Ciammiti, que informó que el funeral de Ginzburg será este viernes.
Doctorado en Filosofía por la Universidad de Pisa en 1961, Ginzburg dio clases en la Universidad de Bolonia, en la Universidad de California en Los Ángeles y en la Escuela Normal Superior de Pisa. Sus campos de interés van desde el Renacimiento italiano hasta la historia moderna de Europa. Sus investigaciones, con un enfoque erudito, original y ético, influyeron en campos como la antropología, el arte, la literatura y la historiografía.

Ginzburg reveló que la pasión de su madre por la literatura, sumada a las historias que escuchó de pequeño sobre las persecuciones y la represión de la guerra (su padre era un militante antifascista, asesinado en 1944), fue decisiva para su formación. “Si alguien me preguntara cuál es el sentido de la historia, diría que es aprender a no dar la realidad por sabida”, dijo.
Con los historiadores Edoardo Grendi y Giovanni Levi, creó el género de la microhistoria; también reformuló el método indiciario, cuyos orígenes se remontan al tiempo de los cazadores, rastreadores y parteras, y que sistematizaron los médicos semiólogos en el siglo XIX. Se lo llamó el “Sherlock Holmes” de la historia.
Con su obra, Ginzburg reconstruyó el imaginario y la vida cotidiana de periodos históricos a partir de microcosmos bien definidos, dando voz a los que no suelen tener voz en la historia. En los archivos en el Friluli descubrió la historia del molinero friuliano Domenico Scandella, Menocchio, víctima de los procesos inquisitoriales en el siglo XVI. En El queso y los gusanos, de 1976, Ginzburg demostró la pervivencia de una religiosidad precristiana, que los inquisidores juzgaron como “brujería” y llevaron a Menocchio a la hoguera. “Yo no hago historia para mis colegas, sino para la gente”, declaró al diario El País.

En 1979, Ginzburg hizo una petición al papa Juan Pablo II para que abriese los Archivos de la Inquisición. No logró respuesta, pero en 1991 un grupo de universitarios logró acceso para revisar el material de los archivos. El cardenal Ratzinger (antes de convertirse en el papa Benedicto XVI) atribuyó a la carta de Ginzburg un papel clave en esa medida.
En Historia nocturna, de 1989, profundizó en las raíces antropológicas de la narración a través de textos variados como sermones y tratados de demonología, demostrando el modo en que pueblos antiguos concebían las relaciones imaginarias entre los vivos y los muertos; en El juez y el historiador, de 1991, aplicando el método indiciario, expuso la injusticia del juicio al intelectual izquierdista Adriano Sofri, su amigo, acusado de terrorismo con pruebas dudosas o amañadas.
“Mediante el ejemplo de su obra Carlo Ginzburg nos insta a meternos en el mar abierto del pasado, en sus peligros y también sus ocasiones para el heroísmo, al esforzarnos para hacer de la historia como reflexión una prueba de que la historia como acción no ha sido el cuento contado por el loco ni la pesadilla de la que no despertamos”, escribió José Emilio Burucúa en la introducción de Una historia sin final que reúne ensayos sobre iconografía e historia del arte.
En octubre de 2023, recibió el Diploma Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires en la Facultad de Filosofía y Letras. “Nací en una familia de judíos secularizados, no asimilados, por ambos lados, paterno y materno; incluso si, dado que la madre de mi madre no era judía, tampoco yo técnicamente lo soy, incluso cuando ciertamente lo era para los nazis. De la persecución que ha hecho de mí un niño judío tengo recuerdos muy vivos”, dijo Ginzburg en esa ocasión.
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