
A vuelo de Pájaro
En la galería Laura Haber se presentan trabajos de Raúl Gómez, apodado "Pájaro" porlas reminiscencias aladas de sus obras
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Mediaba diciembre de 2007, y en la costa aromada de salitre y trementina de pinares, haciendo proa al mar una flecha -¿una barca?, ¿ un arco?- se disparaba hacia el infinito. Y era su timonel -¿o su arquero?- quien de perfil y ropón negro ondeaba, también inmaterial, e ingrávido se asimilaba por ósmosis a su obra. "Tangata manu", musitó una periodista. Ante el asombro de Felipe Pino y Marianita Schapiro, tradujo del pascuense: "hombre pájaro". La avenida del Mar y Bunge tenía en la escultura Dibujando espacios , de Pájaro Gómez, el eje cordial de Pinamar. La gestora de la producción, financiación y emplazamiento fue Teresa Nachman -para los familares Taibe ("paloma", en idish)- que lagrimeaba como casi todos ante la fuerza de este vuelo.
Los ornitólogos informan que los escuadrones de una misma especie confían en su líder sobre la estrategia de vuelo. Y es el vigía quien determina, por la longitud de su trino, el derrotero por seguir, el campo aéreo propio del grupo. Maravillosa euritmia de la naturaleza que el artista -y todo otro indagador- procura conocer, seguir sin imitación tangible. Porque en todos los casos el meollo es promover la libertad, pilotear el viento, la búsqueda.
Enjuto, de perfil nazareno y magro como un castellano leonés, Pájaro Gómez es parco en palabras, de mesa breve y abundante en rigores de ejecución. Buscó mentores exigentes (Di Teana, Macchi) y, a no engañarse por su bonhomía, en Antonio Pujía. Rigores del dibujo, de la construcción, del laboreo, de las técnicas de la soldadura autógena y eléctrica, de las pátinas (¡ay, Pujía!), de la colada (maestro Bucchass), del comportamiento y ensamblado de maderas, metales y vidrios con sus respectivos comportamientos físicos y químicos. Súmese, claro está, el plus de la imagen que se debe acechar, escuchar, palpar sin certezas y lanzarse al espacio sin red de seguridad ni manual de instrucciones. Tales exigencias son análogas a las del soneto.
"Notable fuerza conceptual y formulación escultórica estricta": así definió Nelly Perazzo, adalid pertinaz de la escultura, la obra de Pájaro Gómez. Su aserto, inapelable, formulado en fecha temprana, convirtió el vaticinio en agorería cumplida. El ensimismamiento de esta rara avis enuncia la exigencia de una pasión que compromete la totalidad del ser.
De lo inmaterial, la muestra que Laura Haber organizó en su reducto frente a la Iglesia del Socorro, hace honor a la poética de Pájaro Gómez y es continuidad de otras exposiciones que hicieron centro en la escultura argentina contemporánea. Ese lenguaje que, a criterio de quien escribe estas líneas, es lo más abarcativo y singular del magín pergeñado bajo la Cruz del Sur. Y, asimismo, postergado por el comitente estatal y el coleccionista privado. Las excepciones son tan preclaras como escasas. Como el elefante de un cuento de Elsa Bornemann, la escultura ocupa mucho espacio.
La de Pájaro Gómez planea en el espacio. Traza arcos etéreos, se referencia a contraplano -y contracanto-, dibujando lacerías de acero. Cada obra remonta, siempre, a su aire. La autonomía de su vuelo despega desde el respeto minucioso de las metáforas, los materiales, los recursos y las técnicas.
FICHA. De lo inmaterial , esculturas de Pájaro Gómez, en la galería Laura Haber (Juncal 885), hasta el 12 de septiembre.
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