Adiós a Aurora Bernárdez, ángel guardián de Cortázar

La primera esposa y albacea del escritor, además de traductora, murió ayer a los 94 años en París, donde estaba internada desde el miércoles por un accidente cerebrovascular
Luisa Corradini
(0)
9 de noviembre de 2014  

PARIS.-Aurora Bernárdez, la primera esposa de Julio Cortázar y su albacea literaria, además de notable traductora, falleció ayer a las 8.25 de la mañana hora de París, en el hospital Sainte-Anne, ubicado en el distrito XIV, donde estaba internada desde el miércoles, después de ser víctima de un accidente cerebrovascular.

"Cuando sucedió, se quedó como dormida y nunca se despertó. Se puede decir que se fue apaciblemente", dijo a LA NACION uno de los diplomáticos de la embajada argentina en París.

El funcionario fue a visitarla anteanoche, acompañado por la flamante agregada cultural en París, la cantante Susana Rinaldi.

En ese momento, ya había llegado al hospital su sobrina, Alejandra, hija de un hermano de Bernárdez, que vive en Barcelona y solía viajar con frecuencia a París. Anoche, junto con el abogado de la primera esposa del autor de Rayuela, era ella quien comenzó a tomar las primeras disposiciones sobre la inhumación y los procedimientos testamentarios.

Según Alejandra Bernárdez, a los 94 años Aurora se movía sola sin problemas, acompañada por el mismo chofer de taxi que la llevaba a todas partes. "El miércoles fueron al dentista. Fue al salir que se produjo el ACV. Fue el mismo conductor que la llevó hasta el hospital", relató la sobrina de la traductora y albacea.

Aurora vivía en un edificio de cinco pisos ubicado en la Plaza del General Beuret, en el animado distrito XV de París, en el mismo sitio en que había convivido con Cortázar antes de separarse. Sin familia en Francia, hacía tiempo que una dama de compañía compartía su departamento.

Hasta anoche, se ignoraban las disposiciones tomadas por la familia, que dio instrucciones a la Agencia Carmen Balcells -representante literaria de Bernárdez y Cortázar- de dar la información de su fallecimiento a través de un comunicado hecho público en Madrid.

"Lamentablemente confirmamos la noticia. Aurora Bernárdez ha muerto esta mañana a las 8.25 en París", afirmó el director de la agencia, Guillem d'Efak Fullana Ferré, en un comunicado difundido ayer por la mañana.

Algunas fuentes allegadas a la desaparecida traductora afirmaban en las últimas horas, sin embargo, que Aurora Bernárdez será inhumada en el cementerio de Montparnasse, donde está precisamente enterrado su ex esposo, Julio Cortázar. Ése es el sitio donde el personaje de Horacio arroja un papelito en el último capítulo de Rayuela.

"A la altura del cementerio de Montparnasse, después de hacer una bolita, Oliveira calculó atentamente y mandó a las adivinas a juntarse con Baudelaire del otro lado de la tapia, con Devéria, con Aloysius Bertrand, con gentes dignas de que las videntes les miraran las manos", escribió su autor.

Por la intensa actividad que desarrolló durante medio siglo como traductora de los principales autores europeos y por su estrecha amistad con los escritores del boom, Aurora -como la conocía y la llamaba todo el mundo- se había convertido con el tiempo en un emblema de la colonia literaria latinoamericana de Francia.

Hija de padres gallegos -Francisco Bernárdez y Dolores Novoa-, vivió una parte de su niñez en Lugo, pero su familia regresó rápidamente a la Argentina, donde la joven estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires y se graduó de licenciada en Literatura. Fue hermana del poeta Francisco Luis Bernárdez.

Aurora Bernárdez estuvo casada durante 14 años con el autor de Rayuela. La pareja de separó en 1967, pero su relación amistosa e intelectual perduró hasta la muerte de Cortázar, en 1984.

Después del fallecimiento de la segunda esposa de Cortázar, la escritora estadounidense Carol Dunlop, Bernárdez asistió a su ex marido durante su enfermedad, una vez que le diagnosticaran leucemia.

Aunque nunca tuvo una actividad literaria destacada al margen de la traducción, su conocimiento y sus opiniones tuvieron una enorme gravitación en la generación del boom. Además de formar una "pareja amorosa que sabía enriquecer constantemente su complicidad", como reconoció el director literario de Editorial Sudamericana, Francisco "Paco'' Porrúa, Cortázar la consideraba siempre como su lectora más exigente y aceptaba disciplinadamente los comentarios que formulaba sobre sus manuscritos. Nunca los entregaba a su editor hasta que no obtenía el imprimátur de Aurora.

El mismo Porrúa cuenta que, al terminar Rayuela, Cortázar le escribió: "El libro tiene un solo lector: Aurora". Luego, sin ningún pudor, le confesó que cuando ella "llegó al final se echó a llorar". Para él, sin necesidad de escuchar el menor comentario, fue la señal de que podía enviarlo al editor.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.