
Adiós al amigo
Hace una semana murió Enrique Torroja
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Hace una semana murió Enrique Torroja. Era un amigo en el sentido amplio del término. Lo conocí hace más de treinta años, aunque no podría decir la fecha exacta de nuestro primer encuentro. Al conocernos, descubrimos que teníamos intereses comunes, que compartíamos ciertas antipatías y admiraciones artísticas. También el amor a las construcciones. Nunca sentí de su parte una señal de mezquindad. No era egoísta ni envidioso. Si todo esto no fuera suficiente, disponía de una amplia generosidad. Demasiadas condiciones, que se acentúan en tiempos de escacez.
Los efectos de su personalidad podían ser percibidos en el vínculo con sus alumnos. Mucho afecto y generosidad recíproca. Algunos de ellos lo acompañaron hasta el final, compartiendo dolores y sufrimientos. Qué decir de su marchand, Niko Gulland, con ella los límites productor-vendedor estaban visiblemente borrados por una relación amistosa muy antigua.
Fue Torroja el que nos vinculó a muchos colegas con ella. Compartíamos momentos de alegría, de risas y sonrisas. A ese lugar de momentos felices, su galería, volvimos los amigos y colegas a despedir los restos de Enrique. En este tiempo de dolor y recuerdos, miramos detenidamente su obra, esas imágenes son un abanico de sensaciones, donde las líneas, las formas y los colores estimulan un deseo visual. Es una sensación casi táctil. No hay nada intelectual en esta experiencia. Simplemente un vínculo con lo que se siente.
El encuentro con Enrique y su mujer Nuni, en la segunda mitad de la década del 60, fue seguramente en el Café Moderno, en el Di Tella o en las galerías de Florida. Participé con él en varias exposiciones, quisiera recordar aquellas que para nosotros estuvieron cargadas de sentido. La primera, en el Museo Nacional de Bellas Artes, en 1967, se llamó La visión elemental , integrada además por Gabriel Messil, Juan Antonio Sitro, Dalmiro Sirabo y César Paternosto. Una particularidad de esta muestra fue que una parte de las construcciones se realizaron en la misma sala donde luego fueron mostradas. Era divertido moverse entre serruchos, cortadoras y clavos. La segunda fue en lo Ruth Benzacar, en Talcahuano. Se llamó Cinco pintores geométricos , con Mercedes Estevez, Chito Méndez Casariego, Gabriel Messil, Alejandro Puente y Enrique Torroja.
Enrique, llevo en mi memoria una imagen de gestos repetidos que te identificaban, levantabas los pantalones con las manos cerradas, no con los dedos, e inmediatamente te acomodabas el pañuelo que siempre llevabas en el cuello y te gustaba lucir. Gesto de porteño canchero.
Chau, flaco Torroja.
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