Adiós al artista Vicente Rojo, diseñador de tapas de libros que hicieron historia
A los 89 años, murió anteayer “un triple agente de la cultura mexicana”; fue el autor de la emblemática imagen de “Cien años de soledad”, además de ejemplares de sus amigos Elena Poniatowska y Octavio Paz
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Dos días después de cumplir 89 años, murió en Ciudad de México el artista, editor y diseñador mexicano de origen español Vicente Rojo Almazán. Había nacido en 1932 en Barcelona y, en 1949, llegó a los diecisiete años a México, donde residía su padre, refugiado político del franquismo. Estudió varios años en La Esmeralda, la escuela de artes donde fueron maestros Diego Rivera, Frida Kahlo y Agustín Lazo, entre otros. Hizo su primera exposición en 1958, en una galería independiente. “Aquí -dijo, en referencia al país de Rufino Tamayo- fue donde empecé a ver el arte prehispánico, colonial, muralismo, el arte popular que siempre me ha interesado mucho; o sea que mi aprendizaje, mi conocimiento, fue en México”. En 1957 se casó con la editora y gestora cultural Alba Cama, que murió en 2003. La hija de ambos, la matemática y escultora Alba Rojo Cama, falleció en agosto de 2016. Ese mismo año, se unió a la escritora Bárbara Jacobs, que comunicó la noticia de la muerte de Rojo, por complicaciones cardiacas.

Además de su labor artística, asociada a la abstracción y la geometría, se lo reconoce como el creador de más de novecientas portadas de libros de autores latinoamericanos, entre ellos, Gabriel García Márquez, Elena Poniatowska, Sergio Pitol, Juan José Arreola, Carlos Monsiváis, Augusto Monterroso y José Emilio Pacheco. “Las portadas tienen que estar ligadas al texto -dijo en una entrevista-. Según mi manera de hacerlo, una portada tiene que sugerir un interés por el libro, que no esté delatando lo que hay en el libro”. Los que hayan visto alguna vez las tapas de los libros de la editorial ERA (que Rojo cofundó en 1960 con Tomás y Neus Espresate y José Azorín) suscribirán las palabras del artista.
Una de las características de las portadas de Rojo, así como también de sus pinturas, instalaciones y esculturas, es el uso de las figuras geométricas. La famosa tapa de la segunda edición de Cien años de soledad, de García Márquez, publicada por Sudamericana, así lo revela, con la imagen de unas piezas del juego “macondo” (el mismo nombre del pueblo de los Buendía y de un árbol), y con la letra e invertida en la palabra “soledad”.
El otro aspecto que se destaca en sus tapas es el uso del color. “Siempre pinto todo lo que tengo a mi alrededor, es decir, me inspira lo que está alrededor mío, que incluye geometría, personas, texturas, cine, música, y la geometría forma parte de ese mundo en el que yo trato de moverme”, declaró. Con el médico y escritor Arnoldo Kraus, llevó adelante un proyecto literario-visual en varios libros: Apología del lápiz, Apología del libro, Apología de las cosas y Apología del polvo. El volumen Biblioteca personal: letras pintadas, de 2012, reúne una amplia selección de su obra plástica y como diseñador. Diario abierto, de 2013, compila textos que publicó en libros, revistas y suplementos culturales. Fotos y pinturas suyas ilustraron poemarios de su amigo, el mexicano José Emilio Pacheco, como Jardín de niños y Circos, que luego se transformó en una exposición.

A partir de la década de 1950, Rojo comenzó su recorrido en el pujante ámbito editorial mexicano, primero en el departamento de ediciones del Instituto Nacional de Bellas Artes. “Tuve un primer maestro en tipografía que fue Miguel Prieto, y enseguida conocí a quien ha sido mi gran maestro, Fernando Benítez, con él yo compartí 50 años de trabajo, de relación de amistad, de afecto, de cariño, y con él realmente aprendí no solo a conocer, sino a querer a México”, dijo. Cofundó en 1953 la revista Artes de México y en 1965 participó de Revista de Bellas Artes; también trabajó en el suplemento “México en la Cultura” del diario Novedades, como director artístico y editor. Colaboró con la Revista de la Universidad de México, de la Universidad Nacional Autónoma de México, y en suplementos culturales de otros diarios y revistas, como La Gaceta del Fondo de Cultura Económica, Nuevo Cine y Diálogos. Rojo colaboró en el diseño de la revista Plural, dirigida en su primera época por Octavio Paz, con el artista argentino-japonés Kazuya Sakai, que entonces residía en México. También trabajó en la refinada editorial Joaquín Mortiz. Para Octavio Paz, creó tapas y diagramas de los libros Discos visuales, Marcel Duchamp (con un ensayo del Premio Nobel de Literatura mexicano y textos del artista francés traducidos por Tomás Segovia) y el poemario Blanco.
Entre otros reconocimientos, obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes de México y el Premio México de Diseño, ambos en 1991, y la Medalla al Mérito en las Bellas Artes, en España, en 1993. En 2006, el gobierno español le otorgó la Condecoración de la Encomienda de la Orden de Isabel la Católica. A partir de entonces y hasta los últimos años, su obra artística, orientada a la abstracción y el juego con colores y texturas, fue recuperada con nueva mirada por curadores como Cuauhtémoc Medina y Amanda de la Garza que, en Escrito/Pintado, una muestra retrospectiva de 2015 dedicada a Rojo, definieron al artista como “un triple agente de la cultura mexicana”, por su trabajo como pintor, editor y diseñador.
Tras el anuncio de su muerte, el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, así como también escritores y artistas, despidieron a Rojo. La Secretaría de Cultura mexicana y el Instituto Nacional de Bellas Artes anunciaron que se realizará un homenaje al artista español que amó a México en el Museo de Arte Moderno con una gran retrospectiva.
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