Alegría pura
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Estallido de colores que no hacen más que transmitir alegría. Calesita, carrusel, tiovivo son los nombres que tiene este divertimento que en realidad no surgió para cumplir esa función. En la época del Imperio Bizantino (desde 330 hasta 1453), se utilizaba en el ámbito militar para entrenar a los soldados, quienes atacaban a los caballos que aparecían con los giros. Luego, con el tiempo, fueron ganando espacio en las plazas para que jugaran los niños. Como este de la foto, que disfruta de una vuelta montado a un caballo que sube y baja. Siglos han pasado y sigue vigente, sobre todo en el recuerdo de todos los que la han disfrutado en la infancia. La música, las luces, la elección del juego donde sentarse se suman a la emoción de la esquiva sortija que garantiza el triunfo de ganarse una vuelta gratis. Placeres simples, pequeños y hasta ingenuos, pero con qué poco se puede generar la ilusión de lo lúdico.
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Solo un puñado de canciones eternas
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