
Alejandro Furlong
1 minuto de lectura'
¿Mecenas, coleccionista, economista, marchand, criador de caballos? En los años ochenta fue un imbatible promotor del arte, vocación que descubrió por el camino menos obvio. A los 24 años viajó Boston para estudiar Economía en Harvard y se cruzó frontalmente con el arte contemporáneo, hecho que cambió su vida para siempre. Si se dijera que Furlong (arriba en la foto con su primer galgo delante de una obra de Warhol) era solamente un coleccionista sería faltar a la verdad. En su caso, el coleccionismo era un compromiso vital que abarcaba la relación con los artistas, la amistad y una manera no "académica" de mecenazgo. Compartió con sus amigos artistas, galeristas y escritores los famosos "miércoles de Libertador", en un enorme departamento neoclásico de puertas abiertas, donde alguna vez cantó Federico Klemm arias de opéra, actuaron las Gambas al Ajillo y Manucho deleitó a la concurrencia con algunos de sus chispeantes comentarios. Cuando Libertador quedó chico, se mudó al Bajo Belgrano y cubrió las paredes con enormes telas de Duilio Pierri. Un día cambió los muros pintados por Pierri, inspirados en el mito de Narciso, por el entorno paladiano diseñado por Alejandro Moreno, en Capilla del Señor. Allí, rodeado de un jardín mitad francés, mitad inglés, dio rienda suelta a su pasión por la cría de caballos de salto. Mañana, a las 19, Alejandro Furlong será recordado con un homenaje en arteBA.



