Ante la masificación, fomentar en las aulas el contacto personal
El religioso visitó Buenos Aires y Salta
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Un diálogo entre generaciones. Así resume la misión de las universidades monseñor Giuseppe Pittau, una importante voz de la Santa Sede en temas educacionales.
Nacido en 1928 en Villacidro, provincia de Cagliari, desde 1998 es secretario de la Congregación para la Educación Católica del Vaticano, que el año pasado realizó el primer encuentro entre universidades católicas de todo el mundo, que suman unas 1500 y reúnen a más de cuatro millones de estudiantes.
"Ahora hay casi una masificación de las universidades y se diluye el contacto personal. Pero si uno no tiene el diálogo, esa conversación continua con el profesor, es difícil que se pueda formar. No es suficiente Internet. La transmisión de valores, la visión social de los problemas y la responsabilidad sólo la puede transmitir una persona que vive esos valores y que con su vida enseña a los demás", precisó monseñor Pittau a LA NACION, durante su visita al país.
Monseñor Pittau llegó a Buenos Aires para exponer en la Academia Nacional de Educación sobre "La cultura, la universidad y la globalización". Recibió el doctorado honoris causa por la Universidad Católica Argentina y las católicas de Córdoba y Salta, además de ser recibido por el vicepresidente de la Nación, Daniel Scioli. Partió luego a Salta, donde encabezó un encuentro de obispos y rectores de universidades católicas.
Relación personal
De formación jesuita y vasta trayectoria misionera, obtuvo entre otros títulos académicos el doctorado en Ciencias Políticas en la Universidad de Harvard y fue rector de la Pontificia Universidad Gregoriana, fundada en 1551 por San Ignacio de Loyola, uno de los principales centros académicos de la Iglesia.
Entre 1968 y 1981, monseñor Pittau fue rector de la Universidad de Sophia, una institución jesuita de Tokio. Dejó el cargo hace 22 años, pero aún hoy mantiene correspondencia con unos 3000 estudiantes y egresados de ese centro académico, fruto del indispensable contacto personal que, según afirma, debe existir en los claustros.
"La globalización tiende a arrasar con las identidades culturales y hoy aparece como la causa del proceso de masificación de la enseñanza superior", dijo el dignatario vaticano, al recordar que cuando nacieron, en el siglo XIII, las universidades eran auténticas comunidades. Ese es, afirma, el sentido que se debe recuperar.
"El profesor era alguien que hablaba con autoridad. Les comunicaba a los jóvenes lo que ellos sabían y formaban una comunidad. Hoy deberíamos preguntarnos si nuestras universidades son comunidades, si los docentes y estudiantes trabajan juntos para formar una nueva cultura para la paz", dijo el arzobispo jesuita.
Agregó: "Las universidades católicas tienen la responsabilidad de ayudar a la formación de una nueva cultura, que permita construir un futuro donde la educación sea para todos, a lo largo de toda la vida, y donde prevalezcan los derechos humanos sostenibles".
-¿Qué desafíos y responsabilidades impone la globalización a las universidades?
-Los de promover una educación integral, en la que no sólo es importante la parte académica, sino también la parte humana, espiritual, los valores sociales. Quisiéramos que los estudiantes graduados de la universidad tuvieran esta formación pluridimensional, que sean hombres maduros que puedan servir a la paz. Uno de los elementos más importantes de una educación universitaria es el contacto personal entre el profesor y el estudiante; que éste no sólo reciba nociones y conocimientos, sino principios para la vida; que los profesores no sean sólo maestros, sino que sean testigos, que los acompañen.
-¿En los últimos años las universidades dejaron de lado esa misión?
-Sí. Las universidades católicas están llamadas a ser un instrumento eficaz de progreso cultural, tanto para las personas como para las instituciones. ¿Cuántas universidades han realizado coloquios de ideas entre profesores y alumnos para analizar la guerra de Irak? ¿Cuántas han tenido el coraje de tratar estos temas? Si no promovemos el diálogo y el pensamiento en la universidad, no sé dónde podríamos hacerlo.
-¿Los profesores no se sienten compenetrados con la institución en la que enseñan?
-Muchas veces vienen, enseñan y se van. Un profesor tendría que estar presente para esperar, ver y acompañar a los estudiantes. No es fácil. Pero, si no, no hay verdadera educación.


