Antídoto contra lo serio
Para los creadores contemporáneos, la ironía es un mecanismo de defensa ante la crudeza de la realidad
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Suele entenderse la ironía como un instrumento estético que asomó mucho antes del comienzo de la modernidad encabezada por Manet y los impresionistas. Los ejemplos tempranos en las artes visuales aparecieron en algunas obras de Goya, como las Pinturas negras que realizó para la quinta sobre el Manzanares, los grabados de Los desastres de la guerra y Los disparates. Otro ejemplo notable de ironía visual es La familia de Carlos IV (1800), del Prado, un retrato de la familia real, en el cual la caracterización psicológica de los personajes pone en duda que ese sea el significado definitivo.
Todo sugiere que ya aparece en esta tela el segundo Goya, el librepensador que ejerce un juicio despiadado sobre los "grandes de España". El historiador Ernst Gombrich señaló que ningún pintor cortesano nunca dejó, ni antes ni después, semejante registro de sus protectores.
El término ironía proviene del griego "eironeia", etimológicamente "interrogación", vida especializada en preguntar fingiendo ignorancia, tal y como lo hacía Sócrates con aquellos que, creyendo saber, no sabían y eran incapaces de dar respuesta a sus preguntas. En las artes consiste en un discurso burlón con el que se pretende decir lo contrario de lo que realmente se dice. Con la apariencia del elogio está presente la crítica. También puede definirse por el contraste existente entre el sentido obvio y el sentido verdadero.
En los años sesenta se consolidó de manera notable la ironía en las artes visuales. Las teorías estéticas empezaban a cuestionar los significados unívocos y estables, y la ironía revelaba su potencial como mecanismo crítico. Umberto Eco la calificó como una actitud propia de la posmodernidad, empleada para neutralizar la estética de la intensidad. También se la consideró como un ingrediente para reflejar la inseguridad de la época.
La ironía representa la duda y su aceptación; por eso intensifica el carácter abierto de la obra de arte, sus múltiples lecturas. Es la complicidad del receptor lo que hace posible el juego de significados, pero donde siempre hay lugar para los malentendidos. Según el semiótico italiano, "para que la ironía tenga éxito, tanto el que habla como el que escucha (la obra y el espectador) deben compartir un fondo de información y de juicios".
La ironía recuperada
Es casi una obviedad señalar que Marcel Duchamp fue el mayor ironista de la Modernidad con sus ready-mades y con El Gran Vidrio (1915-1923). Esas obras, presuponía el artista, suscitaban "interesantes" interpretaciones, pero ninguna de ellas era la última ni la definitiva. La solución quedaba una y otra vez aplazada, diferida. La empresa de Duchamp, como escribió Octavio Paz, era contradictoria, por ello la ironía era un componente esencial de su obra: un antídoto contra lo serio, como el erotismo, o contra lo demasiado sublime, como la Idea.
Cincuenta años más tarde, artistas de la llamada neovanguardia, entre ellos el norteamericano Bruce Nauman, el italiano Piero Manzoni y el belga Marcel Broodthaers, preocupados por el status de la obra de arte y por sus nexos con la institución museológica, trabajaron sobre prácticas irónicas recuperadas de las estrategias duchampianas.
Un importante artista del posminimalismo, Bruce Nauman (Fort Wayne, California, 1941), realizó algunas obras con frases como "El verdadero artista es una sorprendente fuente luminosa". Esta declaración de manifiesto romanticismo fue utilizada por primera vez en 1966 en una cortina de plástico transparente. Un año más tarde el recurso irónico apareció en una frase escrita con luz de neón: "El auténtico artista ayuda al mundo a revelar verdades místicas". Al utilizar neón para sugerir proposiciones metafísicas en vez de mensajes publicitarios, provoco una duda y abrió el sentido de la obra a los malentendidos. Era una obra que requería la complicidad del espectador. El público debía ser un aliado.
Uno de los más singulares ironistas fue Piero Manzoni (Soncino, 1933-Milán 1963). En 1961 presentó sus "bases mágicas", que consistían en pedestales sobre los cuales estaban fijadas dos pisadas de fieltro. Toda persona u objeto que se colocara sobre ellas adquiría temporalmente la condición de escultura. Otra acción, las Esculturas vivientes, eran personas que una vez firmadas por Manzoni se convertían en obras de arte. A cada individuo firmado le entregaba un certificado de autenticidad, aseverando que "ha de ser considerado a partir de esa fecha obra de arte auténtica y verdadera". En una oportunidad presentó la exposición Consumación dinámica de arte por el público. Devorar el arte. La acción consistió en invitar a los asistentes a comer sus obras en una suerte de ceremonia eucarística (eran huevos duros con la huella digital del artista impresa).
Museo de las Aguilas
Marcel Broodthaers (Saint-Gilles, Bruselas, 1924-Colonia, 1976) otorgó siempre a la palabra la misma categoría que a la imagen. Entendió el lenguaje como un sistema de representación y de realidad por sí mismo. Sus fuentes reconocibles fueron Baudelaire, Mallarmé, Magritte y Duchamp. Creó libros, filmes e instalaciones centradas en el museo, en las definiciones del arte y en sus sistemas de circulación.
Su trabajo más representativo es la instalación Musée d´Art Moderne (1968-1972), organización ficticia cuyos departamentos eran creados en la medida en que organizaba exposiciones. El primero, Département des Aigles (Departamento de las Aguilas), estuvo instalado su taller de Bruselas. Era una colección de fichas, de cartas postales, de cajas y otros objetos que tenían la representación de un águila, símbolo universal del poder y de la autoridad, pero también emblema de su propio museo. La organización de los objetos seguía los patrones tradicionales: antigüedad, origen, función, para saber de qué manera esa clasificación lógica influía sobre la significación: "el águila en el arte, en la historia en la etnología, en el folclore, etcétera".
Como el museo debía decir la verdad, cada una de las doscientas sesenta y seis piezas tenía una etiqueta, en francés, inglés y alemán, con la frase "Esto no es una obra de arte". La instalación fue exhibida por primera vez en la Kunsthalle de Düsseldorf, en 1972.
En la década de los ochenta, la ironía se convirtió en una estrategia activa para los jóvenes creadores que no se sentían identificados con las corrientes neoexpresionistas ni con otros estilos surgidos en la época (Jeff Koons, nacido en 1955, es un ejemplo). En los años noventa, alentados por la "broma intelectual" de Duchamp, muchos artistas emergentes recurrieron de manera sistemática al sarcasmo, la ironía política, la parodia, el humor negro y la ironía referida al propio autor. A la última categoría pertenece la obra que Francis Alÿs (1959, belga residente en México), presentó en la última Bienal de Venecia: un pavo real que lo representaba. El animal pleno de asociaciones simbólicas, paseaba por los jardines sujeto por una correa, con aire de nobleza e indiferencia, mostrando su notable plumaje multicolor.




