
Antonio Devoto, redescubierto
Una gran capacidad de síntesis rige sus obras, resueltas con un espíritu que une lo antiguo con lo nuevo.
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LA galería De Santi está exponiendo un grupo representativo de esculturas de Antonio Devoto. La mayoría son trabajos de medianas y pequeñas dimensiones, aunque también hay alguno de porte mayor. Ello no significa que en su mayoría carezcan de proyección ni que muestren momentos menores, sino que todos parecen reducciones de una voz, cuyo desarrollo podría resultar monumental. Hay una actitud de modestia, que parece contradecir la espiritualidad de su obra, de esencia grandilocuente pese a la austeridad de su realización. Su figuración condensa las características del modelo, a menudo ligado a una escena de doma o a una imagen femenina en el momento de parir. Los actos resumen su naturaleza.
Devoto fue un grande, que hoy no dudaríamos en calificar de perfil bajo. Nació en Chavarri, Italia, en 1906, pero residió en la Argentina desde 1923, donde vivió y donde realizó hasta su muerte una obra que vale la pena conocer. Hombre lacónico, con una personalidad más comunicativa tal vez hubiese tenido otro destino que el de ser reconocido sólo por sus pares. Su obra decía lo que él callaba: ante la eventualidad de tener que expresarse, Devoto debía realizar un gran esfuerzo interior. Lo evoco al frente de la cátedra de dibujo, en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano, parado humildemente en un rincón del aula, como si temiese molestar. Sin embargo, su presencia bastaba para imponer orden y acentuar el espíritu de trabajo.
Lo primero que se advierte frente a sus esculturas es el dibujo cerrado y envolvente. Cada porción es el resultado de un poder de síntesis que elude lo accesorio. Todo en sus obras respira abreviación, sentido de la expresión por lo que las formas transmiten. Los juegos de oposiciones son, por así decir, contrarios a un sentimiento barroco: en vez de dispersar, concentran; en vez de dividir, unen. La tendencia de Devoto lo indujo a trabajar en bloque para evitar el despilfarro formal. Todo resulta natural y necesario, como si no hubiese otro camino para lograr lo que se propuso.
Córdova Iturburu lo comparó con Laurens, con Zadkine, pero sobre todo con Brancusi y con nuestro Curatella Manes; Uribe, con Laurens. Lo cierto es que Devoto se cuenta entre los grandes maestros europeos que no tuvieron un lugar proporcional a su trascendencia. Siguió desde lejos la tradición del cubismo, del que guardó la claridad en la definición de las formas, no su carácter disolutivo. Una fuerza integradora guió sus pasos y su espíritu constructor. Por lo demás, su estada en América le dio a su obra un sello propio, que lo vincula con las más notables figuras del continente.
Su Mujer kolla , sus maternidades, su fantástica Caza de avestruz (todavía en el cemento original), su Toreo o su Niña y toro , sus domas, son magníficos ejemplos de una corriente que heredó los mejores ejemplos de su tiempo y la naturaleza de una tierra a la que interpretó con grandeza. Los viajes por nuestro país, Bolivia, Perú y Brasil, donde estudió las artes y artesanías precolombinas, las reiteradas visitas a Italia y a otros países, lo enriquecieron y le permitieron llegar a una rara combinación entre lo más antiguo y lo más nuevo de las grandes tradiciones continentales.
( Hasta principios de agosto, en De Santi, Marcelo T. de Alvear 834. )
Expresionismo figurativo
Claudio Goldini (Buenos Aires, 1942) es médico de emergencias. Acaso por eso es también un artista dotado de un sentido de la muerte que se manifiesta de una manera dolorosa. En cada uno de sus pasos se siente su presencia. Así lo prueba el conjunto de pinturas que expone en el Centro Cultural Recoleta, y que agrupa con el sugestivo título de El Hoyo, metáfora directa y difícil de aceptar como única posibilidad. Son trabajos expresionistas, de corte figurativo, con el hombre como eje temático. En ellos la imaginación se revela dramáticamente, de un modo que no deja dudas sobre la finalidad de sus intenciones.
( Clausura hoy. En el Centro Cultural Recoleta, Junín 1930. )
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