
Apócrifas historias de diván
BUFFET FREUD Por Rudy (Planeta)-233 páginas-($ 15)
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"MI propia experiencia como analista (retirado), y sobre todo como paciente (veinte años de trayectoria sobre el diván), me han llevado a tener una mirada si se quiere crítica, pero sin duda cariñosa hacia esa ciencia que tanto me ha dado, y a la que tanto le he dado (calculen diecinueve años de honorarios)", explica Rudy en las primeras páginas de esta "edición actualizadísima" que incluye una selección de los mejores trabajos del movimiento psicoanalítico apócrifo Buffet Freud, una de las mejores creaciones de este humorista.
Bajo la dirección del doctor Karl Psíquembaum, los integrantes del movimiento -Anafreudiana Traumengarten, León Neurotsky, Alain Supositoire, entre otros- escriben artículos teóricos, presentan casos clínicos y participan de mesas redondas. La historia del pago en análisis, la exposición de un caso típico de paranoia (el "caso Erika"), un ensayo sobre Edipo y la religión monoteísta, una antología del "Grupo de los Jueves" ("Testigos de Freud"), son algunos de los temas de esta compilación.
El lector -si es analista, mejor, o no- tomará contacto con historias que si bien no tienen un destino terapéutico de lo más auspicioso, no obstante siempre dejan alguna enseñanza teórica o clínica. Como el caso del "pequeño Gustav" (o "Gustavito"), un niño que contradice todas y cada una de las corrientes del psicoanálisis: no tiene la angustia del octavo mes, no exhibe el menor júbilo frente al espejo sino que se duerme, no tiene ningún objeto transicional, y tampoco presenta los signos de la posición depresiva kleiniana.
Un tema que preocupa a la plana de Buffet Freud -y que históricamente ha preocupado a los grandes analistas- es el de las desviaciones de la práctica. De ahí el "análisis campestre", una variante inexplicable de la técnica donde las sesiones se llevan a cabo mediante payadas, en tiempo de milonga. Aquí, un breve fragmento de una sesión: "Paciente: Dígame usted, licenciado / qué significa este sueño / porque por más que me empeño / no encuentro el significado / soñé que yo estaba al lado / de una morocha de aquellas / que era un minón cinco estrellas / que acelera el corazón / y apareció otro chabón / que al final... se fue con ella. Analista: Yo le interpreto ese sueño / de la morocha traidora / de la que usted se enamora / pero ella... tiene otro dueño / sabemos desde milenios / que los sueños de ese tipo / nos remiten al Edipo / que a todo el mundo acompleja / la morocha era su vieja / y su viejo... el otro tipo".
Si hay algo que ponderar de esta saludable inyección de humor en el mundo psicoanalítico -que a veces parece tan solemne- son esas inagotables ocurrencias que Rudy desliza casi al pasar, y que por lo general tienen una contundencia mucho mayor que los propios relatos.
Más allá del cálido homenaje a Melanie Klein que escribe Psíquembaum, la sola idea de que la célebre analista inglesa intentaba "reparar" la teoría freudiana porque sentía envidia y gratitud por el creador del psicoanálisis es de un nivel de agudeza digno de elogio. Lo mismo puede decirse del proyecto del doctor Jean-Jean Dusignifiquant, que como sabía que los psicoanalistas venían de París, decide viajar a la Ciudad-Luz para luego volver y ser analista. Por otra parte, la idea de una "Declaración de los derechos del hombre neurótico (Homo divans)" que firma el licenciado Neurotsky -un psicoanalista de izquierda- es sencillamente brillante; el resultado final de esa idea, quizás no tanto.
Un libro que, por momentos, divierte. Y mucho.
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