Arte: la conquista del espacio
Intervenciones, murales, íconos, instalaciones participativas, símbolos religiosos y políticos en lugares públicos: la ciudad se transforma a la vista de todos
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Buenos Aires es un museo a cielo abierto. Con su patrimonio histórico, sus monumentos, parques, fuentes y murales, ofrece al peatón un disfrute cotidiano. A obras tan diversas como la Fuente de las nereidas de Lola Mora, la Floralis genérica de la plaza de las Naciones Unidas, obra del arquitecto Eduardo Catalano que pronto recuperará su movimiento, y el Paseo de las Esculturas de la plaza Rubén Darío, donde hasta hace poco se vieron figuras de hierro de Carlos Regazzoni, se han sumado en los últimos años programas que potencian la llegada del arte contemporáneo a la vía pública.
En marzo tomarán cuerpo en la ciudad los proyectos ganadores de BA Sitio Específico, el concurso de intervenciones urbanas lanzado por el Gobierno de la Ciudad. Con 250.000 pesos para realizar cada proyecto, los ganadores están ultimando detalles para emplazar sus obras, seleccionadas entre 108 propuestas. Horacio Zabala está materializando Espacio entre paréntesis, un paréntesis a escala humana que será selfie obligada de la calle Florida. Gabriela Golder y Mariela Yeregui, con Escritura. Cartografía de los devenires, mostrarán con luces de neón las ideas surgidas de un taller para jóvenes del barrio de La Boca, flamante Distrito de las Artes. Horacio Gallo aportará espíritu lúdico al Distrito del Diseño con ¡Metegoooooooooool!, donde podrán jugar veintidós personas con los muñequitos tallados a imagen y semejanza de los vecinos de Barracas. Carrousel, de Gaspar Libedinsky, en el Distrito Tecnológico, invitará a pedalear y hacer girar una calesita low tech, y Luciana Lamothe está levantando una escultura de caños de andamio que balconeará a quince metros de altura sobre las avenidas Forest, Corrientes y Jorge Newbery en Chacarita, pleno Distrito Audiovisual.
"El espectador tradicional en el arte público queda desarmado. Tenés que participar, sin necesidad de tener información previa. El programa apunta a tomar espacios, y lo específico del lugar facilita la aprehensión del público, porque la obra no llega como un ovni a invadirte, sino que establece un diálogo directo con el otro", explica Máximo Jacoby, uno de los curadores, junto con Victoria Noorthoorn, Valeria González y funcionarios. Las obras interactivas de BA Sitio Específico se renovarán anualmente por concurso. "El objetivo es generar experiencias urbanas que impliquen participación. El arte en la calle es la mejor manera de relacionar a los artistas con el público y acercar la cultura a toda la sociedad", dice Andrés Gribnicow, coordinador de BA Sitio Específico y antes del premio Arnet, y flamante secretario de Cultura de Vicente López.
Ejemplos de esto son el High Line de Nueva York y su High Line Art, un programa que produce proyectos de arte site-specifics, exposiciones y performances en el Meat Packing District. Gaspar Libedinsky fue parte del equipo proyectual, pero ahora está en Buenos Aires, yendo de una bicicletería boutique de Palermo al taller de un herrero en Lugano, donde se cuece su calesita a pedal. "La arquitectura como disciplina de relevancia está en extinción. Caminamos nuestras calles mirando una pantalla de tres pulgadas y el entorno es cada vez más irrelevante. Por eso, entiendo que la principal política de Estado es la generación de comunidad. El arte es una de las herramientas para crear tejido social. Buenos Aires, como toda megaciudad, necesita espacios públicos de calidad y creatividad que puedan competir con las comunidades virtuales", explica. "La bicicleta es el medio de transporte del futuro", dice. Su Carrousel girará por la fuerza de pedaleo de al menos tres de las doce bicicletas en círculo y "generará comunicación entre los usuarios".
Al mismo tiempo, en Barracas, diseñadores, artistas y arquitectos están pensando intervenciones para el Bajo Autopista de 9 de Julio Sur e Iriarte, para celebrar el aniversario del barrio. Un lienzo formado por cielorrasos, frentes, vigas y columnas que suman casi 1500 metros cuadrados. En agosto los vecinos votarán el proyecto ganador, que obtendrá 150.000 pesos para su realización.
Otro certamen que sumó arte al espacio público, entre 2009 y 2012, fue el premio Arnet a Cielo Abierto para esculturas e instalaciones. El último proyecto ganador fue Barquito de papel, de los arquitectos rosarinos Gustavo Augsburger y Daniel Kosik, una nave infantil desmesurada que mira hacia el Paraná en Puerto Norte, Rosario. Otras obras que dejó emplazadas son Pasionaria, de Marcela Cabutti, en el Dique 4 del barrio de Puerto Madero, y Paisaje ambulante, de Miguel Ángel Rodríguez, en el parque Las Tejas de la ciudad de Córdoba.
"La obra tiene una gran apropiación por parte de la gente, es punto de reunión y elemento de referencia", dice satisfecho Rodríguez. Cabutti ha hecho más flores para espacios públicos, como la casia que mostró en el MAT. "Existe la posibilidad, a partir de la obra, de señalar nuevos sentidos de circulación en la traza cultural y urbana para generar un instante: detener la mirada para que surjan los recuerdos, resonancias y aprendizajes. Las obras son gestos artísticos que intentan generar un vínculo, aminorar el ritmo y dejar que emerja la emoción", dice Cabutti.
Frente a Fundación Proa, en el punto de mayor circulación de la Vuelta de Rocha, hay desde hace meses una imponente Virgen de Luján, que emociona con su chatarra corroída y su oportuna fisonomía de barco en desguace. La obra es de Alejandro Marmo, del proyecto Simbología de la iglesia que mira al sur, que el artista desarrolla junto con el papa Francisco desde que era el cardenal Bergoglio. La idea es regar el continente con esculturas de la Virgen de Luján, de Guadalupe y el Cristo Obrero, elaboradas junto con personas con dificultades de integración empleando material de rezago, como las que ya se ven en el Congreso de la Nación, la Basílica de Luján y las dos que fueron instaladas con bendición papal en los Museos Vaticanos el 16 de noviembre pasado.
"Lo que propongo es una estética de la esperanza y un mensaje contrario a la cultura del descarte. Mi trabajo siempre implica participación y que nada es desechable. No creo que solucione el problema de inclusión, pero el arte aporta poesía y belleza al que no tiene esperanza. Conforma un diálogo entre gente diversa y ese diálogo es lo que emociona", explica. Son obras de Marmo, también participativas, públicas y con materiales reciclados, las dos caras de Evita en del Ministerio de Desarrollo Social, y los perfiles del padre Carlos Mugica y Arturo Jauretche en la avenida 9 de Julio.
Entre bustos, placas y homenajes, el arte contemporáneo se cuela bajo tierra y se expande por todo tipo de paredes. En el subte, el programa de intervenciones de artistas logró que en los últimos años 59 estaciones tomaran color de la mano de 58 artistas. Hay un total de 82 murales, y desde julio pasado 15 artistas contemporáneos trabajan en la Línea B.
En tanto, más allá de los programas oficiales, en Buenos Aires crecen murales como flores silvestres, todos los días. A tal punto que la empresa Graffiti Mundo (www.graffitimundo.com) ofrece tours entre Colegiales y Palermo, donde se destacan los collages de esténciles de Cambaio, que cubren las paredes del restaurante Tegui; los seres fantásticos de Georgina Ciotti, Zumi y Doma; las construcciones de Nerf; el humorismo urbano de Rundontwalk; las caligrafías de Nasa y Dano y el activismo de Bs.As.Stncl. Domingo por medio hacen recorridos gratuitos para argentinos. En Palermo, los más recientes son los de la serie #BAmuralesDUO, una iniciativa del gobierno porteño en la que doce artistas pintaron seis medianeras.
También a cielo abierto funciona otra galería para transeúntes: la que Marino Santa María pintó en el Pasaje Lanín, que ahora sumó un Espacio de Arte. Declarada recientemente lugar de interés turístico y cultural por la Legislatura porteña, estrena iluminación para ver de noche las obras del espacio de exhibición y plafones de led para ver las casas, que desde 2005 están en reconversión: Marino está cubriéndolas de venecitas y mosaicos, para hacer imperecedera su obra de cuarenta fachadas reunidas en tres cuadras.
Las experiencias que enriquecen mediante el arte la vida de los vecinos se replican en las provincias (ver recuadro). Milo Lockett, intervencionista extremo, muralista serial y solidario, pintó en los últimos meses un mural contra la violencia de género en Tribunales, puso color a la estación Palermo de la Línea D y pintó con los vecinos la Plaza de los Inmigrantes de Vicente López. En ese partido, el programa Viví Arte ha puesto color en calles y plazas, con obras de Gabriel Baggio, Carolina Antoniadis, Gabriel Soifer, José Franco, Elisa Strada, Ricky Crespo, Marcela Mouján, Gabriela Bertiller, Nushi Muntaabski, Claudio Baldrich y Mabel Vicentef. "El arte ayuda a transformar un momento o a cambiar una realidad, o mejora la calidad de vida de alguien –dice Lockett–, y eso es suficiente."
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