Asesinos en el ágora
LA CAVERNA DE LAS IDEAS Por José Carlos Somoza-Alfaguara-430 páginas-($19,50)
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Casi no hace falta decir que el título nos remite directamente a Platón. Es en cambio absolutamente necesario aclarar que se trata de una novela policial en tiempos platónicos. Que yo sepa, a nadie hasta ahora se le había ocurrido la idea de que pudiera haber detectives -aunque sí crímenes- en Atenas y en aquellos dorados tiempos. Pero su indudable cultura en la materia permite a José Carlos Somoza crear una intriga policial en la que, sin faltar un humor sutil, la truculencia final hace de las suyas.
En primer lugar, hay un traductor que está traduciendo esta novela griega (¿al latín?) y que en sus notas a pie de página escribe las observaciones del caso. En el argumento que traduce, el "Descifrador de Enigmas" (o detective) se llama Heracles Pontor. Heracles: Hércules. ¿Por qué lo asocio con su colega Hércules Poirot? Porque hay ciertas semejanzas aparentemente codificadas entre ambos, pese a los siglos que los separan. ¿Casualidad, capricho o intencionalidad del autor? Lo cierto es que el obeso Heracles es contratado por Diágoras de Medonte, filósofo perteneciente a la Academia Platónica -muy bien descripta en cuanto a su "mundo de las ideas" y hasta en su aspecto edilicio- para descubrir la causa de la muerte de un alumno de dicha institución, bellísimo efebo y alumno de Diágoras. El muchacho se llamaba Trámaco y, según parece, su muerte se debe a un ataque feroz de los lobos del monte Licabeto. PeroÉ le falta el corazón y sus brazos están intactos, como si no se hubiera defendido.
Mientras tanto, las notas del traductor se alargan y se entremezclan con el argumento. Primero: porque cree descubrir en la obra las claves de la eidesis . "La eidesis -explica en una de sus notas- es una técnica literaria inventada por los escritores griegos antiguos para transmitir claves o secretos de sus obras. Consiste en repetir metáforas o palabras que, aisladas por un lector perspicaz, formen una idea o una imagen independiente del texto original". El traductor cree descubrir que lo que se oculta es una nueva versión de los trabajos de Hércules, pero al mismo tiempo en el argumento aparece otro traductor -¿él mismo?- y ambos quedan atrapados en la ficción, y amenazados de muerte.
Es un libro de doble trama, que plantea no sólo las diferencias entre el original y la versión a otra lengua, sino también la "posesión" que pueden sufrir quienes se entregan a la literatura, incluidos autores, traductores, lectores y personajes.
Lo cierto es que Heracles visita a la madre de Trámaco sin resultados (al principio), encuentra a una hetaira que fue amante del joven, también sin resultados (al principio). Mientras tanto, se siguen sucediendo muertes de efebos -alguno de ellos más que dispuesto a seducir a mayores enamorados de la belleza-, sin que se logre descubrir nada definitivo. Aunque un sospechoso escultor se confiesa responsable de los crímenes, Heracles no quedará satifecho hasta develar el enigma, que tiene que ver con los Misterios (no los de Eleusis) de la época, cargados de horrores. La equilibrada Atenas platónica, al parecer, no lo era tanto.
Hay que destacar la solvencia de Somoza para tratar el tema. Nacido en La Habana en 1959, este psiquiatra que vive en Madrid es autor de varias novelas, casi todas, creo, justificadamente premiadas.




