
Asunción del primer gobierno patrio
Por Miguel A. De Marco Para LA NACION
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En las primeras horas del 25 de mayo de 1810, el Cabildo comenzó a considerar el oficio que le había remitido la junta presidida por Cisneros para solicitar el nombramiento de personas que no suscitaran rechazos Mientras los miembros del Cabildo consideraban que no había motivo para realizar cambios, comenzaron a oírse voces en la plaza y dentro mismo del ayuntamiento, por cuyos corredores circulaba “una multitud de gentes”, según expresa el acta respectiva.
El pueblo no quería a Cisneros como gobernante y menos como comandante de armas.
Los vecinos y las tropas se hallaban en tal estado de conmoción que cabía esperar lo peor si no se atajaba “este mal con tiempo”. Poco después se hizo llegar una lista que contenía los nombres propuestos para una nueva junta: presidente, Cornelio Saavedra; vocales, Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, Juan Larrea y Domingo Matheu; secretarios, Mariano Moreno y Juan José Paso.
Varios de los propuestos no tenían conocimiento de su postulación, e incluso Moreno y Azcuénaga vacilaron en formar parte porque dudaban de si el modo empleado era legítimo.
Mientras el Cabildo consideraba la lista, se oían fuertes golpes en las puertas de la sala capitular, y se escuchaba el célebre grito: “¡El pueblo quiere saber de qué se trata!”.
El cuerpo sesionó otra vez a puertas cerradas, y finalmente salió al balcón principal, desde donde el escribano leyó el acta a las personas reunidas en la plaza, las cuales ratificaron lo resuelto por aclamación.
Los miembros de la Junta juraron y, a las 21, finalizó la ceremonia. Saavedra aclaró que había asumido “sólo por contribuir a la tranquilidad pública y a la salud del pueblo” y pidió respeto y aprecio para el ex virrey y su familia.
El primer gobierno patrio inició su labor al día siguiente, y cuatro jornadas más tarde disponía la formación de la primera fuerza militar que iría a sostener en el interior los ideales de Mayo.
El primer paso estaba dado. Comenzarían después las diferencias entre los miembros de la Junta, y se registrarían múltiples incidencias derivadas de la incorporación de los diputados del interior. Pero más allá de los enfrentamientos y enconos, imperaba en todos los espíritus el anhelo de la libertad, que quedaría definido en forma expresa seis años más tarde con la declaración de la Independencia.


