
Aumentan los estudiantes de psicología
Hay 77.000 en el país; la mayoría de los psicólogos se dedica a la clínica y deja importantes áreas sin cubrir
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La pasión argentina por la psicología no se agota. Además de ser la tercera carrera en importancia entre las elegidas en las universidades públicas del país y la cuarta en las privadas, el número de estudiantes viene creciendo en los últimos años. Casi 77.000 estudiantes se preparan para recibir su título en las 36 instituciones que dictan la carrera, 18.000 más que hace cuatro años. De ellas egresan cada año unos 3800 nuevos psicólogos.
¿Son muchos? No, dicen los propios profesionales, si se mira la cantidad de ámbitos de aplicación de la psicología que en el país no están desarrollados. Mayoritariamente dedicados a la clínica, los psicólogos serían en la Argentina un potencial de auxilio y prevención social subutilizado.
Por su difusión temprana en el país, porque arrastramos el desarraigo de los inmigrantes, por tradición, por snobismo, por la incertidumbre política y económica a que estamos habituados, la psicología forma parte del ADN de los argentinos.
En el país hay un psicólogo por cada 649 habitantes, lo que ubica a la Argentina como el país con mayor cantidad de psicólogos de todo el continente americano. Nos sigue Uruguay, con un psicólogo cada 900 habitantes, pero dejamos bien atrás, por ejemplo, a Brasil (1 cada 1154 habitantes), Estados Unidos (1 cada 2213), Colombia (1 cada 2333) o Ecuador (1 cada 8000).
Casi 50.000 profesionales
Según los datos, que provienen de los relevamientos que realiza desde hace años un equipo conducido por el psicólogo Modesto Alonso, de la Universidad de Buenos Aires (UBA), en la Argentina hay 46.777 psicólogos activos, abrumadoramente concentrados en la ciudad de Buenos Aires, donde cada 121 habitantes uno es psicólogo.
"Lo que preocupa no es la cantidad de psicólogos, sino que no los aprovechamos", dijo Alonso a LA NACION. "Hay que hacer coincidir la enorme capacidad de expansión del conocimiento psicológico con la salida laboral", opinó.
Aunque la clínica es el campo que predomina -con el psicoanálisis a la cabeza, claro-, seguido por la psicología laboral y educacional como las especializaciones más tradicionales, la multiplicación de los ámbitos posibles de intervención de los psicólogos sorprende.
A modo de ejemplo, las escuelas (conflictos sociales, aspectos pedagógicos, orientación vocacional); las relaciones laborales (el maltrato en el trabajo y el desempleo, por ejemplo, y no sólo los "recursos humanos"); las catástrofes y el estrés postraumático; el medio ambiente; el entrenamiento de deportistas; el diseño y estudio de campañas electorales, y los conflictos familiares.
La lista sigue: la prevención de accidentes y de adicciones; la promoción de la salud en trabajos comunitarios; la mediación judicial; la atención de la tercera edad; los problemas de la población migrante; la psiconeurobiología como campo de investigación.
"Es un saber desaprovechado socialmente, que hoy queda circunscripto a consultorios privados", resumió Miriam Mazover, psicóloga, fundadora y directora de Docencia del Centro Dos.
Diversidad
Fuera del país, la situación es distinta. En los Estados Unidos hay más de 50 especialidades reconocidas, mientras la Sociedad Interamericana de Psicología lista 19 ejes de aplicación profesional.
Para explicar la intensa relación que une a los argentinos con la psicología se superponen razones. "Hay algo cultural. Cuando se describe a los argentinos, con el fútbol, el tango y el asado viene la psicología, además con un fuerte sesgo psicoanalítico, vinculado con sus orígenes fundacionales en el país, en los que el psicoanálisis tuvo un rol predominante", apuntó Orlando D Adamo, docente y ex director de la carrera de Psicología de la Universidad de Belgrano (UB). "Mucha gente tiene experiencia directa o vicaria con la psicología, y asombra ver cómo tantos manejan hipótesis psicológicas para todo tipo de problemas", analizó.
"La amplia mayoría de los argentinos somos hijos y nietos de inmigrantes. Ese desarraigo, por exilios forzados por guerras, hambre y pobreza, es una situación traumática de la que en la mayoría de los casos no se hablaba. Son heridas sin cicatrizar, es una carga que llevamos de historias no elaboradas", interpretó Mazover.
Quizá por eso el destino de la mayoría de los jóvenes que se acercan a la psicología sea la clínica. "Los estudiantes llegan pensando en la clínica, de adultos y de niños. Algunas personas creen también que pueden resolver sus propios problemas. A eso se agrega el interés por la psicología organizacional, pero la mayoría de las aplicaciones son desconocidas", dijo D Adamo.
Disciplina "poco exigente"
"Se percibe como una carrera no muy exigente. Y gran parte de la gente piensa en el consultorio privado. No hay demanda de campos más sofisticados, pero hay que difundir la idea de que la psicología no sólo se ocupa de lo patológico", aportó Narciso Benbenaste, profesor e investigador de la Facultad de Psicología de la UBA.
Psicólogos no sobran, repiten los mismos profesionales en ejercicio. Por ejemplo, en salud pública. "El campo de la salud mental está devaluado. No hay canales suficientes en el ámbito nacional y municipal", dice Mazover. "Podría haber más canales de inserción laboral si se entendiera que por no cuidar la salud mental tenemos muchos problemas sociales."
Mientras los límites de su aplicación se ensanchan y se vuelven más sofisticados, la psicología enfrenta como pocas profesiones la intromisión de otros practicantes. "Es una profesión invadida por otras actividades, como pseudoescuelas y psicoterapeutas de dudosa formación", alertó D Adamo.
Muchos campos que eran de su aplicación, en tanto, se han ido independizando y hasta convertido en licenciaturas, como el marketing o los temas laborales, según señaló Silvia Di Biasi, secretaria de Asuntos Profesionales de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires. "No se alientan áreas específicas que habría que desarrollar. No faltan necesidades, pero no se los contrata", dijo.
Quizá sea su extendido objeto de estudio lo que explica la demanda en crecimiento y las posibilidades de desarrollo de la psicología. Finalmente, como dijo Alonso, "donde hay gente hay conducta humana, y donde hay conducta humana hay trabajo para el psicólogo".


