Avenida Crisis
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Poco antes de una de las catástrofes económicas que atravesó la Argentina en su historia reciente, mi madre, que había ido al centro a hacer unos trámites, comentó, por la noche, en la mesa familiar, que no entendía como podía alguien hablar de crisis, si había visto que la calle Córdoba estaba atestada de coches y de gente.
Recuerdo que la afirmación no solo me hizo ruido en el momento, por una suerte de intuición estadística (es decir, una sola avenida no es prueba de nada), sino que la realidad terminó refutando los pronósticos de mi pobre madre, que luego sería la encargada de ajustar las cuentas hogareñas para llegar a fin de mes.
Saben por qué cuento esta pequeña anécdota. Aparte de todos los análisis que se han hecho estos días, el comentario de la vocera presidencial contiene un error de razonamiento muy serio. Uno que se supone que, precisamente, la dirigencia no debe cometer. El estado de una nación no se puede medir mirando una avenida. Veinte pizzerías. Doce cines. O los centros turísticos. Hay métricas, y las hay cada vez más precisas, para establecer lo que le pasa al país. Pasear por la avenida Corrientes no cuenta como herramienta. Para mamá, tal vez. Pero ella no era, ni pretendía ser la vocera presidencial.







