Bajo la Cruz del Sur
María Teresa Constantin logró lo imposible: reunir las obras de Juan Carlos Distéfano, dispersas en manos de coleccionistas; se exhiben en el MNBA de Neuquén
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Parterres y farolas francesas dan prosapia de bulevar a la calle Benito Pérez Galdós. El acicalamiento del paisaje concuerda con el origen del taller, en un primer piso, de Juan Carlos Distéfano. Mármoles, vitrales y molduras de exquisita factura artesana dicen sobre las elegancias de antaño que Obdulio Gambaro propuso como Boca Pigalle. Pero los salones, otrora lustre de confort burgués y por años obrador de Distéfano, están despojados.
El síndrome del nido vacío no parece aquejar al artista. Tal vez porque está acostumbrado a no ver sus obras -escasas en número y en poder de colecciones privadas y públicas- de tanto en tanto. No hay pena; en el cuarto contiguo, sobre el tablero, están dispersos los dibujos, los tanteos de la obra venidera. Y las esculturas ausentes conforman una muestra en el lejano sur.
-¡Tenía que llegar el Bicentenario para que saliera de Buenos Aires por primera vez!
Distéfano se refiere a la muestra retrospectiva que hasta fines de mayo se exhibe en el Museo Nacional de Bellas Artes de Neuquén. Un escaso puñado de exposiciones en galerías, fundaciones y museos porteños y otro número también módico de muestras en el exterior singularizan esta "primera vez". Dice Distéfano que el destino sureño lo arraiga, una vez más, al suelo natal.
-¡Y no sabés qué bien se ve la obra en ese museo! El arquitecto Mario Roberto Álvarez diseñó un edificio exacto, sobrio, austero, despojado, sin el cotillón del Guggenheim de Bilbao. Me gustaría conocer a Álvarez para darle las gracias.
-Me consta. Estuve allí el año pasado, en ocasión de la muestra de Luis Felipe Noé, previa a su participación en la Bienal de Venecia.
-Ah, fuiste a verlo a Noé y a mí me dejás en la estacada.
-Muy a mi pesar, Juan Carlos... Sobre todo porque no conoceré tus homenajes a Víctor Cúnsolo y Ramón Gómez Cornet. Por los bocetos y fotos que fisgué sobre el tablero son algo nuevo, coherente con todo lo tuyo, pero nuevos también. Son una felicidad con menos pena, ¿no?
-Y, sí. El gozo tiene su lugar, ¿no? Nada más fatuo que el sufridor profesional.
-Menudo esfuerzo hacer una retrospectiva con obra que obra en otras manos, la de los coleccionistas.
-Nada, nada. El mérito es de María Teresa (Constantin), que se hizo cargo de todo.
-Hablando de esfuerzos, es ineludible pensar en el trabajoso laboreo que requieren tus obras. Pienso en Acción directa , que tiene exigencias y riesgos también físicos.
-Se hace lo que hay que hacer. Atender la primera imagen, merodearla. Viene luego la hipótesis de resolución, porque la escultura no es repentista, está sujeta a la gravedad de Newton. Es un proceso gestatorio de varias etapas. Eso explica -más allá de mis limitaciones- el largo tiempo que demanda cada obra. Hay momentos de mucha felicidad cuando modelo y de fatiga y berrinches en el proceso del poliéster. Pero así es la cosa en mí. Hay oficios más pesados, lavorare stanca...
-Cesare Pavese está aquí.
-Siempre, porque los poetas nombran, dan a luz las cosas más inefables y terribles. Pero el asunto no se agota en lo que haga yo. Está la mirada del otro y nunca intervengo en la interpretación de lo que hago. Sólo pongo a disposición las imágenes. Yo no elijo la imagen o su germen... La imagen latente me elige a mí y debo llevarla afuera. Empiezo dibujando, tanteando ángulos y perfiles... Es la etapa del papel. Si algo cuaja y se impone por persistencia, sigo buscando en dibujos más ajustados. Si alcanza la...
-¿Protoforma?
-Si vos lo decís, bueno. El caso es que de allí en más corporizo el proceso en un boceto. Entiéndase, no es un modelito a escala. Es otro tanteo...
-Porque en el modelado llega el momento del goce.
-Y, sí... Es un encuentro íntimo, muy amoroso, que por supuesto no excluye los conflictos. Pienso en la arcilla de Cataluña...
-Y se te hace agua la boca y... las yemas. Aunque Barcelona fue por tres años el exilio tan sufrido.
-Y sí, no soy un clavelito del aire.
-Retomemos el rumbo. Luego de modelar viene la realización de los moldes, la colada, el gravoso proceso de pasar al poliéster que, en tu caso -"para mayor inri", como dicen en España-, adiciona fatiga, pues incluye la forma y el color en capas invertidas al resultado final que se obtiene decapando, como pellejo de cebollas.
-La cocina del pintor, para que intervenga Victorica, ¿no?
-Pero tu cocina tiene tallos amargos. Cardos, espinas, laceraciones, cuerpos macerados y martirizados, vejámenes de aquí y de otras partes que refieren a un aquí, ahora y entre nosotros. Esa tensión de tu obra fue expresada de modo insuperable por Nelly Schnaith.
-Sí, ella hizo un centro magnífico. Puso el tema donde debe estar. Si una obra se hace para ilustrar una denuncia, una ideología, mejor redactar un panfleto. Lamento decepcionar: yo trabajo para mí, porque no tengo más remedio. Tampoco bajo línea. Cada mirada de otro sobre lo que hago actúa sobre la mirada con que miro lo que hice. Suena barroco, ¿no? Pero me emocionó la lectura de un joven egresado de Bellas Artes que pidió mi opinión. Conocía mi oficio pero no mi apellido. Charlamos un rato y le dije mi nombre, a su pedido. Reaccionó con rapidez: "¡En el Museo de Bellas Artes vi una obra suya! ¡Un chabón sentado!" Era su interpretación de El mudo . Me emocionó la espontánea frescura y la libertad de sus palabras.
-Lo dijiste: no tenés más remedio. Me parece que la belleza es por naturaleza terrible. Hay pocas obras de pleno gozo pero de tal intensidad que se nos hacen casi irresistibles. Matisse, los frescos de Knossos, las tumbas etruscas donde las parejas yacen sonrientes.
-Y Matthias Grünewald, Goya, Rimbaud cantan desde los martirios. Sí, la belleza es siempre terrible.
-Ante la sola mención siento sus efectos. Aligeremos. En los bocetos y las fotos de los homenajes a Gómez Cornet y Fortunato Lacámera veo una voluntad de no borrar la marca de los moldes, cicatrices que a su vez determinan áreas de color...
-Después de que las veas, me dirás...
-No me atosigues. Ahora que saliste de Buenos Aires, ¿tenés asignaturas, deseos pendientes?
-Nada, nada. No necesito telefonino , microondas, yate, plasma y otros yuyos.Necesito el bien de los queridos todos y tiempo para trabajar. Así de lujoso.
© LA NACION
<b> FICHA. <i> Juan Carlos Distéfano </i></b>
adnDISTÉFANO
(Buenos Aires, 1933) Importante escultor, expuso en el Museo Reina Sofía de Madrid (1999/2000) y el MNBA le dedicó una retrospectiva (1998). Obtuvo premios Konex de Platino (1982) y Brillante (1992)





