Bernardo Koremblit, ciudadano ilustre
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"Esta sala quizá sea una de las últimas visiones del mundo que estoy dejando; si la eternidad existe, nunca olvidaré este acto", dijo el escritor y periodista Bernardo Ezequiel Koremblit, al agradecer la distinción de ciudadano ilustre que le fue entregada en el Salón Dorado de la Legislatura de la Ciudad, ante 300 personas que festejaron sus chispeantes ocurrencias.
Entre otros, estaban Ben Molar, Onofre Lovero, José María Castiñeira de Dios, León Benarós, Marcos Aguinis, María Granata, Antonio Salonia, Miguel Angel Espeche Gil, Alberto Mosquera Montaña, los legisladores Jorge Enríquez, Carlos Araujo y Alejandro Rabinovich, y los académicos de periodismo Bartolomé de Vedia, José Ignacio López, Enriqueta Muñiz, Enrique Mayochi y Fernando Sánchez Zinny.
El autor del proyecto de la ley que distinguió a Koremblit, el diputado macrista Mario Morando, destacó "su humanismo ligado a una lógica rigurosa, su conjunción de lo mejor del judaísmo y el cristianismo, su humildad, su buen humor". Y lo citó como un maestro no pedante ni triste ni quejoso, que transmite "cultura con buena onda".
Jorge Cruz, vicepresidente de la Academia Argentina de Letras, subrayó la bondad del homenajeado, que desde su alta edad, lúcido y sereno, "mira el mundo con estupor pero no con sorpresa".
El presidente de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA), Lauro Laíño, destacó en un mensaje, que leyó la periodista Agustina Sucri, su "resistencia a lo banal". El secretario de Cultura de la AMIA, Moshe Korin, elogió su filoso humor: "Le gusta reír y hacer reír". "Siempre adoré a mi abuelo", comentó, desenvuelta, su nieta, la escritora Marina Alurralde. También saludó el titular de Cultura de la Legislatura, Chango Farías Gómez.
Koremblit agradeció "con el corazón en la mano". Apuntó que ya Eva le decía a Adán: "No te enojes, querido, no te alteres, estamos viviendo una época de transición". Dijo que vivimos elecciones sin la letra ese inicial: selecciones. Confesó que para él, que gane éste o gane aquél, es lo mismo. Y se mostró convencido de que "el Señor no manda a sus criaturas nada que la criatura humana no pueda sobrellevar".


