
Cada vez más parejas logran en la Iglesia la nulidad matrimonial
Prácticamente se triplicaron los casos
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Durante la última década, el número de parejas argentinas que pidieron a la Iglesia Católica la nulidad de su vínculo religioso y obtuvieron sentencia favorable aumentó hasta casi triplicarse. Por ejemplo, mientras que en 1994 se declararon nulos 53 matrimonios, el año pasado fueron 132.
Estos datos, dados a conocer a LA NACION por el responsable de los tribunales eclesiásticos argentinos, monseñor José Bonet Alcón, surgen de un informe elaborado por el tribunal eclesiástico de segunda instancia por pedido de la Conferencia Episcopal.
Las cifras marcan una tendencia que concuerda con la información divulgada por el Vaticano en enero sobre el aumento de los pedidos de nulidad en todo el mundo.
El documento analiza en unas veinte páginas las solicitudes recibidas desde la creación de ese tribunal, en 1983, y los provenientes de los tribunales interdiocesanos de primera instancia que funcionan en las ciudades de Buenos Aires, Córdoba, La Plata, Tucumán y Santa Fe.
El número de sentencias dibuja una curva ascendente con ciertos altibajos que, según Bonet Alcón, responden a factores internos de los tribunales de primera instancia en donde las causas se pueden acumular por motivos relacionados con el proceso -la búsqueda de respuesta de las partes o de los testigos- o la salud de los jueces.
El pico más alto se registró en 2001, con 168 causas resueltas. Desde entonces se sentencia un promedio de 150 causas anuales de las cuales, según Bonet Alcón, se habría rechazado el pedido de nulidad sólo en un 10% de los casos, porque la mayoría de las parejas que decide iniciar juicio tiene cierta certeza de que el fundamento apelado es viable.
El incremento de los juicios por nulidad se explica, según los especialistas, en la mayor difusión que en los últimos años se ha dado al proceso, sus costos y duración.
"Los obispos mismos están más informados y se han dado muchos cursillos sobre las causales de nulidad", dijo Bonet Alcón, para quien los católicos dejaron de considerar estos juicios como exclusivos para ricos y famosos. De hecho, buena parte de los casos corresponde a sectores de clase media y media baja.
Un alto porcentaje de los peticionantes solicita patrocinio gratuito y facilidades para abonar los 700 pesos de la tasa de justicia requerida para el trámite en Buenos Aires, tanto en primera como en segunda instancia, y los honorarios de los abogados, que no pueden superar los 1200 pesos.
El estudio determinó que el trámite dura, en primera instancia, un promedio de tres a cuatro años. Y, en segunda, unos cuatro meses; dos menos de los solicitados por el derecho canónico. Esta celeridad del segundo tribunal sorprendió, según monseñor Bonet Alcón, a los obispos de la Conferencia Episcopal "que creían que aquí el proceso se demoraba mucho más".
El matrimonio no existió
Después de un procedimiento, que incluye la realización de pericias médicas en los casos en los que sea necesario, la Iglesia determina que el matrimonio es inválido en numerosas y diversas situaciones.
Del análisis de los pedidos se desprende que las causas de impotencia física, coacción y miedo reverencial -que eran las más apeladas a principios de los años 80- fueron superadas por las de índole psíquico y moral.
Un extremo narcisismo, que en el orden moral se refleja como un gran egoísmo, puede determinar un matrimonio nulo, porque "impide a la persona sacrificarse por el bien del otro y hace que conciba al cónyuge como un instrumento exclusivo de su propio beneficio", ejemplificó Bonet Alcón. El religioso agregó que también aumentaron los casos de matrimonios nulos cuyos integrantes se casan con la idea de que si les va mal "tienen derecho a hacer una nueva vida", o los que incluyen la posibilidad de mantener relaciones extraconyugales o excluyen la eventualidad de tener hijos.
"Hay muchas personas que están en condiciones de hacer un juicio y obtener la declaración de nulidad de su matrimonio y casarse por Iglesia con la persona con la que conviven en una segunda unión", dijo Bonet Alcón a LA NACION.
Los pasos que el obispo sugiere seguir a quienes dudan de la validez de su matrimonio son: consultar a un especialista en derecho canónico sobre sus argumentos y acercarse o escribir al tribunal eclesiástico de su región. El mismo Bonet Alcón atiende diariamente las consultas de particulares en su oficina de Suipacha 1032, de esta Capital, o en el 4328-0993.
Dos instancias
Para que el pedido de nulidad tenga sentencia firme y ejecutoria se requiere una decisión confirmada en dos instancias. A la sentencia del primer tribunal, que puede tardar entre tres y cuatro años, debe sumarse la del de segunda instancia y, en el caso de que ambas decisiones sean distintas, puede apelarse al Vaticano.
Una vez aceptado el pedido, la Iglesia considera a los ex cónyuges como personas solteras. "No significa que recuperan la soltería, sino que nunca perdieron ese estado y que su matrimonio fue aparente y no real", dijo Bonet.
Más del 50% de los juicios por nulidad son presentados en el tribunal de Buenos Aires porque, siempre según el jurista católico, cuenta con más expertos en derecho canónico.
"Sólo en San Isidro se presenta un tercio del total de causas de Buenos Aires, porque allí hay un grupo de especialistas", dijo Bonet Alcón, para quien "todos los obispos deberían enviar a algún sacerdote a la facultad de derecho canónico. Así, en cada diócesis habría alguien a quien los laicos pueden consultar sobre los casos de nulidad".
Según el sacerdote, el déficit en la preparación al matrimonio, que considera "muy grande", es la explicación del aumento en el número real de los casamientos nulos que es, insiste, mucho mayor al de los pedidos presentados en los tribunales.
Las etapas del proceso
Las distintas etapas del proceso de nulidad matrimonial son las siguientes:
- Introductoria: se definen las causales de nulidad invocadas.
- Probatoria: declaraciones de las partes y de testigos, reunión de documentos y realización de peritajes (psiquiátricos, médicos y caligráficos, entre otros).
- Discusoria: los abogados de las partes y el defensor del vínculo -designado por la Iglesia, debe sostener lo que razonablemente se pueda aducir en favor del vínculo- intercambian argumentos.
- Decisoria: un tribunal colegiado de varios jueces emite la sentencia.
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