
Canciones de las noches blancas
En el disco In the Still of Night , que acaba de editarse, la soprano Anna Netrebko y el pianista Daniel Barenboim revelan la belleza y la melancolía de las canciones rusas de Rimski-Korsakov y Tchaikovski
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La condición intraducible de la canción no se refiere solamente a la imposibilidad de destrabar la unidad entre la música y el idioma de los textos o poemas de su letra. La palabra misma posee en cada lengua un carácter diferente: la mélodie francesa, el lied alemán y la romanza rusa son realmente mundos distintos, aun cuando todos pertenezcan al territorio común de la canción de concierto.
Aunque no hayan tenido la aguda novedad de las de Franz Schubert o Robert Schumann, las canciones de los compositores rusos son todavía terra incognita para muchos intérpretes y buena parte del público. In the Still of Night , el disco de la soprano rusa Anna Netrebko y el pianista Daniel Barenboim (recién editado localmente por Deutsche Grammophon), registro de un concierto realizado en el Festival de Salzburgo el 17 de agosto de 2009, es el mejor acercamiento posible a ese repertorio, con un programa que comprende once canciones de Nicolai Rimski-Korsakov, más conocido en general por sus orquestaciones, y nueve de Piotr Illich Tchaikovski, todas de épocas muy distintas, y dos piezas ("Canciones que me enseñó mi madre" de Antonin Dvorak y "Cäcilie" de Richard Strauss) como encores . Además de una integral en varios volúmenes publicada por el sello Naxos, las canciones de Tchaikovski estaban disponibles hasta ahora en disco por la selección que a principios de la década de 1980 registraron Elisabeth Söderström y Vladimir Ashkenazy. Pero, en varios aspectos, estas versiones de Barenboim y Netrebko superan las anteriores.
De algún modo, Rimski y Tchaikovski representan dos líneas de la música rusa del siglo XIX. En un video promocional, Barenboim se refiere acaso a esa diferencia cuando observa que en Tchaikovski "uno ve el deseo de ser europeo y no solamente eslavo". Notablemente, los intérpretes se reparten asimismo las preferencias: sabemos por una entrevista publicada en el diario Die Zeit que la intención de Barenboim era dedicar el recital entero a Tchaikovski (y cumplir un viejo proyecto, nunca realizado, planeado al principio con Nicolai Gedda), y es evidente que Netrebko se siente vocalmente más cómoda con Rimski. Esa divergencia depara una forma superior de entendimiento entre pianista y cantante. En las canciones de Tchaikovski, la línea vocal parece además influir sobre la parte para piano, lo que no quiere decir que éste sea subsidiario. También allí se abre la distancia entre los compositores. Basta confrontar el ingenuo lirismo de "Cautivo de la rosa, canta el ruiseñor", de Rimski, con la canción opus 60 n° 6 de Tchaikovski para advertir la ambigüedad y la complejidad emocional del segundo, sin contar su escritura, mucho más pianística y virtuosa, aun más moderna. Sin renunciar nunca a la tensión dramática, Netrebko airea un poco la densidad de Tchaikovski mientras que Barenboim, por su lado, consigue desde el piano que Rimski-Korsakov parezca menos ligero. El encuentro entre la soprano y el pianista puede parecer inesperado, pero el resultado no podría haber sido más perfecto. Quizás algún día ambos decidan abordar las canciones de Sergei Rachmaninov, otro de los tesoros vocales del repertorio ruso.
Barenboim empezó a acompañar a cantantes hacia 1969. Él mismo cuenta en sus memorias que ese año dio el primer recital con Dietrich Fischer-Dieskau. Con Fischer-Dieskau grabó, además del Winterreise de Schubert, una integral de las canciones de Hugo Wolf para voz masculina. Luego acompañó a Janet Baker, a Jessye Norman y, últimamente, a Thomas Quasthoff en otra lograda lectura del Winterreise editada en DVD. A propósito de esas colaboraciones, el pianista declaró lo siguiente: "Un gran cantante puede conocer el lenguaje de la música, por un lado, y el sonido del lenguaje hablado, por el otro, pero sólo mediante la combinación de ambos se puede hacer verdadera justicia a los lieder". Lo mismo vale para estas canciones rusas. Es mentira que, en las canciones, el texto no importa, que queda subsumido en las notas; en estas canciones, como en cualquier lied de Schubert, Schumann o Wolf, el poema es el punto de partida y también la meta. En una medida no menor, el sutilísimo arte de Netrebko procede de que tiene presentes las palabras que dice -incluso cada sílaba- y no sólo las notas que canta. Se revela así la belleza oscura de las noches blancas. Después de todo, las resonancias nocturnas del título exceden la situación amorosa. Son dos versos del poema "Canción de Suleika" de Ivan Kozlov: allí el ruiseñor canta una canción llena de melancolía en la oscuridad de la noche.
© LA NACION
<b> DISCO. Este registro de canciones de Rimski-Korsakov y Tchaikovski es la primera grabación de Barenboim con Netrebko </b>
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