
Canciones para una vida banal
"Las letras no son poesía: son las palabras de una canción", advierte Jarvis Cocker (1963, Sheffield), el cantante de Pulp, en el prólogo de Madre, hermano, amante, una selección de canciones escritas para el grupo británico y otros proyectos entre 1983 y 2009. No obstante la advertencia, en el contraste de esas palabras con la música hay un choque estético poco común en la música pop. A la melodía redonda y bailable, estilo repetido hasta el tedio por el brit pop de los años 90, Cocker le opuso narraciones y retratos oscuros de la vida vacía en los suburbios de Sheffield, su ciudad natal, uno más de los centros industriales aniquilados por el tatcherismo. Después de la rabia del punk, parece decirnos, lo único que resta es constatar el hastío de ese mundo de amores decepcionantes, monoblocks, paredes de aglomerado y muebles vinílicos. O, como en uno de sus mayores hits, "Common People", cantar al oído de la visitante indeseada el odio de clase que impedirá para siempre la reconciliación: "nunca harás lo que hace la gente corriente,/ nunca fracasarás como la gente corriente,/ nunca verás cómo tu vida se pierde de vista/ y entonces te dedicas a bailar,/ beber/ y follar/ porque no hay otra cosa que hacer". La edición bilingüe permite sortear los tropiezos de la traducción, demasiado literal y castiza, y comprobar que hay más de un brillo poético en este minucioso recorrido por las vidas banales que el capitalismo ha sabido producir.
<b> Madre, hermano, amante </b> Jarvis Cocker
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