Castagnino, entre el arte y el compromiso
Abre una muestra homenaje a 100 años de su nacimiento
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El artista argentino Juan Carlos Castagnino pensaba que "el arte es fundamentalmente una imagen del hombre total", lo cual explica el humanismo y la poesía del trabajo artístico que realizó durante sus 40 años de trayectoria.
Esta concepción del arte es la que pone de manifiesto la importante muestra retrospectiva que el próximo martes abrirá en el Museo Nacional de Bellas Artes, a las 19, como homenaje al consagrado artista, a 100 años de su nacimiento.
La muestra "Humanismo, poesía y representación", con la curaduría de Clelia Taricco, reúne más de cien obras que evidencian el constante interés de Castagnino (1908-1972) por el muralismo, por el hombre contemporáneo, como también su talento para el dibujo y su experimentación con distintos materiales.
Un núcleo irradiador de la muestra es el que presenta bocetos de algunos de sus murales. Allí mismo habrá una proyección que mostrará diez murales más, lo cual da cuenta del compromiso del artista con sus semejantes, ya que el arte mural busca poner el trabajo artístico al alcance de todos.
Castagnino, que era arquitecto y estudió pintura en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova y en Europa, fue uno de los cinco artistas a los que convocó el mexicano Siqueiros en su paso por la Argentina para realizar el famoso mural Ejercicio plástico , en 1933, que aún se encuentra en contenedores. También formó parte del Taller de Arte Mural, junto con Berni, Spilimbergo, Urruchúa y Colmeiro. Hay unos 35 murales de Castagnino identificados, pero se estima que existen más.
El campo y la ciudad
La exposición del Museo Nacional de Bellas Artes (Av. del Libertador 1473), que se podrá ver hasta el 21 de septiembre, presenta un recorrido tanto cronológico como temático. Se inicia con una serie de pasteles y acuarelas de los 60, en los que el artista representa el límite entre el campo y la ciudad, temática que caracteriza a su obra.
Siguen otras de mayores dimensiones de los años 50 y 60, en las cuales "el dibujo deja espacio a la mancha de color", en palabras de Taricco. En este núcleo puede verse Quemazón , pintura con la que ganó el Salón Nacional de 1961, en la que se pone de manifiesto otra de las particularidades de la obra de Castagnino, que es la tensión entre la figuración y la abstracción.
Taricco señala en el catálogo de la muestra que el artista "es respetuoso de los lineamientos del Partido Comunista, aunque no por eso es menos crítico de ciertas decisiones" que lo llevan a preguntarse: "¿Por qué pretender buscar en las formas congeladas del realismo socialista la única receta válida?".
También están los retratos, como los interesantes estudios sobre niños, uno de ellos realizado con la técnica del temple. Le siguen los expresivos estudios para crucifixiones y hombres dolientes en tinta y carbonilla, en los que el dibujo se vuelve una línea de rotunda vitalidad.
Otro núcleo imperdible, de los 60, es el que aborda temáticas sociales. Se trata en su mayoría de collages y transfers , que permiten introducir en el cuadro imágenes, aparecidas en diarios, de escenas de violencia y represión social durante el Cordobazo y la Guerra de Vietnam.
También en esta sección está el cuadro Sudario América (1966), en el que se representa la imagen de un Cristo crucificado y, al lado, la representación pictórica del conocido rostro del Che Guevara muerto, en medio de un sudario cuya parte inferior es roja, en alusión al desangramiento del continente americano. No faltan las reproducciones que hizo para la ya clásica edición del Martín Fierro de Eudeba, en 1962.
Y hay más en esta muestra para ver, pensar y admirar de este artista que privilegiaba el lugar del receptor al considerar que "la obra es sólo potencialmente una obra de arte hasta que encuentra su espectador".





