Catalejo: Tres elementos
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Un lápiz 3B, una lapicera fuente y una birome. Estos tres elementos marcaban “la edad escolar” y la evolución del aprendizaje en el aula. La cartuchera debutaba en primer grado con lápices negros y de colores, goma, sacapuntas, regla, tijerita, pegamento y papel glacé. Era un tesoro liviano que se completaba con un par de cuadernos. En la medida en que se avanzaba en el dominio del pulso para hacer letras, números y sílabas, el portafolio –incómodo precursor de la mochila- iba “engordando” con un libro de lectura, un manual con contenido variado, más cuadernos y alguna carpeta para arte. A mitad del primario se pegaba un salto de calidad cuando a ese kit había que incorporar una pluma fuente y una goma bicolor para borrar lápiz y tinta. Esa experiencia se sentía en la piel. El primer tatuaje de un niño era la mancha azul o negra en el dedo y en el guardapolvo que generaba cada uso de la lapicera. El alumno sentía que se “recibía” de adulto al llegar al secundario: la birome se convertía en la reina de la escritura y la cartuchera volvía a ser delgada. De colores azul o negra para apuntes y exámenes; roja o verde, patrimonio de los docentes para sentenciar el nivel del conocimiento.
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