Catalejo: Vértigo dominical
Caminata de domingo para andar sin tiempo ni intención. Parecía una tarde más, de calor dominable, hasta que me atrajo el anuncio de un local: locutorio, PC, email, juegos. Un par de cuadras antes, en el borde del coqueto Belgrano R, ya había cruzado un negocio de alquiler y venta de películas en CD. Estaba cerrado, pero en actividad, ya que hasta anunciaba que se podía pagar con QR. La nostalgia tomó vida, algo no recomendable para un domingo, y empecé a bucear en la memoria cuántas buenas obras había disfrutado en ese formato. Gran Torino, del inoxidable Clint Eastwood, fue la primera que apareció; le siguió una profusa lista. Sorprendida en la vereda del locutorio, intrigada por la oscuridad que dominaba el lugar, entré a pispear de qué se trataba. Era un instante tan fascinante como encontrar un cospel de subte en una cartera guardada hace años. La sorpresa fue mayor al descubrir varios clientes de mediana edad, jugando en línea, en silencio y ajenos al entorno. El torbellino de pensamientos fue imparable. En qué poco tiempo la tecnología revolucionó todo a tal punto que, hasta mi cámara de fotos, fiel compañera de este turismo urbano, descansa imperceptible en la biblioteca.
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