Chile quiere ser un país bilingüe desde el primer grado del primario
El programa escolar "El inglés abre sus puertas" aspira a moldear una generación
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SANTIAGO, Chile. (Ther New York Times).- En muchas partes de América latina, la resistencia a la dominación cultural de los EE.UU. a menudo es sinónimo de rechazo a aprender o hablar inglés.
Pero acá, donde Salvador Allende alguna vez fue emblema para la izquierda, el actual gobierno de tendencia socialista ha comenzado un gran esfuerzo para hacer que este país sea bilingüe.
Chile ya tiene la economía de mercado más abierta en América latina y este plan idiomático es visto como un proceso de avanzada.
El gobierno ha negociado acuerdos de libre comercio con EE.UU., Canadá, la Unión Europea y Corea del Sur en los últimos años y está en conversaciones con Nueva Zelanda y Singapur. Además, este otoño fue invitado a la Conferencia de Cooperación Económica Asiática del Pacífico, con Bush como líder de las 21 naciones asistentes.
"Tenemos algunos de los acuerdos comerciales más avanzados del mundo, pero no es suficiente", dijo Sergio Bitar, ministro de Educación, en una entrevista. "Sabemos que nuestras vidas están cada vez más ligadas a la presencia internacional, y si uno no sabe hablar inglés, no puede vender ni aprender."
Examen para todos
La fase inicial de este programa que ya tiene 18 meses, oficialmente conocido como "El inglés abre puertas", hace un llamado a todos los estudiantes chilenos de escuelas elementales y secundarias para que se preparen para pasar dentro de una década un examen estándar de comprensión oral y escrita.
Pero el objetivo más ambicioso de largo plazo es lograr que los 15 millones de chilenos lleguen a dominar el inglés con fluidez dentro de una generación. A los suecos les llevó 40 años llegar a ese punto, según aseguró Bitar, y agregó que considera a los países nórdicos y a las naciones del sudeste asiático como Malasia, modelos para Chile. "Nos va a llevar décadas también a nosotros, pero estamos en el camino correcto."
En cualquier otro país de América latina, una campaña para hacer del inglés una lengua universal y obligatoria despertaría inevitablemente protestas acerca de la destrucción de la soberanía de la nación y de la identidad cultural. En Brasil, por ejemplo, se ha propuesto una legislación para prohibir el uso del inglés en los nombres de los comercios o en avisos y para crear nuevos verbos en portugués para designar las operaciones básicas de la computadora. Acá, por el contrario, la poca crítica se ha centralizado en la idea de que las escuelas deberían enseñar a hablar mejor el español antes de obligar a aprender inglés.
Muy pocos grupos se han opuesto al programa, basados en ideologías. "Estamos muy preocupados porque la hegemonía económica lleva a la cultural", afirmó Sara Larrain, jefa del Foro Social Chileno, coalición que se opone a la globalización corporativa. "La inserción de Chile debe ser con todo el mundo y no con el imperio norteamericano. No vivimos más en la época del Imperio Romano, en que el latín era el lenguaje universal."
Pero el gobierno chileno ha presentado la iniciativa como una medida fundamentalmente democrática, según las palabras de Bitar, un instrumento de equidad para todos los niños de Chile.
Ese argumento parece tener un profundo eco en las familias de los trabajadores deseosos de que sus hijos prosperen en un mercado del trabajo cada vez más competitivo y exigente. "Este tipo de programas no existía cuando yo iba a la escuela, lo que significaba que sólo los niños ricos de las escuelas privadas estudiaban inglés", afirmó Fabiola Coli, cuya hija está ahora estudiando inglés en la escuela elemental Benjamín Vicuña Mackenna. "Si no se podía pagar, y yo no podía, uno se quedaba afuera. Esto es mejor porque todos pueden verse beneficiados."
En la escuela, los niños de jardín de infantes están aprendiendo a contar hasta 20 en español e inglés y pueden dirigirse a un visitante en inglés: " My name is Araceli. What is yours?" (Mi nombre es Araceli. ¿Y el suyo?). La dirección de la escuela tiene un cartel en inglés que la identifica como tal y varios elementos del aula tienen etiquetas en inglés: window (ventana), emergency exit (salida de emergencia) y otras más.
En el ámbito universitario, varias universidades están exigiendo a todos sus estudiantes estudiar inglés. Otras están comenzando a dictar cursos como comercio exterior y administración hotelera en inglés y tienen planes de extender el uso de esa lengua a las clases de matemática y ciencias.
Una necesidad
"Más que una elección, es una necesidad", aseguró Patricia Cabello, rectora de la Universidad de las Américas, una de las más importantes de Chile. "Nuestra misión es entrenar profesionales para un mundo internacional, y ésta es la única manera para que este país se desarrolle de la forma que desea."
A pesar de que el principal interés del programa son los estudiantes jóvenes, el gobierno también buscó llegar a los adultos alentando a las empresas a ofrecer cursos de inglés a sus empleados. Como parte del programa, se ofrecen créditos impositivos a las empresas y Rodrigo Fábrega, director del plan, habla de inundar el país con diccionarios inglés-español y libros de texto en inglés.
El presidente Lagos, ex ministro de Educación, hizo lo suyo para aportar un ejemplo. Al contrario de otros presidentes de países vecinos, que insisten en no apartarse del español o del portugués, él trata de expresar por lo menos algo en inglés, en público, siempre que se encuentra con Bush o Tony Blair o con la prensa extranjera.
"Hablamos del idioma inglés y de lo importante que es poder promover a través de nuestros ministerios su aprendizaje", dijo Lagos en una conferencia de prensa el mes pasado, luego de un encuentro con Bush. "Como país, queremos ser un puente y una plataforma para las corrientes de comercio internacional y en la región Asia Pacífico".
Funcionarios del gobierno aseguran que su mayor problema ahora es la falta de profesores calificados. Pero esperan reclutar voluntarios de países de habla inglesa para que vayan a Chile y también enviar maestros chilenos a lugares como California y Delaware.
"Lo primero que debemos hacer es entrenar a un ejército de maestros de inglés", afirmó Fábrega. La calidad del inglés que se hable acá, es posible que no pueda rivalizar con el de Shakespeare, según concedió, pero agregó que eso no importa. "Hablaremos inglés al estilo chileno, porque lo que importa es comprenderlo y poder utilizarlo como una herramienta a nuestro favor."
Traducción: María Elena Rey




